Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A: B C. V I E R N E S 23 D E E N E R O D E 19 1 EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 23 LOS TRIBUNALES JUSTICIA Sentencia DE Reconocimiento de hijos naturales L a sección primera de la Sala de lo C i v i l del Supremo ha dictado sentencia en el recurso interpuesto contra resolución de l a Audiencia territorial de Granada en pleito instado por doña Antonia Peña, en nombre de sus hijos, sobre reconocimiento de estos por el demandado, D José Valle. E n el fallo se declara no haber lugar al recurso de casación interpuesto por la señora Peña, de conformidad con lo solicitado en el acto de la vista por el letrado, señor Carazony Liceras. Dice la sentencia en uno de sus considerandos que prohibida por la base quinta de la ley de 11 de mayo de 1888 la investigación de la paternidad, menos en los casos de delito; redactados conforme a ella los preceptos contenidos en el Código civil, y habiendo ocurrido después de la vigencia de éste los hechos origen del presente pleito, claro está eme en el mismo no puede tenerse en cuenta la jurisprudencia relativa al reconocimiento de hijos naturales, sino la posterior al Código, en la que se ha hecho la exégesis del artículo 135, y especialmente la de su párrafo segundo, por ser éste el fundamento esencial del pleito y del motivo p r i rnero en que se basa el recurso E n cuanto a la posesión de estado, se exige por el legislador, primero en el artículo 54, después en e l 116 y más tarde en el párrafo segundo del artículo 135, como medio supletorio de justificar bien el matrimonio, bien la filiación de los hijos legítimos o la paternidad natural, en defecto del reconocimiento expreso y por escrito indubitado del. padre, requiriendo aquellos preceptos que el estado de posesión sea constante y el último que sea continuo, expresiones ambas que denotan: la primera, ser cierta y manifiesta una cosa, y la segunda, que dura, obra o se hace sin interrupción. Y como quiera que esa posesión- -prosigue la sentencia- -viene a ser la manera o medio de adquirir un derecho por el transcurso del tiempo, a tenor del artículo 431, lógico es deducir que la posesión de estado, necesario paía adquirir el derecho a ser reconocido como hijo natural de otro, es preciso que se demuestre que éste o su familia realizaron. los actos inductivos o derivativos de aquella constancia y perseverancia del ánimo y propósito firme y decidido, sin solución de continuidad, revelador de, su deseo de reconocer como hijos suyos naturales a los que reclaman esa condición, pues, de lo contrario, si bastara la posesión interrumpida de ese estado, si los hechos en que la fundan carecieron de esa persistente demostración del propósito de reconocer, dejaría de ser constante y continua y faltaría la base esencial e insubstituible que estableció el legislador para condicionar y garantizar el ingreso en el seno de las familias a las personas que verdaderamente pertenecieran a ella, evitando así posibles suplantaciones o usurpaciones del estado civ i l de las personas de que debe estar formada, legítima o naturalmente. Continúa la sentencia tratando del estado posesorio, concretándose al comprendido en el párrafo segundo del artículo 135, estado que ha de derivarse de actos directos del padre o de su familia, de donde se deduce que no basta la. afirmación de que en la opinión pública se tenga a determinada persona como hijo natural de otra para que así se la repute, sino que es indispensable que se concreten los actos directos del mismo padre o de su familia, generadores de tal opinión y que así lo justifiquen. Esta resolución del Supremo contiene también l a doctrina sustentada por la j u risprudencia de que la posesión de estado es una cuestión de hecho sometida a la apreciación de l a Sala sentenciadora, y respecto del examen en casación de las pruebas practicadas en el juicio, afirma el Tribunal que, si bien en algún caso concreto, ante las circunstancias especiales que en. el mismo concurrieron y que en el presente no se dan, pudo entrar a examinar la totalidad de las pruebas practicadas en el pleito, ello no autoriza a constituir la excepción en norma general y a romper abiertamente con la doctrina, por lo repetida, inconcusa, de que la apreciación de las pruebas es función soberana y exclusiva de los Tribunales de instancia, que no reconoce más excepción que la contenida en el número séptimo del artículo 1.692 de la ley procesal, y habiéndose apreciado en el caso actual por el Tribunal a quo la exuberante prueba practicada por ambas partes, en conjunto, no puede desarticularse algún elemento de ella para apreciarlo aisladamente, so pena de romper la armonía, del examen total y de erigirse el Supremo Tribunal en juzgador de instancia. -F. de D. cuentes fracasos, las denuncias y persecuciones de que eran objeto sus autores, y, sobre todo, los comentarios que, más por vía de advertencia a los incautos que a modo de censura al delincuente, han sugerido siempre al redactor de sucesos esta clase de estafas, parecían haber acabado con el procedimiento, como la carestía de los sellos- -indispensablesen gran cantidad para la propaganda- -terminó con el un tiempo famoso timo áú entierro, que hoy ya no es negocio. Pero estábamos equivocados. Latente y viva l a codicia, por igual repartida entre timador y timado, saben los que, para apoderarse del dinero ajeno emplean este engaño, que mientras la riqueza siga siendo para la mayoría de los seres humanos la meta de sus aspiraciones podrá explotarse la patente... Y será inútil la sanción, y la publicidad del caso, y el adorno jocoso del relato, porque l a víctima propiciatoria no se entera jamás, ni lee periódicos, ni parece, en fin, pertenecer al mundo de los vivos, y esto de los vivos va sin segunda intención... ¿Cómo, si así no fuera, explicarse el caso de D Marcos- -simpático anciano, m i litar retirado, con honrosa hoja de servicios- a quien ayer escuchamos en la Sección cuarta de la Audiencia, con ocasión del proceso seguido por estafa y uso de nombre supuesto a Fernando Díaz Reina? Porque fué el propio D M a r c o s- ¡i n creíble parece -quien cayó incautamente en la red que le tendieran Díaz y sus compinches el día 20 de febrero del año 1929... Tenían tal aspecto de infelices- -exclamaba- que yo, la verdad, di crédito a cuanto me contaban... Sobre todo uno de ellos, el que se titulaba coronel mejicano, me rogaba con tanta insistencia v con tan melosas razones que aceptara el encargo, que él por sus muchas ocupaciones no podía cumplir, que, debo declarar mi flaqueza, no supe resistirme... Se trataba de entregar al doctor Recaséns 50.000 pesetas para que las empleara en misas y limosnas... ¿Por qué no aceptar tan- piadosa misión... ¿Qué iba y a a perder... ¿N o le extrañó, sin embargo- -interrumpe; el fiscal, Sr. Várela- que le pidiesen a usted, dinero a cambio de una cantidad mucho, mayar... -De momento, no, señor; me entregaban cincuenta mil pesetas... ¿Qué de particular tema que me exigiesen una garantía de cuatrocientas... Pues aquí está el quid del timo. L a víctima encuentra natural que se le exija una suma que afiance su formalidad, su recto proceder, su conducta futura. Y cuando, como ocurrió en, el caso de autos, desenvuelve el pagúete o, desata los nudos del pañuelo- -de esta forma, en un gran pañuelo blanco le dieron a D. Marcos los. goles mejicanos que iban destinados a D Sebastián- -y se encuentra con. algunos recortes de periódicos y varias medallas sin valor, viene. el crujir de dientes y el apretar de puños, reconociendo que, en efecto, la entrega de la fianza fué una gran tontería... Pero... cómpreme usted papel de moscas y eche, a Ojos Ansiosos tras de los billetes... que después de ida la liebre, o dos en la cama: E n la Audiencia E l bueno de don Marcos Madrid. Suponíamos desaparecido del cuadro de delitos contra la propiedad el denominado timo de las misas, pues los fre- Lo que prescribe la ciencia médica p a r a combatir la lerosis. 1 3 H e aquí u n a c a l a m i d a d m u y t e m i b l e a c a u s a de sus c o n s e c u e n c i a s q u e p u e d e n s e r fatales, p e r o q u e es fácil, e v i t a r c u i d á n d o s e a íiempo del artritismo. Se d i c e q u e c a d a u n o t i e n e l a e d a d d e sus a r t e r i a s l a a r t e r i t i s es l a o x i d a c i ó n de l a v i d a y se p u e d e d e c i r q u e envejece a sus v í c t i m a s e s p e c i a l m e n t e c u a n d o u n a v i d a desarreglada, el abuso del trabajo y los p l a c e r e s se j u n t a n a u n a s o b r e p r o d u c ción de á c i d o úrico congénit a o a d q u i r i d a E l m a l e m p i e z a p o r l a tensión h a b i t u a l de las a r t e r i a s d e b i d a a l a a d u l t e r a c i ó n de ta s a n g r e L a c a r a es pálida, e l e n f e r m o se q u e j a de d o l o r e s de c a b e z a c o n z u m b i d o s e n los oídos, h o r m i g u e o e n las p i e r n a s tras- t o r n o s v i s u a l e s v é r t i g o s opresión, s u e ñ a pesado c o n cansancio a l despertarse. E s n e c e s a r i o c u r a r y e v i t a r estos graves, síntomas, c r e a r m e d i a n t e e l e m p l e o d e l U r o d o n a l u n d r e n a j e úrico r e g u l a r q u e b a s t a r á c a s i s i e m p r e p a r a r e b a j a r l a presión a r t e r i a l a p a r t a r l a s congestiones y d i s m i n u i r l a opresión c a r d í a c a a l e j a n d o e l g r a v e p e l i g r o de l a parálisis, s i g u i e n d o e n esto e l c o n s e j o s i g u i e n t e de u n e m i n e n t e t e r a- peuto: M a n i f i e s t o q u e v e n g o e m p l e a n d o el TJro d o n a l e n casos de a r t e r i e s c l e r o s i s y e n otros de diátesis úrica, c o n b u e n o s r e s u l t a d o -D o c t o r José M e g í a y García, d i r e c t o r de l a Clínica L a L a t i n a M a d r i d f FOTOGRABADO GRÁFICO HISPANO GALLEO, 34 Terminada l a brevísima prueba, porque Fernando Díaz no fué visto más que por D Marcos, y, ¡ojalá, no l e viera! sostuvo el fiscal que el hecho constituía un delito de estafa, con la agravante de reincidencia: mas el Sr. Griñán y Gómez estima que su patrocinado debe ser absuelto, ya que, aparte su hoja penal, no hay nada que le perjudique en este asunto ni aún el uso de nombre supuesto. E s la opinión del letrado, o, dicho en términos más castizos, que se cree él eso Respetémoslo... -Manuel Tercero.
 // Cambio Nodo4-Sevilla