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MADRID- SEVILLA 22 D E E N E R O D E 19 3 3, H U M E R O S U E L T O 10 CTS. REDACCIÓN: PRADO CERCANA D E SAN SEBASTIAN. BC SUSCRIPCIONES Y SEVILLA, DIARIO ILUSTRADO A Ñ Q VI G É S 1 M O S É P TI M O N. 8.760 MUÑOZ OLIVE, ANUNCIOS. A TETUAN. VISITAS E N E L R 1 TZ Cambó ha sido nuevamente visitado en el Ritz. EL MISERABLE CARNAVAL LA F R U T A D O R A D A lili Inglaterra se come la naranja una m á s barata que en España. Cuando el Gobierno marcha decidido por el camino de la ley, al recobro de la normalidad, la opinión le asiste y le apoya. N i el cabildeo de cencerros tapados ni la alarma de cencerros á rebato sirven al caso como la actitud decidida del presidente del Consejo, cuándo reafirma los propósitos políticos para que vino al Poder y cuando repite que ha de cumplirlos en plazos señalados y con todos los escrupulosos medios legales. ¿A qué vienen, por ejemplo, todas esas visitas y chaüs- chaits. sino a serv i r excelente materia prima a los fabricantes de viento, eii cuan o aparecen por M a drid- -por ejemplo- -personalidades, sin duda, tan considerables y misteriosas como la del Sr. C a m b ó? ¿E s ya protocolario el homenaje, en forma de desfile, por el hotel Ritz? ¿Es un fenómeno casi mágico el de esa especie de tutela, -real o aparente, que al Sr. Cambó vienen atribuyendo algunos elementos de alta significación mundana y económica? Acaso, m á s que la taum a t ú r g i c a tutela, existe la apariencia escé nica de la tutela misma a gusto del interesado, que, naturalmente, nada hace por regatear el espectáculo. S i n esclarecimientos previos prejudiciales g a r a n t í a s sobre la cuestión catalanista, y cuando se denuncia y se llama a la opinión nacional sobre el escándalo de la persecución al castellano en Barcelor- lograda por la L l i g a y sus amigos, ¿no ha de aparecer toda combinación por ese l a de todo el buen tono mundano que se quiera, pero de pésimo efecto político? Mientras e S r Cambó no renuncie, con plena claridad a promover transformaciones perturbadoras en la unidad histórica y constitucional del país, p o d r á parecer- -con mayor o menor justicia- -un taimado especulador de la angustia y la intranquilidad públicas. Sus mismos aires protectores- ¿República? ¿M o n a r q u í a? a base siempre de -o transitorio del poder protegido y anunciando siempre para mañana toda la revuelta íntima y profunda que su programa y su política significan, son hoy de los m á s graves factores para alentar una futura perturbación política y económica de España. L a fuerza del Gobierno está suficientemente asegurada en el mantenimiento de la ley, en el restablecimiento de la normalidad constitucional; fuerza que le permitirá evadirse dr los caminos indiscretos, de los consejos i n teresados y de ias tutelas impertinentes para confiar en su propia a c c ü n bien sostenida por todas las tradicionales y defensivas e n e r g í a s que se estructuran en la sociedad española. L a misión del Gobierno es, en este aspecto, considerable y nada transitoria; pero en manera alguna aparece llamada a suscitar los falaces cuadros defensivos uí la persistencia dé recursos extraordinarios. D i c o sea en su honor. h RAFAEL S Á N C H E Z MAZAS Recordaré mientras viva aquellos Carna- y sin remedio. Se refiere la primera a todo el acto mercantil, desde la percepción del prevales en la Castellana, porque fué el prin espectáculo popular que me ofreció Madrid, cio en el huerto hasta que se liquidan las cacuando yo era un recién llegado y mi aten- jas en las subastas de Londres, Hamburgo, ción estaba más despierta y sensible. etcétera. L a segunda fase es la nuestra ataLos andenes eran un río humano, denso, ñe al consumidor español. ¿P o r qué en E s turbio, fétido. Carne blanda de moza de ser- paña, al menos en casi toda E s p a ñ a y detervir mediada en la carne dura de. ganapanes minadamente en Madrid, -no podemos gustar y mozos de cuerda. Masa compacta, largo ¡a naranja buena? H e ahí uña interrogación embutido, especie de churro que la calle de que se repite la gente, a lo menos la gente Alcalá exprimía desde la Cibeles a. la Cibeles, que sabe catar naranjas. A M a d r i d y a otros dando la vuelta por la estatua de Isabel la centros consumidores del interior vienen reCatólica, homenaje á la excelente Reina, que mesas de naranja de Levante y del Sur. H a y debía evocar mejor que nunca en tales lloras el tufillo de los meses en que no se mudó la género mediano y aun aceptable; se defiende camisa, antes de la toma de Granada. E n as la venta con el granito de oro y otras claapreturas angustiosas sonaban a veces gritos ses dulzonas; hay otra especie francamente de asfixia. Olía a sudor del a ñ o pasado, a mala, de agrio ferruginoso, de áspero gajo; ropas viejas, a cuartel. y a manta de hospi- hay, en fin, la naranja de sorpresa (de sortal, cobijadora de muchos enfermos febriles. presa desagradable) que nos ofrece una pulAlguna vez, un sujeto galante o una moza pa seca y desabrida, como esparto teñido. L o regocijada, manejando difícilmente las ma- que no se puede encontrar en M a d r i d es una nos, disparaba un jeringazo, sobre otro com- naranja de tipo legítimo, perfectamente deponente de la muchedi- mbre, y entonces finido, que dé el aroma y el punto exacto de triunfaba por un momento el aroma del lí- la esencia. E s a naranja se escapa de la naquido proyectado: aroma a amoníaco y a áci- ción en busca de cotizaciones m á s altas. co úrico. Pero. ahora nos enteramos, por lo que dice Una doble o triple barrera de de y por las cifras que exhibe una entidad exhierro separaba este turbión del amplio paseo de coches. E n las- sillas se sentaban las portadora, que en Inglaterra y en Holanda gentes más tristes del; mundo matrimonios la naranja fina, l a selecta- -la verdadera y que ya no tenían nada que decirse desde cin- única- sé come m á s barata que en E s co años atrás, madres delgadísimas con hijas, paña ¿E x c e s o de exportación? ¿M a n i o b r a s escrofulosísimas, gordos resignados, familias de mercado? ¿F o r c e j e o ilícito para presioprovincianas, atónitas, cuyos trajes, muy pa- nar sobre la demanda? N o lo sabemos. sados de moda, iban desapareciendo, afortu- Pero sí decimos que, frente a todo lo exnadamente, bajo el polvo; novios, melancóli- tenso de ese conflicto, hay una realidad procos, de esos que ya saben de antemano que bable de solución, y es el conjunto de mersu sueldo no l o g r a r á nunca para sostener cados españoles. ¿P o r qué los cosecheros la casa... cenefa de aburridos que espera- y los propios centros que exportan no enban algo que no pasaba nunca y que sólo sayan a poner aquí a la venta las marcas continuaban allí porque habían pagado cin- óptimas de Carcagente, de A l c i r a de B u cuenta céntimos por su silla. rriana, de Gandía, de toda la zona naranSobre el asfalto rodaban grandes cajas de jera m á s acreditada en tierras valencianas? higos adornadas con papel de color, llenas de L o que pagamos en las fruterías por un tmichach itas que en los primeros momentos plátano de primera clase lo pagaríamos de aún lanzaban algún gritito, para hacer pen- buen grado por una naranja extra. Casi lo sar que se divertían, y de muchachitos que, pagamos por las otras no m á s que tengan a última hora, se encharcaban en manzani- buena forma y cascara suave. Y lo p a g a r í a lla. A estos cajones se les llamaba carrozas. Algunos padres mostraban a la admiración mos doblemente gustosos que años a t r á s de las gentes a un hijo suyo, vestido ck pie- porque, ahora sabemos que, sobre regalar al rrot, tan igual a cualquier niño vestido de paladar, favorecemos con el consumo de la pierrot, que, si se lo cambiasen, no lo nota- naranja nuestras reservas físicas, merced a rían. Serpentinas disparadas como piedras, la ración de vitaminas que atesora el fruto. confetti recogido del suelo y vuelto a vender, Cincuenta mil específicos nos ofrecen. las tres o cuatro flores tantas veces pisoteadas vitaminas de laboratorio. Acordándonos- de que, a eso de las siete y media, ya no tenían la reciente advertencia del doctor M a r a ñ ó n más que el tallo, lo que no impedía que con- en estas páginas, preferiríamos las vitamitinuasen siendo arrojadas desde las tribunas nas en el fruto dorado. Siempre es mejor- -nidos de lo cursi- -a los coches- -esquemas que nos las administren en el oro de una de fealdad y dé pobreza- -y desde los co- naranja para nutrir nuestra economía y en ches a las tribunas. el oró de una moneda para nutrir nuestro ¿P o r qué se quiere que resucite todo aque- portamonedas. Pero ya que no podamos a l llo? N o era n i siquiera trágico, sino tan. sólo canzar las otras vitaminas en metal amamiserable y sucio. Hombres vestidos de mu- rillo logremos al menos, las de la naranja, jer, mujeres vestidas de hombre, comparsas bien perfumadas con la esencia legítima, y de tullidos mendicantes, polvo, tedio, caspa, con el sabor típico v exacto. Sólo falta q is microbios de la, gripe benigna... L o recuer- nos las quieran vender. do, y necesito ventilar la memoria... Algunos concejales pretenden que vuelva a autorizarse el Carnaval E l problema de la naranja tiene dos fases: en la Castellana. una, ocasional y variable; otra, permanente sillas W. F E R N A N D E Z FLOREZ E. SANCHEZ- OCAÑA