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A B C. V I E R N E S 30 D E E N E R O D E 1931 EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 22 es, las ya consumadas: por éso, porque es- co, evidentemente; sin embargo, urge mutaban irrevocablemente consumadas Pero chísimo más una ley agraria: la parcelaintentó desnaturalizarías o desprestigiarlas. ción de latifundios- -no de todos, n i mucho Caso típico, el financiero. menos- -borraría de gran parte de la faz española el fantasma comunista. Y con eso Los hados reservaron al año 1930 el trisno basta; precisa cristianizar más el conte espectáculo de un ministro del Rey entrato de arrendamiento, avanzando en el catregado con patológico sibaritismo al sabomino iniciado por la Dictadura para que la tage de una Hacienda que recibía sjn taras tierra, medula. social de. España, sea preni dolencias. ¡Y fué de ver el estrépito con servada de los derrotismos disolventes proque le acompañaron, en inconsciente algaraseguir sin respiro la lucha contra el analbía, gentes frenéticas e impulsivas; fabetismo, prodigando escuelas a voleo y E l daño es irremediable. pero, la verdad maestros a manos llenas; atacar con denuese ha abierto paso. Y esta Rehabilitación do las taras fisiológicas de la raza, sin ceprevista borra en m i áninio el menor vesjar en la cruzada sanitaria que también tigio de aquellos acerbos instantes. lleva el marchamo de uno de nuestros homLas palabras con que el Sr. Wais ha nobres: el general Martínez A n i d o y forzar tificado aí país la liquidación provisional del la producción agrícola e industrial españcfc ejercicio de 1.930. son una ejecutoria de nuestra honrada. veracidad y el mentís más ro- la, concluyendo cuanto antes los magnos planes de irrigación en que el conde de tundo a los funestos malabarismos numéGuadalhorce- ha vertido su genio optimista, ricos en que. el Sr. Arguelles estuvo a puny dando armas al comerciante y a l fabrito de hundir el crédito público. cante paía la lucha por los mercados exteriores N o soy quietista. M e parece absurda la Padece España- un elevado nivel de preintangibiíidad de la Constitución de 1876; pero igualmente absurdo e l propósito de cios; pero sería fatal quererlo rebajar abaratando la mano- de obra. Esos jornales. que substituirla totalmente. Quiero decir que el tan altos parecen, sólo suelen asegurar en futuro de España no depende. de que mue- las capitales un oprimido pasar. E n el camra o sobreviva esa Constitución, sino de po, bastante menos que esto. E importa muotros muchos factores esencialmente ajenos cho acrecer la capacidad, media de consumo, a ella. lejos de atenuarla. P o r ello hemos deponer Depende, ante todo, de que exista un prinla mirada en el rendimiento de trabajo. Procipio de autoridad rígida. N o me execren ducir más; he aquí el santo y seña que debe los adversarios que me lean, si alguno hace lanzarse a los cuatro vientos. A l obrero, al compatible su encono con la lectura de. esindustrial, al agricultor. tos renglones. P o r mucha que sea la enerTodo ello, naturalmente, requiere una gía de un Gobierno monárquico, no alcangran tranquilidad material. L a revulsión zará, seguramente, el grado de la que i n violenta del orden jurídico político sólo serexorablemente desplegaría la República esviría para retroceder diez, veinte años, en la pañola, si algún día se instaurara. evolución económica. de España, y, cuando Dependerá, despuéSj de que el Gobierno menos, para sumirnos en una quietud desesfuerte viva en el Parlamento, sin estorbarle, perante, mientras el resto del mundo contipero también sin esclavizarse a él. nuaría su incesante avance. S i la RepúY luego, de que afronte con máxima tenblica ha de ser conservadora no nos sión los problemas palpitantes, febriles, de ciará nada que no. pueda lograrse en la M o la economía nacional, postergando a ellos narquía; si ha de ser soviética, nos traerá todos los bizantinismos. algo que pugna con la civilización cristiana Creo que el PocJer moderador debe rey l a dignidad humana. ducir al mínimo sus atribuciones- -en beneficio de quien lo encarne tanto como en el del país- Los posibles casos de personal Reine, pues, la paz. Primo de Rivera supo intervención han de cargarse en la cuenta asegurarla con un manotazo v i r i l y talende los políticos que supieron suscitar, loar tudo, que le permitió relegar a margen sey sacar provecho de la simpatía real. Bien cundario esas múltiples deformaciones de la está que el Rey reine alejado de partidisnormalidad política, que eran como una camos pero para ello es menester que los ries jurídica en España: huelgas, pistolepartidos se forjen en el comido y sin buscar rismo, Juntas de defensa, esterilidad parlael más tenue calor, en las alturas. P o r mentaria, conjuras de. camarilla política, etc. que los caudillos monárquicos deben ser en etcétera. Ño es, pues, tan difícil conquisPalacio los embajadores del pueblo, y no tarla. Pero téngase por axiomático que si ante el pueblo meros emisarios del Rey. algún día se perdiese, el país la preferiría a toda otra concesión o regalo del P o Estimo ineludible buscar solución para der público. otro problema, de suyo vidrioso: el militar. L o s cuadros de mando de nuestro Ejército adolecen de hipertrofia. Mientras no se reE s también este libro una rendición de duzcan, el presupuesto soportará un lastre cuentas, pues sé que se las debo a í país, agobiante; la normalidad política, un deriso aunque nadie me las pidiera; pero sé tampeligro. bién distinguir cómo procede la opinión nacional, y el vendaval deleznable con que Primo. de R i v e r a se sublevó, acaso; pero ciertos escribas, entre aviesos y farisaicos, sin quebrantar la disciplina interna del Ejérvienen sobreexcitando el pulso popular con cito. Ahora, los adalides del civilismo rela fiebre de un responsabilismo iracundo. publicano acuden a los cuarteles en busca de aliados de acción. ¡Enorme inconscienNadie más interesado que nosotros miscia! E l levantamiento de clases y oficiales mos- en la depuración de las supuestas ressólo puede conducir al- caos soviético. S i ponsabilidades dictatoriales. Y no aludo a el que se alza, además de recoger un anhelo las de orden político, a m i ver. inexistentes, nacional- -caso de 1933- es cabeza visiso pena de convertir én reos a! 80 por TOO ble de la organización castrense, como lo de los españoles, culpables también, ya a tíera Primo de Rivera, la disciplina militar tulo de progenitores, ya de consentidores de permanece intacta. S i son subalternos y la Dictadura. sargentos, esa disciplina salta en m i l añiE n las de gestión, que acaso tuvieran reacos. H a y que impedir la doble pavorosa lidad substantiva si el vaho, mefítico de la contingencia; y uno de los medios de conmaledicencia, prodigado en torno- a nuestra seguirlo sería achicar el esquema militar obra, no. fuese una de las más grandes: mende España para: que su propia desproportiras políticas del siglo xx, exigimos, lejos ción no incite a la hegemonía. de rehuirlo, un escudriñamiento minucioso, Pero donde el Poder público tiene que implacable. N o más neblinas propensas a la actuar con inusitada fuerza es en el orden agitación de espíritus y el confunsionismo- de ecKaómico. Urgen una ley de Prensa, una conceptos: claridad, mucha claridad: he. ahí ley de Reuniones, ur. a ley de Orden públinuestro lema. Sin. jactancia, que sería vana. Simplemente con entereza: la que cuBiple a hombres honrados, que abrigan la profunda convicción de haber servido a su Patria con abnegación y limpieza. A l repasar. mi actuación siento una profunda tranquilidad de conciencia. N o porque crea haber acertado siempre; sí porque estoy seguro de haberme inspirado en dictados de suprema rectitud y sobrio patriotismo en todo momento. N o he adulado jamás al Monarca, n i a l dictador, ni al país, ni menos aún a las clases pudientes. Ante el Rey fui ministro constitucional, porque jamás vacilé en mantener incólumes mis iniciativas, que siempre lograron la sanción del Poder moderador. Ante el dictador fui colaborador leal, amigo adictísimo, admirador entrañable. Coincidí con él en lo substantivo; disentí algunas veces. Pero nunca eludí el mejor de los rendimientos que puede prestarse a un hombre todopoderoso: la sinceridad. Ante el país fui veraz y resuelto, desplegando un rigor fiscal implacable, aun a sabiendas de que de él procurarían extraer frondas de vitalicia impopularidad mis adversarios políticos. Y ante ciertos sectores de potentados fui víctima propiciatoria, quizá porque pensaba y sigo pensando que el mayor de los cataclismos que pueden sobrevenir en España- -una revolución social- -hallará su raíz, en l a intransigencia quiritaria de que hacen gala ¡aún! muchas familias y personajes... Y o habría querido que la Dictadura tuviese, políticamente, desenvolvimiento y tránsito diferentes de los que logró Pero, a pesar de esto, lejos de arrepentirme, me enorgullezco de haber aportado mi insignificante esfuerzo á la gigantesca empresa en que el general P r i m o de Rivera volcó sus intuiciones de estadista y los felicísimos frutos de una inteligencia ciclópea y una sed infinita de hacer el bien. 3, su Patria... L a Dictadura, labró honda huella en el alma nacional. Huella, de renacimiento, entraña de superación. Decía M a r x que así como no es posible formar, juicio de una persona por la idea que ella se merece a si misma, es igualmente imposible formar j u i cio de un pueblo por lá conciencia que tiene de sí mismo mientras vive un período evolutivo. E s verdad. Y por eso la. mejor interpretación de una evolución histórica será lá que se haga a mayor distancia: sea en el espacio, sea en el tiempo. H a n percibido y admirado antes que nadie la vibrante eficiencia del ciclo primorriveriata nuestros emigrados en América. L a recibirán y agradecerán con emoción. nuestros hijos y nietos. Separados de nosotros aquéllos y, éstos- -ya geográfica, ya cronológicamente- su visión será lustral y transparente; brotará de un cielo raso y en una atmósfera sin miasmas, y tributará a í gran español y militar esas íntimas pleitesías de gratitud recogida que ahora regatean la política con aus ruindades y los políticos con sus telarañas... -José Calvo Sotelo. EXPLOSIÓN EN. UNA MI N A T r e i n t a muertos Linton (Estado de Indiana) 29, 1 tarde. E n una mina de esta región se produjo ayer una catástrofe, a consecuencia de una explosión de origen aún no determinado, pue según unos, obedeció a la inflamación de 600 libras de pólvora negra, y según otros, al estallido de un. gasómetro. E n la mina trabajaban 32 obreros. Dos han conseguido salvarse, y los demás, perecieron por aplastamiento y quemaduras 2 asfixia.