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A B C. V I E R N E S g D E E N E R O D E 1931. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G E l entusiasmo de Picasso por el dibujo animado, que inventó Emilio Cohl y perfeccionó el dibujante Benjamín Rabier, abre nuevos dominios a ese arte joven, nacido del cinematógrafo. E l dibujo animado se ha caracterizado hasta ahora por su buen humor, sin categoría puramente, artística. L o s miniaturistas e imagineros medievales relataban, con sur pinceles, la vida de un santo o de un héroe, en diversas anécdotas y en una sola composición. L o s artistas de hoy podrían realizar- -leemos en Comoedia- por medio del cinema, la ilusión del movimiento que falta en aquellas composiciones. ¿Se decidirá, realmente, Picasso a hacer dibujos animados? ¿Podrá contarse, con él para transformar una vez más el aspecto. del arte? ¡P i n t u r a! ¡Pintura! -clamaba Picasso, frente a l o s viejos cuadros impresionistas- ¡Aquí hay lluvia, árboles, casas, hay todo menos pintura. Y o hago los objetos- -dice Picasso- -tal como los pienso, no tal como los veo. U n a obra de Picasso- -escribe R e y n a l- -representa a nuestra vista una especie de objeto que ha salido de sí mismo con plena vida. L e c t o r a ¿Tiene usted la bondad de leer o releer un libro de los Goncourt que se l l a m a- L a mujer en e- siglo XVIII? Se enterará de cosas peregrinas. V e a un botón de muestra. E s en el capítulo titulado La belleza y la- moda: E n el peinado reinaba la alegoría. Las cabezas de las mujeres- se convirtieron en poemas rústicos, decorados de ópera, paisajes, arbustos, cuadros. L a moda exigía que llevaran en la cabeza jardines, estufas, vergeles, manzanas, grosellas, cerezas, arriates, bosquecillos. 1 ECOS, NOTAS Y TURAS LEC- E n The Nation, de Nueva Y o r k J -G Curtís relata un sucedido muy de nuestra época: E n un día de pánico, un Banco de T e xas hizo que acudiera una orquesta, desamuebló uno de los salones y organizó hasta las doce de la noche una fiesta de bailes, pagando todos los refrescos y gastos. A l día siguiente se había calmado el pánico. Recomendamos el sistema a nuestro m i nistro de Hacienda, Sr. W a i s Cuando se celebraban los juicios por J u rados era importante destacar, sin emplear medios demasiado directos, la condición mendaz o veraz de los testigos que comparecían a declarar en cada caso. Cierto abogado diestro en esta acentuación de la personalidad de los que testificaban interrogaba un día a un cochero que iba a deponer en favor de sú defendido. E r a un cochero sin ninguna característica n i garantía especial de seriedad, gordo, colorado, pintoresco en sus expresiones. Pero el letrado le preguntó con aire deferente: ¿H a sido usted algunos años cochero de un obispo? -S í señor. Y nada tenía que ver con lo que se debatía. Pero aquella relación episcopal pareció investir al auriga. de una veracidad i n esperada, imprimirle carácter. Pareció dar a su silueta caricaturesca un fondo de unción que involuntariamente impresionaba a los jueces populares. D e Saavedra F a j a r d o N o se. ha de empachar la frente del que gobierna; siempre se ha de mostrar serena y firme; y así, conviene mucho c u r a r a los principes esta pasión, y rompelles este empacho natural, armándoles de valor y constancia el ánimo y el r, ostro contra la lisonja, la- mentira, el engaño y la malicia E L H O M B R E D E L DJA PABLO PICASSO La nube que se retuerce en la pantalla del cine como un trapo recién lavado para expresar la lluvia ha descubierto a Picasso una nueva orientación artística: el dibujo animado, el dibujo para la pantalla, que, a su juicio, tiene una gran potencia poética. Es difícil encontrar en la historia de las Bellas Artes, ni siquiera en el Renacimiento, una personalidad tan vigorosa, en sus múltiples variaciones, en su continuo evolucionar y reformarse, como Pablo Picasso. De quien, por cierto, se viene anunciando, hace tiempo, una Exposición- -la primera- -en España. Pablo Ruis Picasso es el genio de la pintura moderna. Kació en Málaga el 25 de octubre de 1 SS 1. Su padre, profesor de la Escuela de Artes y Oficios, se traslada, cuando el chico tiene diez años, a La Coruña, y luego a Barcelona, y luego a Madrid. En Madrid conoce el adolescente Picasso a los tragediantes del 98; dirige una revista, Juventud; pinta muy bien; es ya un maestro; descubre a Goya; sigue a Steinleim y a Gauguin, y, finalmente, -desaparece. Desaparece y se pierde en el cerebro del mundo que era- -entonces incuestionablemente- -París. Lo demás, lector, ni cabe en estas líneas ni lo ignoras. Gomes de la Serna ha publicado en la Revista de Occidente una bella biografía de nuestro pintor. Eugenio d Ors acaba de editar en París un libro de crítica, y en A B C ha dado algunos artículos admirables. Parece que España- -acaso tardíamente- -busca a ese hijo pródigo que ha impuesto una nueva concepción de la pintura, creando naturaleza en lugar de imitarla. Picasso- -ese hombre triste y duro, cuyos ojos, según la famosa caricatura de Touchagues, fulminan rayos; ese hombre a quien ha otorgado París y el mundo entero los honores máximos conocidos por, un pintor moderno- Picasso ha visitado algunas veces a su Patria, complaciéndose quisa, y a la vez doliéndose, del desconocimiento de sus compatriotas. El dueño de todas las patrias, dueño del arte, debe de haberse sentido un poco extraño- -agradablemente, dolorosamente extraño, -en, la suya y en la de su primer w M o i ¡janciscp delGóyá
 // Cambio Nodo4-Sevilla