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E L STAD 1 UM DE SEVILLA ÜN LOCAL SIN OCUPACIÓN CONOCIDA H o y ha venido a verme un señor inglés, gran admirador de Sevilla, ciudad que v i sita con frecuencia, y en la que, según él, hay cosas que no comprende. M e ha hablado de una de ellas, y como yo no he podido satisfacer su curiosidad, transcribo seguidamente un reflejo de nuestra conversación. Pocos minutos antes de hablar conmigo había presenciado un partido de fútbol en el campo del Sevilla. E l primer equipo local- -vino a decir mi amigo- -tiene jugadores magníficos. E s curioso cómo en la cuna de l a afición a los toros se ha podido desarrollar tanto la afición a un deporte que, hasta hace poco tiempo, nosotros, los ingleses creíamos cosa exclusivamente nuestra. H a n jugado hoy con cierta apatía, pero eso puede ser debido al estado del piso, completamente encharcado. U n piso encharcado debe ser tan raro en Sevilla como un pico seco en nuestro país. Pero no es eso lo que me interesa contarle. P a r a llegar al campo del Sevilla, he tenido que atravesar en automóvil un camino realmente detestable. E n Sevilla son tantas las cosas buenas, que casi no tienen número, pero el camino al campo de fútbol desde el puente que pasa sobre el ferrocarril hasta las puertas del campo es detestable; ni más n i menos. Mejor dicho, no es un camino, es un paisaje lunar, con baches, agujeros, protuberancias inesperadas y enormes charcas. P o r ser muy estrecho, es además insuficiente para que puedan circular con l a debida holgura los muchos coches que llevan al público hasta las puertas del campo. U n a vez allí, no hay sitio adecuado para dejar el automóvil; el espacio disponible es también insuficiente, y su piso está en muy mal estado. E l campo en sí es muy medianito; no malo del todo, pero desde luego medianejo. Los alrededores carecen de todo atractivo. L a salida en coche es muy difícil, y la vuelta a Sevilla se hace por caminos malos, cualquiera sea la ruta que se elija. Pero, en fin, todo esto no tiene nada de particular. Son muchas las ciudades con campos de fútbol en iguales o parecidas condiciones campos regulares, con accesos malos y difíciles. L o raro es encontrar un campo magnífico, bien situado y con buenas vías de comunicación al centro de la ciudad. U n campo de esta clase es, por ejemplo, el Stadium de Sevilla; ese que hicieron para la Exposición. Tiene todo lo que se puede desear, y algo más todavía. E s un excelente campo para fútbol y cuanta con localidades para un n ú m e r o muy grande de espectadores. E s t á a poca distancia del centro de la ciudad y es accesible por tres vías distintas de comunicación, todas de primer orden: el Prado de San Sebastián y l a carretera de C á d i z el Paseo de las Delicias y el antiguo sector Sur de la Exposición, y el Parque de M a r í a Luisa y el Paseo de l a Palmera. ¿Se puede pedir más? Tres rutas magníficas, y cualquiera de ellas incomparablemente mejor que la que lleva al campo del S e v i l l a l a que pasa por el Parque y el Paseo de l a Palmera es, quizá, el acceso más hermoso que conozco para llegar a un campo de fútbol. ¡Q u é jardines, qué hermosura, y qué magnificencia de paseo y de piso! Y cuando se llega al campo, también se encuentra un acceso fácil y amplio a las puertas del Stadium, y sitio sobrado para dejar eu lugar inmediato centenares de coches hasta el final del partido. Pues bien, y esto es lo extraño, parece ser que el Stadium no se usa nunca en Sevilla. Todas estas cosas buenas de que acabo de hablar no sirven, en lo tocante el fútbol, para absolutamente nada; por lo visto, el público prefiere las otras cosas malas para disfrutar de un oartido de fútbol. A un campo soberbio, un local mediano; a tres accesos confortables y magníficos, un solo acceso, detestable e incómodo. Esto es lo que yo no comprendo, y quisiera que me lo explicaran. Dicen que hay razones... empecé. ¿Razones? Para qué? ¿P a r a contentarse con algo inferior eii vez de elegir lo bueno? N o lo crea usted; con razones no se explican estos fenómenos. E n todos los países hay cosas muy raras, que no tienen razón ni fundamento, y aquí, en Sevilla, ésta será una de ellas. Quizá sea causada por esos imponderables a que tanto recurren ustedes en E s p a ñ a cuando no saben explicar una cosa; y quizá sea debida al apego a lo viejo, al amor a las tradiciones, sentimiento muy respetado también en Inglaterra, y ante el que yo me quito el sombrero. Después de todo, aquí en Sevilla se ha visto derribar una plaza de toros Monumental, mientras que l a vieja plaza incomparable parece tomar fuerzas y rejuvenecerse de año en a ñ o nada me extrañaría encontrar, la próxima vez que venga por aquí, un solar magnífico donde hoy se alza el Stadium, y los escaños del viejo campo del, Sevilla patinados y fortalecidos por el transcurso del tiempo. Pero no me bable usted de razones para explicar estos fenómenos, ni tampoco me cite usted dificultades de momento. F i g ú r e s e si habrían dificultades para construir la Catedral de Sevilla, o para hacer la E x p o s i c i ó n pero en uno y otro caso, la buena voluntad pudo más que los obstáculos. E s inútil, mi amigo: aquí hay algo que no comprendo. Y como yo tampoco lo entiendo, ni soy capaz de explicarlo, ahí va lo que dijo ese señor inglés, tan amante de Sevilla, reflejado en un reportaje periodístico que se inspira únicamente en la esperanza de hallar una solución para el problema que planeó mi i n terlocutor, y para el que se plantea actualmente al público cada vez que se le ocurre asistir a un partido de fútbol en Sevilla. -Luis Antonio Bolín. AUTOMOVILISMO Sevilla Automovilista Como de costumbre, el Real Automóvil Club de Andalucía ha tenido la atención de enviarnos un ejemplar del órgano oficial de publicidad de la entidad, Sevilla- Automovilista, que, como siempre, editado a todo lujo, constituye un verdadero alarde de buen gusto, por su presentación, y de utilidad, pot su texto. Corresponde este número al mes actual, y contiene, entre otras muy interesantes informaciones, las siguientes: Relación de automóviles matriculados en teda la región andaluza durante el pasada mes de noviembre y todas las disposiciones recientemente dictadas sobre automovilismo. Con este n ú m e r o ha distribuido el Real Automóvil Club Andalucía entre sus socios y entidades automovilistas un interesantísimo plano general de las carreteras de Andalucía u cf aiJQ, DEL MATCH BARCELONA- AUSTRIA Las genialidades de Samitier, decisivas y espectaculares, demostraron que, si Samitier no pertenece a! p a t r ó n británico, le basta non el suyo, que es uno de los incooiables. SAMITIEB. ¡HOP 1 ¡H O P! YA K S T n v- R T r -r 11