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MADRID- SEVILLA 1. D E ENERO D E 3 933. N U M E R O S U E L T O 10 C E N T S DIARIO ILUSTRA; DO. AÑO VIGES 1 MOSEPT 1 MO N. 8.742 F U N D A D O E N i D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A EL C O N D E DE BUGALLA L PRONUNCIA. E N E L CIRCULO LIBERAL CONSERVADOR UN IMPORTANTE DISCURSO. El conde de Bugallal ha sido, en cuantas misiones le ha confiado la política, el hombre inteligente y ecuánime, que renuncia a los papeles maravillosos, que no desluce ninguna tarea y en todas cumple con acierto, sin dejar unido su nombre al recuerdo de fracasos, errores, ni apasionamientos. La historia de la política española contemporánea no catalogará muchos nombres milagrosos, pero menos aún de los que no recuerden alguna nota deplorable y encuentros más o menos duros con la crítica y con la opinión pública, El discurso que pronunció ayer el conde de Bugallal es el primer acto de importancia que realiza en la jefatura del histórico partido conservador; el más homogéneo y consistente de las antiguas organizaciones políticas. Con ese discurso demuestra el ilustre ex presidente del Congreso que, como ha sabido estar en todos los puestos y cumplir en todos airosamente, sabe también lo que le exige la jefatura de los conservadores. El discurso, rebosapiente de convencimiento y de buena doctrina, es de una gran lealtad al espíritu y a las tradiciones del partido. No es el conde de Bugallal un jefe de cuyo temperamento y de cuyos há bitos puedan temer desviaciones, extravíos, ni malos trances las fuerzas conservadoras organizadas ni el sentido conservador que fuera de las organizaciones militantes predomina en España. No aceptamos todo lo que dijo ayer el conde de Bugallal, y menos la hiperbólica apología del antiguo régimen; pero en las páginas de A B C están y seguirán defendidas celosamente las opiniones que expuso en los temas fundamentóles de su oración, el concepto de la Monarquía, la refutación de la tesis constituyente y la repulsa de los equívocos y de las quimeras catalanistas. El discurso del conde de Bugallal, por su fuerte dialéctica, por su trascendencia, por su efecto seguro sobre las Clases conservadoras, más allá de la política, es un gran servicio a la causa de la normalidad; servicio avalorado por la consecuencia inflexible y ejemplar con que el jefe conservador y casi todos sus correligionarios han sostenido su adhesión a la Monarquía en los años difíciles de la Dictadura. L a concurrencia Al entrar el jefe de! partido suena una larga: salva de aplausos. E n el Círculo LiberalCons ervador, que sirvió para tantos actos políticos análogos, hay, en la tarde de hoy, unaj gran concurrencia, que llena el salón de actos y se desborda por los pasillos. Asisten los ex ministros marqués de L e ma, Espada, Calderón, Ordóñez, Ortuñp y conde de Lizárraga, y los señores conde de Torrean uz, marqués de Arenas, marqués de Valdeiglesias, conde de Peña Ramiro, marqués de Cenia, marqués de Cuevas del Rey, marqués de Torrclaguna, barón de Andía, marqués de Leis, Seoane, España, Estévez, Bernard, Usera Bugallal, Gandarias, Cer- vantes (D. J y D M Mendaro, García Duran, conde de Altea, marqués de Selva Alegre, Marfil, Marín Lázaro, Raventes, Calderón Ozores, Cánovas del Castillo, Carlos Bas, Fernández Barrón, Fernández Daza, Villaverde, Arenilla, Llasera, Molina y muchos más, cuya enumeración sería imposible. Enviaron sus adhesiones y. excusaron su asistencia por. enfermedad, los señores marqués de Santa Cruz, Toreno y Silvela. E l discurso Declaró el conde de Bugallal constituida la Junta reglamentaria, y luego de la aprobación de cuentas y del presupuesto para 1931, fué reelegida por aclamación la actual Junta directiva. Seguidamente, el conde de Bugallal comenzó su discurso. -H a sido costumbre inveterada en las elecciones de Juntas- -dijo- -que el presidente exponga sus puntos de vista en relación con los problemas de actualidad. N o se trata de trazar un programa de partido, ni mucho menos, de Gobierno. Se trata, simplemente, de escoger dos o tres problemas sometidos a pública discusión y analizarlos con la mejor voluntad. Nada he de decir sobre la Hacienda pública, sobre el mejoramiento de la clase obrera y sobre los temas que afectan al comercio y a la industria, porque ya hablé sobre ello en otra ocasión, no muy lejana. E n cambio, quiero llamar la atención de ustedes sobre determinados aspectos de la vida pública, que ocupan un primer plano en la actualidad, y el que se impone a todos, con fuerza incontrastable, es el del movimiento revolucionario, que surgió en los pasados días. E s indudable que dentro de él han existido distintos móviles y tendencias. H a y quien opina que el país necesita de cambios trascendentales para que el bien público se realice; hay quien muestra su incompatibilidad con las instituciones de España, y hay también los que son incompatibles con todos los fundamentos sociales, con el orden jurídico establecido y con cuantos los representan y encarnan. Como ocurre siempre, los primeros son absolutamente absorbidos por las tendencias extremistas, es decir, por las- dos últimas categorías: E s un hecho histórico, indeclinable, que se repite en todas- las etapas revolucionarias. A u n con ser dominada, al nacer da intentona, ha habido brotes, que demuestran con claridad lo que hubiera sido de triunfar: y ha demostrado también que quienes. se creían con poder para detener el rayo, vieron cómo se fulminaba y. llevaba trazas; de destruir a los propios directores del movimiento. (Grandes aplausos. Y o creo que quienes intenten dominar y refrenar un movimiento de esa clase después de haberlo provocado, no tienen otro papel que; el de mártires. Es fácil, dejar el camino ancho, de, la carretera y. tomar el atajo, pero- allí, se encuentran malhechores que impiden ya 3 a salida al camino real. Todos debemos sacar claras enseñanzas de ¡o ocurrido. Es difícil que los promotores reaccionen; pero conviene que todos los, demás se unan, se refuercen y se agi upen para evitar la posible catástrofe. LEA USTED Las instituciones fundamentales de E s p a ña. M o n a r q u í a y p a r l a m e n t o ¿Cuáles son las instituciones fundamentales de nuestro país? Y o digo que en los momentos críticos de las conmociones y de las crisis, lo mismo en las naciones que en las familias, es preciso apretar bien todos los lazos de unión y volver los ojos hacia las tradiciones. S i en una familia, al llegar los momentos de angustia y sacrificio, sus miembros se esparcen y procuran eludir los acontecimientos, pronto llegará la discordia y la deshonra. Pues eso mismo pasa en las sociedades. Los españoles no debemos tener otro punto de vista que l a defensa de la Monarquía y el Parlamento. Cuanto éste estuvo en trance de discusión, el partido conservador tomó la vanguardia para defenderle. S i n el Parlamento, el partido conservador no actuará nunca. Ahora, en los momentos en que se p i de por las izquierdas la desaparición de la Monarquía, el partido conservador forma también en cabeza de quienes se aprestan a defenderla. Nosotros no vemos en la M o narquía ni una persona, ni una familia, n i una institución, sino la suma y el compendio de la autoridad y del orden. (Grandes y prolongados aplausos. Vemos en la Monarquía la permanencia del trabajo logrado, de la tranquilidad para todas las profesiones, la defensa del régimen de la propiedad, que no es sino un trabajo acumulado... De todo eso es garantía plena la Monarquía constitucional y parlamentaria. E n último término, debemos decir a los adversarios de la Monarquía: E s posible que esa forma de Gobierno sea inferior a otras que vemos desarrollarse con lozanía en distintos países extranjeros; pero en España, la Monarquía es un hecho secular, lleno de tradiciones, que ha perdurado a través de todas las vicisitudes de la vida nacional, y cuando hay algo tan adentrado en el cuerpo del país, sólo puede extirparse poniendo al descubierto las entrañas mismas de la nación. L a propuesta de las constituyentes N o están dentro del movimiento subver. sivo los que proponen la reunión de unas Cortes constituyentes; pero están cerca. L o s períodos constituyentes significan tanto como el hacer tabla rasa de una sociedad. N i n guna nación del mundo, con vida secular, admite un período constituyente. Este se da en las naciones nuevas o en aquellas otras que perdieron sus instituciones en el cataclismo de la guerra europea. Pero nuestro país no está, por fortuna, en ninguno de estos casos. Constituido hace muchos siglos, no tenemos que hacer otra cosa sino continuar la vida normal, con aquellas modificaciones dictadas por las circunstancias y por el continuo progreso. De los períodos constituyentes huyen todos los países constituido porque son períodos morbosos. E n último, término, para que esos períodos puedan darse, se necesita tranquilidad y calma en los espíritus. L o verdaderamente extraño es que reclamen las constituyentes hombres liberales y demócratas, que sólo al pedirla contrarían la verdadera democracia. L a Historia lo demuestra. Quienes en la Constitución del 12, y en la de! 76, para citar tan sólo la primera y la última, pusieron diques a las reformas, fueron los demócratas. Pidieron éstos dos garantías, para la posibiliad de unas cons. 1
 // Cambio Nodo4-Sevilla