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MADRID- SEVILLA 20 DE ENERO DE 1 93 3 NUMERO 10 C T S SUELTO REDACCIÓN: P R A D O D E S A N SEBASTIÁN. S U S C R I P C I O N E S ABC CERCANA A T E T U A N SEVILLA. DIARIO DO. N. ILUSTRAVIGÉ B OLIVE, AÑO 8.758 S I M O S E P TI M O Y A N U N C I O S MUÑOZ A R B IT R 1 S M O S V España tiene planteado u n problema monetario de c u y a g r a v e d a d no se dan cuenta muchos españoles... E l mundo espera que el Parlamento, como uno de sus p r i meros actos, estabilice l a moneda. Declaraciones del Sr. Cambó. EL MUERTO DESCO- FREUD 1 S M O N o h a muerto, pero se h a l l a enfermo en V i e n a el p r o f e s o r Freud. NOCIDO E n l a m a d r u g a d a se encontró un hombre muerto de h a m b r e y de frío. Se desconoce su nombre. Como aquel artillero que se proponía, con un segundo disparo, dar en un blanco i n accesible al alcance del cañón, Cambó pretende convertir en verdadero lo- que substancialmente falso, en fuerza de repetirlo. N i la estabilización de nuestra moneda es remedio al actual estado de cosas ni el mundo espera impaciente a que l a acometa el Parlamento. Esto último ha podido decirse hasta que Quesnay, tan lleno de prejuicios, expuso honradamente su pensamiento, corno consecuencia de su visita a España. Posteriormente, de ser opinión ha pasado a ser falacia. Y una vez más hay que repetir- -a ello Obliga la insistencia en contrario del señor Cambé) -que estabilización no es estabilidad; que estabilizar es hacer estable una moneda mediante una quita definitiva e irreparable a consecuencia de quiebra de la Placienda nacional. L a primera condición, pues- -diría la única- para estabilizar una moneda, es la imposibilidad de hacer frente a la Deuda pública, al tipo antiguo de la unidad monetaria, y de sostener el valor del billete por desproporción entre su emisión y el encaje oro. S i esa ha sido condición universal de todas las estabilizaciones, y en E spaña, afortunadamente, no concurre, ¿qué se busca con la de su moneda... Porque no me cabe en la cabeza que el afán estabilizador obedezca tan solo a m i mesis. Como tampoco puede engendrarlo el temor de que de no llegarse a la estabilización, el quebrando sería irremediable en los sueldos y en los jornales, con la consiguiente destrucción de la clase media A l decirlo, Cambó olvida- ¡cuan prontamente! -tres cosas: la primera, la enorme crisis italiana, a pesar de que Italia estabilizó la segunda, que han sido secuela de toda estabilización el agobio y la angustia de las clases media y obrera, y la tercera, que el propio Cambó tiene declarado que la estabilización, por sí sola, es la carabina de Ambrosio. H e aquí, lector, el texto inequívoco de su confesión: N o es posible hacerse la ilusión de que la cantidad de oro de que dispone el Banco de España y los créditos en divisas que pudiera abrirnos la Banca extranjera sean garantías suficientes (para mantener la estabilización) no podrían resistir los efectos de una inflación provocada por déficits presentes y futuros de la Hacienda del Estado, y, sobre todo, por deficiencias importantes en la balanza de pagos... Contra estos dos factores, todos los stocks oro del Banco de España y todos los créditos en divisas- -que devengan interés y habrán de devolverse un d í a- -9 0 como una esclusa de madera ante 1111 torrente desbordado. E s decir: que sin balanza de pagos ordenada (como no la tenemos) el oro del Banco se nos irá a chorros con la estabilización. N o puedo creer que sea esto lo que con ella se busca. VÍCTOR PRADERA Murió un hombreen la calle, falto de hogar y de pan. Se desconoce su nombre. N o pudo ser identificado. No. llevaba cédula. Qué imprevisión la de este hombre. L a cédula, ese papel que cuesta tantas molestias y tantas pesetas, que nos le piden en la carretera cuando buscan a alguien que no somos nosotros, una vez que iba a justificarse, una vez que tenía que- hablar por un muerto, no se presentó. Acaso al encontrarle la autoridad le dijo maquinalmente, mientras le removía: A ver la cédula E l hombre, rio replicó. Quedaría en una absurda postura, desvencijado. Y entonces advirtieron que estaba muerto. Trataron de identificarlo, y no fué posible. Se desconoce su nombre- -dice el periódico en que leemos la noticia- ¿Para qué queremos saberlo ya? Murió de hambre y de frío. ¿N o es esto saber ya bastante? Acaso, sintiéndose morir, evitó él mismo su identificación. Se dio de baja en la sociedad. Observad que estos muertos aparecen junto a las tapias de un cementerio; en una carretera de los alrededores- de Madrid. Siempre alejándose de los que quedamos dentro de la ciudad. ¿Qué pensarán de nosotros cuando en esa instintiva resistencia a dormirse ya para siempre vean las luces de M a drid y. oigan el ruido de Madrid, este ruido de Madrid, que seguirán oyendo un ratito después de muertos? ¿Qué color tendrán- en las pupilas que empiezan a cegar esas luces rojas anunciadoras de fiestas? Este hombre que murió de hambre y de frío ¿conoció alguna vez la fiesta de la vida? ¿Qué sintió más, él hambre o el frío? Todos los inviernos muere alguien de hambre y de frío. Pero antes, el primer muerto recibía un homenaje de caridad, tardía para él, pero previsora para los que habían de seguirle, y la Prensa acuciaba la iniciativa, y solicitaba estufas callejeras y se hacían campañas, recordamos la de Ortega M u n i l l a en El ¡mparcial. H o y los tiempos son otros, otras las inquietudes, distinto el ritmo, y la vida y la muerte tienen otra puntuación. Nosotros mismos no sabíamos decir a qué impulso hemos apoyado la pluma en la noticia de que un hombre murió de hambre y de frío. Acaso no nos extrañara que muriera, sino que muriera. sin cédula personal. ¿Pero lé han registrado bien? ¡N o la tendrá arrugada entre el pliegue mugriento de un bolsillo? Porque es muy raro que un hombre escape a la recaudación de cédulas; mucho más raro que mor i r de hambre. Y es muy importante a la Administración averiguar, no si ha muerto un hombre en M a d r i d de hambre y de frío, sino si murió sin haber sacado la cédula. í. CORROCHANÜ E l mago moderno, Segismundo Freud, nace en Friburgo (Moravia) el 6 de mayo de 1 S 56. Felizmente, la noticia de su muerte ha sido rectificada. M a s su vida- -por desdicha nuestra- -no será larga ni venturosa. Parece que en su garganta, como la araña vagabunda de los trópicos, hizo presa un cáncer. mortal Que. nos sea permitida esta nota prenecrológica. Y con ella, una interpretación del Psicoanálisis, aplicado a fecundar glosas de la actualidad. Cuando visité- -en. septiembre de 1929- -el. Instituto de Psicoanálisis, instalado en modesto albergue de un callejón de V i e n a quedé u n poco desconcertado. Veía cómo la doctrina de Freud- -una doctrina atrevidísima- -desciende la escalera angosta desde un tercer piso; luego, ya en la calle, cómo se arriesga por entre las encrucijadas académicas de la gran ciudad, siendo por todas partes rechazada o muy discutida (1899) L a veo después avanzar, extendiendo su mancha por todo el imperio dé Austria- Hungría (1902) Más tarde, ya se la ve pasar las fronteras y penetrar: p r i mero en Suiza (1907) luego, en Inglaterra (1911) y en Alemania (1910) A l fin, vence los vetos de la aduana francesa (1913) Entre tanto, desde 1909, el Psicoanálisis era explicado en Norteamérica. Y a el freudismo dio la vuelta al mundo, y, como el grano de mostaza del Evangelio, creció hasta- ser un árbol, cuya sombra, es la fama. H o y ocupa toda la tierra. E l Psicoanálisis ha sido aplicado a renovar las ciencias del espíritu. Oriundo de la Psiquiatría, invade dominios de la P e dagogía, de la Estética, de l a Psicosociología. Las llamadas Ciencias morales le son tributarias. Y a está en boga el P s i coanálisis del arte y nadie se cuidó de llevar el freudismo a l a Política. Como es sabido, dos fuerzas pugnan dentro de nosotros. U n a es primitiva y natural, el i m pulso hacia la satisfacción de las necesidades o principio del placer otra es adquirida y artificial, producto de la educación e impuesta por el ambiente: el p r i n cipio del deber Cada apetencia individual renueva el duelo. De un lado, eleva su voz la Naturaleza, ávida de libertad; de otro lado, deja caer su mano represiva la voluntad, accionando el dispositivo formidable de la censura L a censura inexorable, controlando los deseos. -Este, sí; éste, no. E n época de libertad, las individuales apetencias son discutidas antes de rechazadas (Parlamento, tribuna, Prensa) L a censura está en la opinión, en las costumbres. Cuando rige una Dictadura, la censura pasa a manos del Gobierno, y esas apetencias son aho- gadas sin análisis. P o r lo que bajan al. sub- consciente como actos fallidos conservando íntegro S i po ncial. E n el individuo, la represión engendra neurosis E n la sociedad, a menudo da lugar a revoluciones. E l Psicoanálisis concluye a favor de la sana doctrina liberal. Q. SALDABA