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MADRID- SEVILLA 30 D E D I C I E M B R E D E 1930. N U M E R O S U E L T O 10 C E N T S DIARIO ILUSTRA DO. A Ñ O V 1 GES 1 M O S EX T O N. 8.740 g 5 F U N D A D O E N i. D E J U N I O D E 1905 POR D. T U R C U A T O L U C A D E T E N A I M P O R T A N T E S MANIFESTACIONES DEL 1 E F E D E L GOBIERNO SOBRE E L M O M E N T O POLÍTICO E l p r e s i d e n t e d e l C o n s e j o después del intento r e v o l u c i o n a r i o afirma la i n q u e brantable decisión del G o b i e r n o de r e s tablecer la n o r m a l i d a d constitucional y parlamentaria y que sentimos hondamente; tal vez más que quienes a diario las invocan. Quisimos actuar constitucionalmente y usamos tan soto aquellos resortes de vigilancia que a ningún Gobierno se les puede negar; pero veíamos cómo al amparo de las libertades personales y hasta de Asociaciones culturales, se preparaba la revuelta. U n a hora después de surgir el hecho de fuerza, estaban detenidos los incitadores, promotores y d i rigentes principales, prueba plena de que los conocíamos. L o s tribunales actúan y actuarán con p l e na y absoluta autonomía A raíz de los lamentables sucesos de J a ca y Cuatro Vientos, nuestro redactor político solicitó del general Berenguer una conversación referida al carácter de aquéllos y a sus derivaciones posibles. Se negó, cortésmente, al requerimiento. Deseaba suspender cualquier juicio y mantenerse en una actitud aislada y expectante. A y e r volvió a visitarle nuestro compañero y en el diálogo que entablaron emitió el conde de Xauen apreciaciones y conceptos de notoria importancia. E l jefe del Gobierno habló con sinceridad, que agradecemos profundamente. i- E l m o v i m i e n t o p u e d e situarse e n el c a m p o anarco- sindicalista f -L o s directores del fracasado movimiento- -nos dice el general Berenguer- -quisieron imprimible un carácter exclusivamente republicano. Esto, en la iniciación, pero de ningún modo en el desarrollo. Frustraba tal propósito la limitada consistencia de la organización republicana en nuestro país y la absoluta carencia de masas dispuestas á luchar por el triunfo de ese régimen. I n i ciadores y gestores, ante la carencia del elemento hombre acudieron a cooperaciones societarias, que. es preciso encuadrar en las teorías anarco- sindicalistas. D e este modo, la intentona no fué política, sino social, con las características de una revolución de esa índole. S i no bastaran para demostrarlo lo sucedido en Taugté y otros pueblos de Zaragoza, y los desmanes anárquicos de l a provincia de Alicante, habría suficiente con las descripciones y los comentarios de la prensa comunista extranjera. Pero, además, tenemos en nuestro poder los juicios de la Oficina Internacional de Ginebra, que señalan, con absoluta claridad, la cooperación del comunismo y el anarquismo en los disturbios. Previsión y represión -Y a sé- -agrega el presidente ante una observación nuestra- -que las derechas creen que el Gobierno obra con lenidad, y que las izquierdas estiman, por el contrario, que lo hace con saña y dureza. Esto me indica que logro el justo medio. Nuestro camino lo i n dica la Ley, a la que jamás faltaremos. Los jueces actúan en sus respectivas jurisdicciones y los tribunales sentenciarán, cuando llegue su momento, con independencia absoluta. Incumbe al Gobierno solamente velar por que la L e y se respete y los fallos se cumplan. Son dolorosos, muy dolorosos, ciertos deberes del gobernante... Ante ellos, se quiebran afectos, simpatías y hasta amistades que se consideraban perdurables. Pero todo eso desaparece cuando lo pide la salud de la P a t r i a y el Gobierno se juzgaría indigno si dejara de cumplir con este deber como cumplió con otros que las circunstancias le impusieron. L a opinión pública h a r e a c c i o n a d o ante los desmanes muchas veces. Aquellos argumentos los repito y no tengo por qué insistir eu ellos. E n cambio, podemos referirnos a la oportunidad de la nota constitucionalista. H a y que convenir en que no estuvo bien elegido el momento. Y o respeto, tanto como el que más, la libertad de defender siempre las opiniones propias; pero ese documento, publicado al día siguiente de un intento revolucionario, cuando el deber y la preocupación de todos se polarizaban en la conservación inflexible del orden, tiene un marcado carácter confusionista. ¿Qué pretendían? -Marcar una solitiaridad espiritual? ¿Dar aliento a los que juzgan ineficaces las vías legales y jurídicas de la Constitución actual? N o tenemos otra misión que la d e r e s t a blecer la v i d a constitucional e n España Decididos a expresarnos con sinceridad ante el jefe del Gobierno, le decimos que la opinión pública aplaude, la rapidez con que se acudió a sofocar la algarada, y censura la falta de previsión para impedirla. E l presidente nos escucha con atención, sonríe y exclama: -E l Gobierno tenía conocimiento de lo que se tramaba. N o poseía la seguridad dfcl sitio ni la del momento, pero las autoridades estaban advertidas y las precauciones tomadas. ¿Gree usted que hubiéramos podido acudir a los focos revolucionarios para terminar con ellos en el espacio de unas horas sin Ja seguridad de que el intento se producía? Nos detuvo, eso sí, el respeto profundo a las libertades individuales y colectivas, reconocidas por la Constitución, ¿H a encontrado el Gobierno las asistencias de la opinión pública en los momentos críticos? -S í De ello el Gobierno se felicita. Ante los desórdenes- -débil anticipo, por fortuna, de lo que seria una revolución social triunfante- -los españoles acaban de dar una prueba de sensatez. Dejemos aparte las manifestaciones de protesta y apoyo de todas las clases sociales, que en fuertes oleadas llegaron al Poder público, y fijémonos en la conducta misma de las poblaciones que presenciaron de cerca el desarrollo de los sucesos. S i n alterar el ritmo ordinario de su vida, sin desplantes de despreocupación n i ridículos síntomas de encogimiento, las gentes acogieron, la algarada con un gesto de tan divertida curiosidad que, por sí mismo, enjuiciaba lo que ocurría. ¿Puede olvidar nadie la actitud del pueblo madrileño en la mañana del día 15, cuando sobre él caía una verdadera lluvia de hojas subversivas, con amenazas de un inminente bombardeo? E l Gobierno, al llegar a este punto, tiene que rendir un tributo de consideración y elogio a la lealtad y al sacrificio del Ejército y de los Institutos armados. La intervención de Ja política y l a p r o puesta d e los constituyentes Iniciamos una derivación del diálogo hacia la política, y el presidente acepta él tema. L e decimos que muchos españoles consideran que lo peor no es el intento revolucionario, sino que de él haga sustacia, para sus fines, el partidismo político. L e hablamos, también, de la propuesta de unas Cortes Constituyentes, hechas por ilustres hombres públicos, en los pasados días. -M i opinión personal la he manifestado -Algunos entienden- -continúa el jefe del Gobierno- -que lo ocurrido basta y sobra para torcer el camino que recorremos hacia la normalización jurídica y constitucional del país. Como buenos meridionales, exageran. Desde que él Gobierno recibió el mandato que. cumple en el Poder, descontó los obstáculos. N i presentan éstos mayor i m portancia que la inicialmente prevista. L o extraño, lo verdaramente extraño en este período de tránsito hubiera sido el silencio de los que obedecen órdenes internacionales y la quietud de los eternos revoltosos. L o he dicho muchas veces, y lo repito ahora con ánimo de no volver sobre el concepto nuestra misión única consiste en restablecer la vida constitucional, en España. A ello vamos, sin titubeos ni vacilaciones. Y añado, que, en las etapas y en los plazos que fueron marcados previamente, en las declaraciones, del Gobierno. Fíjese bien- -añade el general, tías de una pausa- Cuando queremos que la l i bertad impere se nos obstaculiza y combate por quienes blasonan de hacer un culto de esa misma libertad. A l g o paradógico. N o es cierto? Hemos respetado todas las libertades, hasta que, desmandadas, se convirtieron en un peligro para la seguridad del país; hemos administrado con austeridad; nunca hicimos uso de las facultades extraordinarias que las circunstancias pusieron en nuestras manos... Entonces, ¿qué? E l Gobierno no puede considerarse quebrantado o fortalecido por los episodios de esta lucha prevista. Existe, y mientras exista, actuará. ¿Cómo está constituido? -L o mismo. ¿S i n modificaciones? -S i n modificaciones, salvo las, circunstanciales, que no han de afectar a su composición. Los impacientes- -agrega- -pueden moderar sus ansias. E l plazo no es largo. E n primero de marzo serán convocadas las elecciones de diputados y el día 15 de ese mes las de senadores, y la nación contará con unas Cámaras elegidas por un sufragio libérrimo, que el Gobierno garantiza desde ahora. Como no sentimos partidismo de ninguna clase, deseamos que el Parlamento, libre expresión de la voluntad nacional, decida sobre el futuro político en España. ¿Y el Gobierno, entonces... ¡A h! Ese día, con la conciencia tranquila, con la inmensa satisfacción de haber prestado un servicio a la Patria, con olr r