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LJ ti 3 LJ EEZ (CONTINUACIÓN) 3 NOVELA, POR ER 1 CH MARÍA REMARQUE. ILUSTRADA POR E. FERRER Alberto mueve enigmáticamente su cabeza. ¿Tiene dinero? Hemos asistido a la boda de. Tjaden, que se ha casado, -A espuertas- -contesta Carlos con cierto respeto. al fin, con la carnicería de caballo, convertida ya en una ver- ¡Muchachos, allí viene Arturo! -exclama Willy alegredadera mina de oro. Kosole y Willy fueron testigos de la mente. ceremonia. Llevaba éste guantes blancos; pero Kosole dio Por la puerta trasera asoma, en efecto, el abrigo de goma, ciento y raya a todos, al presentarse de frac. color amarillo canario, clásico ya en nuestro amigo. Avanza Comimos y bebimos hasta que sólo quedaron en la mesa éste separando a los que acuden a recibirle y saluda con aire huesos mondos y botellas vacias. Hízosenos muy tarde, y protector, a diestro y siniestro, al pasar por entre las mesas, cuando, al cabo, nos encontramos en la calle, propone Alberto como un general en jefe. Me quedo asombrado al contemplar que nos vayamos al café Gráger. la expresión dura y displicente que ha tomado su cara, y que- -Y a hace rato que estará cerrado- -dice Willy. ni aun la sonrisa es bastante a borrar. -Podemos entrar por la puerta de atrás- -insiste Alberto. E l saludo que nos dirige especialmente a nosotros está La verdad- es que ninguno de nosotros tiene- muchas ganas también lleno de altanería, como si ésta quisiera demostrarnos de ir allá; pero Alberto pone en ello tanto empeño que, al que no se le ha esfumado aún el recuerdo de lo del cochino. fin, nos convence y cedemos, no sin que a mí me choque la- -Siéntate, Arturo- ¡e dice Willy, sonriente. insistencia de nuestro amigo, que otras veces es el primero Remolonea Ledderhose; pero no puede resistir a la tentaque quiere irse a casa. Aunque el café Gráger está obscuro y en silencio por su ción de hacernos ver aquí, en su centro de operaciones, en qué fachada principal, cuando penetramos en el patio por el sitio personaje tan importante ha llegado a convertirse. -Sólo un momento- -nos concede, y coge la silla de Alber que indicó Alberto nos encontramos con un enorme bullicio. to, que, como si. buscase a alguien, acaba de escabullirsenos. E l café Gráger es el. punto de cita de los traficantes, y casi Ledderhose manda traer aguardiente y empieza a tratar todos los días yése hasta la madrugada lleno de público. de un negocio de diez mil pares de botas para militar y Compónese una parte del local de pequeños palcos, con cortinajes de terciopelo rojo; este es el departamento que pu- veinte vagones de material viejo, con un individuo que lleva diera llamarse para bebedores. Hállanse corridas casi todas las los dedos cargados de brillantes, y de vez en cuando nos mira con el rabillo del ojo para cerciorarse de que le escuchamos. cortinas, y se escuchan tras ellas risas y chillidos. Alberto pasa a lo largo de los palcos; le han contado una- -Son los reservados Gráger- -advierte Willy, mientras ríe cosa que no acaba de creer, pero que le- trae obsesionado burlonamente, estirando la boca de oreja a oreja. durante todo el día. A l atisbar por la rendija del penúltimo Tomamos asiento en la parte de delante. Está el local re ¡paleo experimenta la sensación de que fueran a descargar pleto de público, y todas las mesas hierven en cabildeos, camsobre él un hacha enorme; vacila un segundo y descorre la balaches, confidencias al oído, chismes y cuentos. Gente rara cortina. y ambigua, de toda jaez: individuos con trajes ingleses y somCopas de champagne y un ramo de rosas sobre la mesa, breros flamantes son conducidos a un rincón por otros, desde la que casi cuelga por el suelo el mantel; y acurrucada en aseados y sin cuello de camisa; otros sacan misteriosamente de lo bolsillos paqúetitos y muestras, que se examinan y se un sil! ton una muchacha rubia, desmelenado el cabello y el vestido en desorden. aceptan o se rechazan, para ser ofrecidas- de nuevo en otro- Lucía! -grita Alberto con todo el fuego de su pasión grupo; aparecen cuadernos de notas; garabatean lápices; hay, amorosa, transformada ahora en un violento estallido de celos. de vez en cuando, quien se lanza al teléfono o se va a la- ¡Alberto! -dice ella, reconociéndole con espanto y como calle, y en el aire espeso de aquel abigarrado pandemónium si en un instante, se le disiparan los vapores del champagne flota el eco de las conversaciones, en que se trata de vagones, que, sin duda, ha injerido con exceso. kilos, manteca, arenques, tocino, dólares, florines, acciones y Reproches, juramentos, disculpas, protestas de inocencia... números. De pronto la voz de Bartscher, que ha abandonado el patio, Muy cerca de nosotros discútese con calor inusitado acerca pregunta desde la cortina: de un vagón de carbón; pero Carlos hace un gesto de repug- -Pero ¿qué pasa aquí? nancia y nos dice: Alberto se queda aturdido ante aquel vientre adiposo que- -Todos estos son negocios en el aire. A lo mejor uno ha oído al relance una cosa, otro sirve de mediador, un tercero cruza la cadena de oro del reloj. Willy, que desde abajo se ha dado cuenta de la presencia interesa a un cuarto, y todos andan de un lado para otro dánde Bartscher en el palco, da un salto de tigre, atropella a unos dose importancia; pero sin que, en el fondo, haya nada efeccuantos y corre a evitar lo que sospecha inminente; pero tivo. Los tales no son sino meros corredores, a caza siempre cuando llega al palco, Alberto, que empuñaba ya su revólver de una comisión. Los verdaderos príncipes del chalaneo hacen de campaña, dispara contra Batscher; la bala hace blanco en sus negocios con uno o dos intermediarios a lo sumo, pero la frente de éste, que se derrumba a plomo. La herida es mormuy bien conocidos y acreditados. Aquel gordo de allá arriba tal. No en balde Alberto fué siempre el mejor tirador de su compró ayer dos vagones de huevos en Polonia, que probablecompañía. mente irán ya camino de Holanda; pasarán. declarados como mercancía distinta para volver luego, a triple precio, como Corremos hacia el lugar de la tragedia, donde Willy se huevos frescos de Holanda, para crudos. Aquellos otros de esfuerza en contener la avalancha de público. Sacamos en delante son traficantes de cocaína, que, naturalmente, ganan volandas a Alberto (que se ha quedado como de piedra ante cantidades fabulosas... Ese de la izquierda es Diederichs, que la muchacha asustada y el cuerpo muerto de Bartscher) y lo sólo trata en tocino y hace también muy buenos negocios. conducimos hasta la calle; doblamos la esquina más próxima- ¡Por culpa, de esos cerdos tenemos que quebrarnos nosy nos detenemos al llegar a una plaza obscura, donde hay dos otros la cabeza! -refunfuña Willy. camiones de mudanzas. -Tienes que huir esta misma noche- -dice Willy, que nos- -Sin ellos te sucedería lo mismo- -replica Carlos- L a ha seguido jadeante. semana pasada vendió al Estado diez barriles de manteca- -Déjame, WilSy- -suplica Alberto, que, como quien desporque se habían echado a perder de tan largo almacenaje. pierta de un sueño, empieza a darse cuenta de la situación- Con el trigo ocun. e lo propio. Bartscher compró hace poco, Yo sé lo que tengo que hacer ahora. por unos cuantos pfennigs, varias cargas que el Estado había- ¿Estás loco? -resuella Kosole. dejado mojarse y casi pudrirse en un cobertizo derruido. -No, Fernando- -replica Alberto con un aire de supremo- ¿Cómo se llama, dices? -preguntó Alberto. cansancio- Quien está a las maduras tiene que estar a las- -Bartscher. Julio Bartscher. duras. ¿Viene por aquí con frecuencia? Y echa a andar lentamente seguido de Willy, que aún trata- -Creo que sí- -dice Carlos- ¿Es que quieres hacer con de disuadirle, hasta doblar la esquina. de Mühlenstrasse. él algún negocio? 4 r
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