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UUKRRITA, DESPUÉS DE RETIRADO, TOREA EN E L CAMPO nunca, de que torea por primera vez en su vida. Porque se puede ser muy especialista y muy estilista; ero tener un conocimiento v una práctica de la lidia, que permita salir con decoro de las situaciones difíciles y desairadas, que reconocemos que se presentan en el toreo. Esto hace que toreándose hoy de una maneja perfecta, se acuse el toreo de una falta de recursos que le empequeñecen, y que habiendo muchos toreros que torean muy bien, haya tan pocos que sepan ser toreros, en. el sentido amplio y completo de la profesión. E n los tentaderos de M i tira se veía de una manera práctica y clara este criterio. D o n Eduardo, con aquella silueta tan persona! dirigía desde el palco la faena. G a nadero en sus observaciones, en las ó r d e nes al tentador, en la advertencia al torero, tenía la operación algo de rito. N o intervenían todos los toreros, ni cualquier torero; en cuanto veia uno que toreaba por torear, sin el sentido de la lidia y que entorpecía la faena, D Eduardo, desde su palco, corno un Tribunal inapelable, le mandaba retirarse y no salir m á s H o y algunos ganaderos siguen esa r u t a pero también los hay de ciudad como muchos torc- ió que saben y a no intentar lo que no saben. N o van a aprender; van a ejercitarse en lo sabido y, sí puede ser, a lucirlo ante los invitados por los ganaderos. Se equivocan, como se equivocaría el ganadero que por lucir una vaca le pusiera el caballo en la- querencia. A s í los hemos visto salir muy ufanos en Ja becerra de tienta, virgen de toreo, a practicar lo fácil y quedarse en los burladeros en las vacas de retienta, porque están toreadas y tienen las dificultades del ganado toreado. Estas vacas, que deben- servir para el estudio del toro difícil y peligroso, para el toreo de dominio; sobre las piernas, poco lucido para los no inteligentes, pero muy estimado por los que gustan de ver la agilidad, la inteligencia y el valor de un honjbre, y, sobre todo, muy necesario para el qiie aspire a ser torero completo, estas vacáis suelen irse de la plaza de tentar una vez vista por el ganadero, sin que un torero- -o alguno por excepción- -salga con la muleta a intentar su dominio. Sí lo hicieran, si se adiestraran en este intento, no p a s a r í a n en la plaza esos momento tan repetidos en que vemos un torero tan equí- vocado, tan borrado delante de un toro, que nos da la impresión de que no ha toread: UN PASE DE MULETA DE MACHAQUITO UNA FIESTA EN EL TENTADERO D E SOTO MAYOR ros, y u n o s torean por t o r e a r y otros tientan por tentar, por pasar el rato. Y no es que a D Eduardo no le gustara el toreo: pero le gustaba con un sentido práctico de la lidia del toro. U n dia se aquerenció una vaca en un? puerta y no había manera de sacarla de allí por los que hacían la faena. E c h a r s e todos a t r á s -g r i t ó D Eduardo- Se quedó la vaca sola. Anda, José -le dijo a Gallito, seguro de que éste se llevaría la vaca. Y fué José, y tirando la punta del capote encima de los cuernos, se trajo la vaca como atada hasta donde quiso. Y luego le m a n d ó que la t o r e a s e de muleta, porque le gustaba ver cómo un torero inteligente dominaba una vaca difícil.
 // Cambio Nodo4-Sevilla