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bir, y, claro está, los alumnos ho encuentran su orientación sino en los casos m á s salientes, por un desbordamiento de sus aptitudes especiales. N o obstante, el público español posee gran sensibilidad y acusa un fuerte sentido artístico. L o que falta es cultura. Todos los días podemos comprobar, los que nos dedicamos al arte del canto, cómo personas, tenidas por cultas y conocedoras de estas cuestiones, desbarran cuando discuten sobre los temas musicales m á s sencillos. ¿Y su opinión sobre la ópera cantada en español? -Y o creo que es perfectamente ridicula la costumbre española de cantar las ó p e ras en italiano. L a s primeras figuras, los divos, se defienden alguna vez porque so consideran obligados al estudio y c noci miento del idioma; pero ¡h a y que oír el italiano de los coros y de las segundas partes! Esto se presta a curiosísimas reflexiones. E l público, aun el m á s distinguido, no entiende nada de lo que se canta. N i el tino por ciento de los espectadores que asisten a las funciones de ópera conoce el italiano. ¿P o r qué, pues, no se canta en español? E l argumento de que nuestro idioma es duro para el canto no tiene n i n g ú n valor, porque es falso. E l español es dulce. E l alemán y a es otra cosa, y, no obstante, todas las óperas francesas e italianas se cantan en Alemania traducidas a la lengua nacional. E n E s p a ñ a se canta en italiano por rutina, porque ello se consideraba elegante e l siglo pasado. Pero hoy esto revela que el espíritu nacional está por los suelos. E n F r a n c i a Rigoletto se canta en francés, y en Italia, Carmen, en italiano. E n E s p a ñ a existen algunas traducciones de Carmen, Aida, Rigoletto, Tosca, El barbero y todas las obras de Wagner, y en algunos teatros se han cantado en español en varias ocasiones. P e r o esto debiera ser una norma general impuesta por el Estado. E s sabido que en el Liceo de Barcelona se ha cantado en c a talán. Y ya que hablo de Barcelona, diré, que hay en esta ciudad un espíritu de amor a l a r t e lírico que no existe en Madrid. L a ópera no se ha interrumpido y suele haber dos temporadas: la de invierno y la de p r i mavera. L a sociedad del Liceo no tiene su correspondencia en la corte, y esto es significativo, porque revela que en M a d r i d existe una apatía grande respecto de estos asuntos. -Entonces, ¿q u é remedio requiere la actual situación? -L a creación del teatro lírico nacional. E l ministerio de Instrucción pública puede constituir una caja, una Junta, un Patronato de carácter oficial que organice las temporadas. H a y que terminar las obras del IReal, que llevan siete añor, y no se vislumbra cuándo acabarán. Esta Junta o Patronato debiera ocuparss de organizar coros, orquesta, cuerpo de baile y todos los elementos indispensables, con carácter de permanencia. De este modo podría asegurarse la representación, lírica en idioma castellano. Las primeras partes, contratadas por temporadas y no por n ú mero de representaciones, podrían realizar estudios acomodados a las exigencias del teatro nacional. Este sistema garantizaría la debida compensación al compositor español, que hoy se retrae porque el estreno de una ópera no puede brindarle beneficio material alguno. E n el extranjero se estrenan nuevas óperas constantemente... Y nada m á s Esto no le costaría mucho dinero al Estado, porque no se trata de sostener un teatro, sino de apoyarle, de facilitar el verdadero progreso de la música esñola. S i n c -idar que el teatro de la ópera nacional puede ser considerado desde un punto de vista puramente industrial, sino que debe tender solamente a crear un ambiente E L EDIFICIO DE LA CALLE D E PONTEJOS DONDE SE ENCUENTRA H O Y INSTALADO de cultura y de amor a la música. JUAN M MATA E L REAL CONSERVATORIO DE MÚSICA. (FOTO DUQUE)
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