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LA M U J E R D E L A L C A L D E ESTA D E P I E E N L A P U E R T A Muchos tienen que andar dos horas para llegar a la escuela, con sus almadreñas, sus bufandas y sus carteras de badana; más de una vez les sorprende l a lluvia en el camino, y el calor seco de lá estufa arranca a las húmedas ropas, a la turba que se utiliza como combustible y a los cuarenta niños congregados en el exiguo local tufaradas tan penetrantes, que obligan cada cuarto de h o r a a abrir de p a r e n par las ventanas. Cuelga de l a pared un crucifijo, y completan la decoración una lechuza disecada y u n mapa de Alemania. E s t a tarde pasan sin cesar por detrás de los cristales las nubes, bajas y veloces. L a clase hace prácticas de caligrafía; sobre el tablero, un par de cláusulas en caracteres latinos que deben copiar los alumnos. Rasguean las plumas sobre el papel y vibran los palilleros en el aire, mientras paseo entre los bancos, para inspeccionar el trabajo. D e vez en cuando, una m i r a d a larga y escrutadora me enfila por encima de un cuaderno. E n una de mis idas y venidas, me fijo distraídamente en el mapa, y quedo parado delante de él. Está hecho con tintas verdes y pardas, y unas rayas rojas zigzaguean de arriba abajo para indicar las fronteras. Colonia... Aquisgrán... H e aquí también los tenues hilos negros que marean las líneas de f e r r o c a r r i l Herbesthal, L i e j a Bruselas, L i l a M e alzo de puntillas para ver mejor... Roubaix... A r r a s Ostende... Aquí se nos concedió licencia una vez, pero hacía frío y no había nada que ver, fuera de una ciudad enemiga y u n mar tempestuoso... Y luego Langemarck, Iprés, Bixschoote, Staden... ¡Qué. pequeñas son en el m a p a! puntos menuditos, silenciosos, casi imperceptibles... Y sin embargo, el 31 de j u l i o tronaba allí el cielo, estremecíase la tierra y, cuando cerró la noche, h a bíanlos perdido ya todos los oficiales. E l último de ellos, jefe precisamente de nuestra compañía, se desangró delante de un refugio, en el cual nos fué ya imposible guarecerle, porque tenía destrozado un hombro y no le pudimos arrastrar. -O r d e n Acaten al vicesargento... Breyer... -balbució, y cayó muerto. A p a r t o m i vista del mapa y miro hacia mis alumnos. C u a renta criaturas se doblan afanosamente sobre sus pizarras y cuadernos, en brega con los grandes caracteres latinos del abecedario; contemplo atentamente sus caras, francas casi todas; muchas, taimadas y necias; llameantes algunas con algo l u m i noso. P a r a éstos lá vida no será fácil, n i encontrarán llano todo (EXCLUSIVA DK A B C PARA TODA ESPAÑA. PROHIBIDA U REPRODUCCIÓN) el camino... Les miro y pienso: mañana repasaremos. las preposiciones... A l a semana siguiente escribiréis al dictado... Dentro de un año podréis decir de memoria cincuenta preguntas del catecismo... A l cabo de otros dos, l a emprenderéis con la tabla de multiplicar... Y creceréis, y la vida os atenazará, más blanda o más feroz, más apacible o más accidentada, según vuestra suerte... Pero entonces, ¿cómo podré yo auxiliaros con mis conjugaciones o con: la enumeración de Ips ríos alemanes... Cuarenta sois... ¡Cuarenta vidas distintas se aprestan al acecho detrás de vosotros! ¡S i yo pudiera ayudaros, con qué gusto lo haría! ¿Pero quién es el que realmente puede aquí ayudar a otro? E n campaña sí que se podía, porque se trataba de cosas contra las cuales podía uno apercibirse. Pero aquí... ¡S i yo mismo necesito y espero que seáis vosotros los que me ayudéis! M e enfrasco en hojear con calina el plan de estudios, un libróte gris de hojas amarillas, redactado por un maestro concienzudo que, distribuye exactamente, semana por semana, la tarea que se ha de repasar. Semana 17: la guerra de los treinta años... Octubre: l a guerra de los siete años... las batallas de Kunersdorf, Rossbach y Leuthen... Noviembre: las guerras dé liberación... D i c i e m b r e la campaña de 1864 y el asalto de Düppel. E n e r o l a guerra de 1866 contra A u s t r i a y l a victoria de Koniggrátz. F e b r e r o l a g u e r r a francoalemana de 1870- 1871, con las batallas de Metz y Sedán y la entrada en París... Veamos ahora el manual de H i s t o r i a Universal... Guerras, luchas, batallas, unas veces intestinas, otras contra extraños. E n L e i p z i g y Waterlóo, con los rusos e ingleses; en 1914, contra ellos... E n la guerra de siete años y en 1866, contra A u s t r i a en ÍQ 14, a su lado... C i e r r o de golpe el l i b r o ¡esto, más que una H i s t o r i a Universal, es la historia de l a g u e r r a! ¿Dónde están los nombres de los grandes pensadores, de los físicos, de los médicos, de los investigadores, de los. científicos... ¿Dónde la descripción de las grandes contiendas que estos hombres riñeron por la humanidad... ¿Dónde lá exposición de susipensamientos, sus proezas, en las que tantas veces afrontaron, como verdaderos iefes de ejército, los mayores peligros... ¿Dónde, en fin, un índice siquiera de aquellos que fueron ern carcelados, martirizados y muertos por sus ideas? ¡E n vano, los busco... B i e n es verdad que, en cambio, hasta la más i n- (COPYRIGHT- D. FEATURE SYNDICATE) (Se continuará.
 // Cambio Nodo4-Sevilla