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-A h í está otra vez! -murmuro escalofriado- ¡A h í está- otra vez! ¿P e r o quién, Ernesto, quién? -pregunta angustiosamente mi madre. Logro, al fin, recobrar mi dominio. -Nadie, madre... Dame un poco de agua. -Estabas soñando- -me repite- anda, échate ahora otra vez a dormir. -N o no- -contesto- y me quedo con la vista fija en el espacio, sin mirar a punto alguno determinado. ¿Q u i e r e s que me quede aquí contigo, mientras te vuelves a dormir? -pregunta mi madre, acercando una silla a mi lecho: -Y a se dormirá solo- -dice mi padre- no es ya ningún niño. Levanto mis ojos, con no poco esfuerzo, para mirar a aquel hombre incompensivo, que es m á s extraño para mí en este instante que mi mismo perro. M i madre no me entiende tampoco, pero a lo menos barrunta que me sucede algo grave. M e pongo de pie y trato de reír, para infundirles e i n fundirme tranquilidad. -Vuelve a tu cama, madre; ya me dormiré. M i madre no quiere obedecerme; pero mi padre la obliga a retirarse con él. Y a en la puerta, la anciana vuelve todavía la cabeza, y me mira de un modo e x t r a ñ o y triste, como si se ausentase para mucho tiempo. N o quiero ya acostarme y me siento a la ventana, arrebuj a d o en una manta. Hasta que amanece, mantengo la luz err cendida, 4 Y a es de día. Desvanécese el espectro de la noche, y las cosas que me rodean recobran sú figura usual. S i n embargo, yo no soy, ya el mismo hombre que ayer. A l terminar la campaña creí que, con sólo entrar en m i casa, habría pasado todo. Y aún ahora, enmudezco muchas veces ante este pensamiento que me asalta ál hablar: vives. Pasa entonces por mi cuerpo un estremecedor calofrío, y a, la caída de la tarde, percibo en ocasiones qué inmenso y qué hermoso es poder estar sentado tranquilamente en una silla, frente a una. ventana, mientras brillan sobre mis manos- los últimos oros del crepúsculo. (EXCLUSIVA M I B C P A R A TODA E S P A Ñ A P R O H I B I D A X. A R E P R O D U C C I Ó N) Mas he aquí que, poco a poco, durante las primeras semanas que siguieron, a mi regreso, hubo algo que empezó a removerse y se interpuso, al fin, entre mis ojos y las cosas que me rodeaban. Pujaba, a veces de un modo extraño, hasta conseguir evocar una imagen, unas palabras, un j i r ó n de paisaje, un rostro. Maravillábame al principio que volviera a. surgir lo que yo creía muerto para siempre; después, el miedo sucedió a la sorpresa, ante la intensidad y persistencia de la evocación. Los recuerdos que parecían ya hundidos, como piedras en el fondo de un lago, empezaron a estremecerse hasta volver a salir a flote. Poco importaba, porque, al fin y a la. postre, sólo eran eso, recuerdos, y confiaba en que volverían a debilitarse y esfumarse. Pero ensanchábanse. más, y m á s en lugar de hundirse entre los repliegues del pasado, y, poco a poco, una segunda existencia lívida, gris, inconsistente y sombría se fué incorporando a mi vida. L a guerra, que daba ya por olvidada, se erguía de nuevo, como si quisiera retornar. ¡Cuántas veces me quedaba absorto, sentado al borde de m i lecho, escuchando cómo entre las sombras de la noche retumbaba la guerra bajo las calles! Dijérase que se habían perforado pasadizos y galerías subterráneas y que, desde lejos, se acercaba algo desconocido, abriéndose paso hacia nosotros, fugitivos y desertores, para darnos alcance... M e envolvía hasta los. ojos entre mis mantas y cerraba los párpados para repeler así aquellas visiones fantasmales; pero ¿cómo impedir que éstas se quedasen allí mismo, al acecho, bajo mis ventanas? Desde hoy ya sé que no son únicamente recuerdos los que me persiguen. P o r primera vez se me ha rebelado esta noche mi propia existencia, para mostrarme su cara espantosa y terrible. M i pasado ha roto los diques que le contenían, y el peligro no viene ya de fuera; se me ha metido en el tuétano y prosigue dentro de mí su labor de zapa. H a vuelto a despertar el hombre que fui durante unos años, y amenaza ahora con sus manos ensangrentadas al hombre que anhelo ser. Rompe la ola y quiere arrastrarme; pero lo que antes era sólo defensa e instinto de propia conservación, se transformaría ahora, de ser esto así, en culpa y en horror de mí mismo... Tengo que levantar nuevos diques; precisa hacer un alto en el camino... Todavía es demasiado pronto para vol, ver la vista atrás. M i r o mis libros... Nada. Contemplo mis mariposas y mi acuario... Nada tampoco. Empiezo a hojear, periódicos y (COPYRIGHT- U, FEA TURE SXNDICATE) Kf. MUERTO S. F, II A P f R S T O EN (Se continuará.
 // Cambio Nodo4-Sevilla