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A B C. D O M I N G O 28 D E D I C I E M B R E D E 1930. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G 56. el alcohol, que rindió 33 millones hace un quinquenio, acusa ahora 28 en los dos años últimos; las cerillas, algo en retroceso; las minas de Almadén, de 13 a cuatro, y el impuesto sobre los transportes terrestres y fluviales de viajeros y mercancías queda estacionario entre 55 y 56 millones, dentro del período quinquenal. L a suma de los ingresos en alza y en baja o estacionarios enumerados, juntamente con los restantes de menor importancia, y bien entendido que se refieren solamente a los nueve primeros meses de 1930, por no h a berse publicado todavía los siguientes, es de 2.940 en 1929 y 2.987 en el año en curso, en alza, como se ve, de 47, y de 232 si se confronta con la suma total de 1920. Con respecto a los gastos del mismo período, e influyendo refundidos los del presupuesto ordinario y extraordinario, resulta que la cifra total de los tres trimestres se eleva a 2.850 contra 2.729; hay 121 millones más, pero 82 menos que en 1926, por haber disminuido los gastos de nuestra acción en Marruecos principalmente, pues casi todos los demás departamentos acusan alza. Tomando ahora los datos facilitados u l teriormente en el ministerio de Hacienda con respecto a los pagos ejecutados y recursos obtenidos durante los once primeros meses, y considerando también las previsiones, se ve que solamente hay 45 millones de menor recaudación que la calculada, pero también -y esto es importantísimo- -1 millones de economías obtenidas en la administración del Presupuesto, y computando ambas queda una diferencia de 150 entre la menor recaudación y los menores pagos. Si se compara la recaudación realizada con los pagos ejecutados resulta que la primera alcanza 3.318 millones y los segundos 3.242. Hay, pues, una diferencia a favor de los ingresos, o sea una superávit, de 76 millones de pesetas. A h o r a bien, ¿se mantendrá este excedente de 76 millones al efectuarse la liquidación del año 1930? Posiblemente no, porque es sabido que en diciembre los gastos aumentan por cierre de ejercicios y no es posible predecir cuál será el resultado. Sólo cabe desear que la liquidación determine excedente o que resulte nivelada, no ya para l a fruición de los españoles, que deseamos ver nuestra Hacienda culminada en el máximo potencial que sea posible, sino para la estimación extranjera de nuestra moneda. T. a situación, pues, de la Hacienda pública, considerada por su más genuina expresión, el presupuesto genera! puede estimarse satisfactoria por haberse contenido los gastos en cuanto fué dable, por haberse suprimido sectores especiales que están meior dentro de la unidad presupuestaria que fuera de ella, por no haberse efectuado ninguna emisión de Deuda pública para atender a insuficiencias de los ingresos y por expresarse en crecimiento gran parte de Ja riqueza pública que. ha tributado en 1930. A pesar de las vibraciones a que el país ha estado sometido durante algunos períodos, el año hacendístico es, evidentemente, progresivo, y esto es lo que debe subrayarse con satisfacción. X. X. pueblos; todas han sido personalmente re- 1 cibidas por el Santo Padre, que a esta deferencia ha sabido añadir, en cada caso, una palabra paternal y ajustada a las peculiares necesidades del país de origen. Especial mención hubo de merecer en d i cha alocución el consolador espectáculo del magno Congreso Eucarístico Internacional de Cartago, celebrado del 7 al 11 de mayo del corriente año. E l interés de esta Asamblea, aparte de su significación e importancia cultural, estribó en ser la primera vez en que el Misterio por excelencia del Cris- 1 tianismo hubo de ser públicamente venerado en un ambiente saturado, sí, de recuerdos imborrables de la fe de los primeros siglos, tan floreciente en el Norte de África, pero hoy por hoy dominado por el mahometismo, en fuerza del cual pudo pensarse y aun temerse que aquella gran manifestación religiosa se desenvolviera en medio de la indiferencia, si no hostilidad, de la población y de sus autoridades indígenas. Nada de eso ocurrió, y el respeto, matizado de simpatía, con que el propio pueblo musulmán supo acoger a sus huéspedes cristianos, hubo de inspirar al Santo Padre una palabra de esperanza en la mayor eficacia del esfuerzo m i sional para la incorporación total de África a la causa del Evangelio. Contrastando con estos motivos de alegría apuntaba el propio Pontífice en la alocución mencionada temas menos gratos para su corazón. Tales son, ante todo, ciertas dificultades de aplicación del nuevo Concordato de la Santa Sede con Italia tocantes a la libre propaganda del protestantismo en la ciudad de R o m a por otro, los rozamientos habidos en la isla de Malta entre el Gobierno de la misma y las autoridades eclesiásticas, rozamientos que han conducido a una situación delicada, pero sobre la cual negocia con el Gobierno inglés la Santa Sede, no por interés político alguno, sino preocupada de salvaguardar los derechos imprescindibles de la libertad eclesiástica en el fuero estrictamente religioso. Pero, con ser estos motivos de preocupación para el Jefe de la Iglesia, parecen eclipsarse ante el doloroso clamor que arranca de su paternal corazón la tempestad antirreligiosa desencadenada en la Rusia soviética. L a brutalidad de la persecución había llegado en este desgraciado país a tal extremo, que el Papa creyó sonada la hora de denunciarla a la faz del mundo entero, de la conciencia universal, sin distinción de creencias ni de ritos, a la par que instituía para el día de San José actos de reparación que personalmente presidió en la Basílica de San Pedro, e: i medio de la emocionada asistencia de toda la colonia rusa de Roma. U n eco inmenso de adhesión, de simpatía y de gratitud, por parte de hombres de toda confesión religiosa, respondió r- ¡todas las naciones a la palabra pontificia, y por un momento se pudo pensar si, al conjuro de la satánica campaña de los s i n D i o s por el exterminio de toda idea religiosa, se habría rehecho la unidad espiritual del mundo cristiano bajo la égida del Pontífice Romano... Es también de señalar, entre los grandes sucesos religiosos del año 1930, la aparición de la encíclica sobre la educación. A u n que lleva como fecha el último día del año anterior, su publicación e irradiación por el mundo entero se hallan dentro del corriente año. Constituye esta encíclica, a no dudarlo, uno de los documentos papales de mayor trascendencia y resonancia, no sólo en el seno- de la propia Iglesia católica y de los países a ella afectos, sino también entre los pueblos protestantes y aun las comunidades judías, que se mostraron profundamente interesados por su contenido doctrinal, en su doble aspecto de orientación y organización pedagógica. L a vigorosa afirmación del sobrenaturalismo cristiano, como reacción contra su desconocimiento sistemático por parte de la pedagogía laicista, y la distribución armónica de la gran tarea educativa a cargo de la Iglesia, de la Familia y del Estado, frente a la pretensión monopolizadora y absorbente que no pocos de los que se dicen liberales no vacilan en adjudicar a este último, tales son los rasgos fundamentales del ya famoso documento, llamado seguramente a influir poderosamente e: las futuras direcciones en que haya de actuar esa gran forjadora del alma de los pueblos que se llama la Escuela, en sus varios grados y funciones docentes. P o r de pronto, entre nosotros, la citada encíclica ha constituido el único tema de estudio de la Semana Social celebrada durante el mes de noviembre en M a d r i d bajo la iniciativa y la presidencia de S. E el cardenal primado. Aparte de estas actuaciones pontificias más destacadas, ha seguido desarrollándose, durante el transcurso del año 1930, esa renovada forma de apostolado que ha sido autorizadamente denominada acción católica E l programa de esta acción, el espíritu en que deben inspirarse cuantos a ella- -eclesiásticos o seglares, y a que todos a ella son invitados- -consagran sus generosos esfuerzos, van siendo cada día más precisos y, por tanto, más fecundos, como objeto preferente de las instrucciones episcopales y de las d i rectivas de la Santa Sede. Destácase entre éstas la carta que Su Santidad dirigió al cardenal- arzobispo de Toledo, doctor Segura y Sáenz, como director y delegado pontificio de dicha acción en España, a raíz del primer Congreso Nacional de Acción católica, celebrado en M a d r i d a fines del pasado año; durante el presente, ha tenido lugar en Toledo una nueva Asamblea, amén de otras manifestaciones de vitalidad, como la ya c i tada Semana Social, debidas a la incansable actividad del cardenal primado. Prematuro sería todo juicio acerca de los resultados de esta forma de apostolado, tan preconizada hoy por las autoridades eclesiásticas. E s ya evidente, no obstante, que a favor de ella va acentuándose, de un lado, la cohesión de elementos y esfuerzos católicos antes dispersos; de otro lado, l a consideración que van mereciendo por parte de entidades de suyo ajenas a la organización y aun al espíritu del Catolicismo, pero que no pueden permanecer indiferentes ante su creciente fuerza expansiva. De esto último tenemos una muestra bien palpable en el informe que M Albert T h o mas, director de la Oficina Internacional del Trabajo, ha publicado acerca de su actividad y relaciones durante el año 1930. P e r suadido de que en la lucha difícil para la creación de una verdadera vida internacional y para la protección de la clase obrera las grandes corrientes de pensamiento y de fe pueden prestar ayuda y apoyo M T i l o mas recoge, ante todo, exponiéndolas extensamente, las manifestaciones más salientes de la actuación doctrinal y práctica del catolicismo social durante el año anterior, subraya el pensamiento, en alguna de ellas emitido, de que no puede haber acción católica sin acción social y termina ponderando l a i m portancia de su función en el seno de la Asociación internacional para la protección legal de los trabajadores, en la que armónicamente conviven hombres de muy variada tendencia doctrinal, pero coincidentes en la común estimación de la eminente dignidad de la persona humana E n cuanto a la más estrecha relación y coherencia de esfuerzos consiguiente a la organización internacional de la acción católica, tenemos de ella una importante expresión en la Semana Católica internacional de Ginebra, celebrada el mes de septiembre último en esta ciudad suiza, bajo el alto patronato de monseñor Besson, obispo de Lausanue, cuya visita hubimos de recibir en Madrid no hace muchos días. E l tema de esta Semana, convocada por iniciativa de la Unión de Estudios Internacionales, fué e l pensamiento católico contemporáneo al ser- L A IGLESIA E N 1930 E l Pontífice reinante, Pío X I trazando a l e s rasgos en su alocución consistorial ele junio pasado el estado actual de a, hubo de referirse a los motivos egría y de tristeza que alternativamente ofrecía, y que bien pueden servir también de marco a un bosquejo de la actividad eclesiástica durante el año que fenece. Entre los motivos de alegría comentaba ante todo el Sumo Pontífice las manifestaciones fervorosas del Año jubilar, en el que han seguido afluyendo a la Ciudad Eterna nutridas peregrinaciones de todos los J