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CÁDIZ. O LA CONTINUIDAD Una ciudad que mira al porvenir Cuando se viaja en barco entre Londres y Gibraltar, y una vez que el buque dobla el magnífico cabo de San Vicente, el calor del cielo y la tibieza del aire anuncian la proximidad de E s p a ñ a mucho antes que se acierte a vislumbrar tierra española. E l buque, en cuanto deja a t r á s el cabo de San Vicente, pone rumbo a Trafalgar, y el rumbo, entre los dos cabos de histórico nombre, hace con la tierra el mismo juego que la cuerda con el arco en una flecha. Pero cae la noche, y entonces es cuando se siente, sin dudarla, la proximidad de España, que se sabe cerca porque el gran faro de Cádiz barre la negrura del cielo con el fulgor de sus destellos poderosos, de una fuerza y, un vigor que vencen la monotonía de su funcionamiento, pues en el trabajo del faro hay una seguridad, y una persistencia, y una acometividad, que nunca pueden ser monótonas, por mucho que el trabajo se repita. Cádiz, en tiempos de incertidumbre y desconcierto, es, como ciudad v como ejemplo, algo comparable a su propio faro. Cádiz se ha trazado un destino y sfe ha propuesto merecerlo, ganándolo por su propio esfuerzo; es una ciudad con un plan a realizar, no con un pasado a revisar. E n Cádiz lo que interesa es el progreso; la atrición es cosa secundaria. Quizá porque está rodeada de sal. Cádiz no quiere ser como la mujer de Lot, que por mirar a t r á s se vio convertida en sal; justo es que en una tierra donde la sal sobra, en los m á s amplios sentidos de la frase, no se desee aumentarla por medio de esas miradas retrospectivas. L o que interesa es andar hacia adelante, que el tiempo apremia, v no vivimos más que una vez. Y por eso Cádiz, como su faro, se aplica al trabajo con la seguridad que dan a un tiempo la voluntad de persistir y la CERCA DE PUERTA D E TIERRA. ES D E ESPERAR QUE A L LOGRAR CÁDIZ SU LEGITIMA ASPIRACIÓN D E RECOBRAR E L DOMINIO DE LOS GLACIS, LAS TÍPICAS FORTIFICACIONES CERCANAS DE LA CARRETERA NO DESAPARECERÁN alegría de la acometividad, y, como su faro regular y acompasado, envía a los que andan por el horizonte- -y por las ramas- -un mensaje de ejemplaridad y optimismo suficientemente fuertes para llegar a los rincones m á s remotos de España, y en particular a esas capitales tan cercanas de Cádiz, pero que, diferenciándose de ella, parecen más empeñadas en escribir la historia pasada que en vivir la historia presente. Cádiz ha transformado en pocos años, no sólo su aspecto, sino su vida, y, cosa rara v doblemente de apreciar, las transformaciones operadas en el aspecto de Cádiz han sido todas felices y han respetado por completo las tradiciones arquitectónicas de la ciudad, tan características v simpáticas. T o das las capitales v cada una de las provincias de Andalucía tienen su sello típico, pe- culiar el de Cádiz es inconfundible, y sólo guarda unidad con las ciudades vecinas, situadas como ella en la bahía, y como ella iluminadas por los destellos del faro. Unas disposiciones que por lo acertadas parecen providenciales, y que deberían copiarse en tantas otras ciudades españolas y andaluzas, prohiben la construcción de edificios cuyss líneas no se ajusten al clásico estilo gaditano, y hasta vedan blanquear las fachadas en tonos que no sean los tradicionales de la ciudad. Gracias a esto, Cádiz se nos presenta hoy con su encanto dieciochesco, adaptado a las exigencias de los tiempos actuales, porque el respeto a la tradición se ha aunado con progresos admirables en calles y f a seos, y con una vida m á s intensa, v con el aumento de las industrias y del turismo. N o es extraño, en vista de ello, que Cá- JARDINES Y PASEOS GADITANOS
 // Cambio Nodo4-Sevilla