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CÓRDOBA. E N E L A T E N E O CORDOBÉS RODEADO EL CATEDRÁTICO D E L INSTITUTO NACIONAL; SR. JAÉN MOREN T E AL TERMINAR SU INTERESANTE CONFERENCIA, D E ESTUDIANTES Y OTROS DISTINGUIDOS CONCURRENTES. (POTO SANTOS) con el español de ahora el viejo castellano sefardita. L a labor a realizar no es fácil, sin embargo. ¡Qué dolor- -me dice el ministro de España, marqués de Aycinena- pensar que, a pesar de todas las exaltaciones líricas y sentimentales, la realidad. nos muestre fríamente las dificultades que existen para la compensación, después de una separación y un olvido de tantos siglos! A pesar de los obstáculos, los sefarditas españolee merecen atención; la merecen porque desde hace siglos han guardado la voz lejana de España, con su avaricia proverbial, como un viejo oro inapreciable. CÓRDOBA. E N E L CUARTEL D E SAN R A F A E L JURA D E LA BANDERA POR LOS RECLUTAS D E CUOTA D E L REGIMIENTO D E LA REINA Y D E L D E ARTILLERÍA D E A PIE, NUMERO 2. (FOTO SANTOS) poránea de las casullas que doran las vitrinas, de los libros de coro de iniciales iluminadas. Gracias a estos sefarditas españoles, junto al Danubio gris y helado, de carbón y petróleo, -esuena la clara voz del Tajo lírico y añil. Uno de ellos habla, añora la Castilla de los trigos, la Andalucía florida, 1? Cataluña marinera y mercantil, el Aragón frutero... Habla y le tiembla el viejo castellano ingenuo en la garganta; los demás le escuchan reconcentrados, ilusionados; para estos sefarditas la tierra prometida no es ya la Palestina de las palmeras, los camellos y las rosas de Jericó, sino nuestra España (greda roja, viñas, molinos) Banqueros de Bucarest, comerciantes de Rustchoukj de Sofía, de Salónica, finos, mun- danos, bajo sus fracs irreprochable? yo adivino esta noche toscas telas medievales de mercaderes del Zocodover. Mientras hablan los imagino en las calles toledanas, discutiendo con los mesnaderos el orecio de una espada, vendiendo en el barrio de los Plateros joyas árabes a Don Lope, a Don García, bajo un candil de aceite, junto al cofre del Cid, lleno de arena. Suenan dé nuevo los violines. U n sefardita dice, la copa en alto: Que Dios dé al Rey Alfonso caminos Buenos todos sé levantan y aplauden a España. Pero esta vez España no los ha abandonado. A Estambul, a Bulgaria, a Salónica acaban de ser enviados lectores de español. Hace unos días llegó a Bucarest el joven e inteligente profesor D. Evaristo Correa Calderón, que traí la m i s i ó n de modernizar Se podría establecer una ecuación lírica: Traj ano es a Rumania lo que Colón a América. Y como el navegante gálaicogenoyés, el alegre andaluz de Itálica, amante de los vinos y de las bailarinas de Cádiz, es la víctima obligada de los discursos hispanófilos. Y es inútil que el César de los Cárpatos amado de Basterra, se esconda, temeroso, en la franja de oro de los menús Q en el corcho del champagne de los brindis: invariablemente, tras tel ruido de la cucharilla sobre la copa vacía, el pobre emperador latino tiene que desfilar en cada banquete sobre los helados, las frutas y las flores, al frente de sus legiones invencibles. No creáis, sin embarco, que, por ser T r a jano un lugar común de la oratoria, deja de ser una- realidad viva. Sentado en un café de la calle Victoria, viendo pasar este pueblo tan semejante al nuestro, vivo, alegre, hablador, con nuestras mismas facciones, de una talla semejante a la española, se piensa que alguna vez la Historia deja de ser una novela mal escita. Yo os aseguro que se siente cierta emoción al llegar como un Robinson, naufragado del Oriente Express, a esta isla latina, rodeada de mares eslavos. Llega uno de países diferentes, cuyo alfabeto cirílico nos araña los ojos; de razas altas v reconcentradas, y de pronto, ai tomar un coche, oís al- ochero un Domnule claro, latino, alegre, que evoca el dominus de nuestra misa y nuestro lat r ingenuo del Bachillerato. Entonces el pequeño Trajano de los banquetes se agiganta y cubre toda la Dacia. Traj ano E L CONDE D E FOXA
 // Cambio Nodo4-Sevilla