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Relato de ios acontecimientos en que intervino durante la guerra. (CONTINUACIÓN) Pedí al. general Pétain que dispusiese el. mantenimiento, a retaguardia del destacamento deLEjército del Norte, de tres divisiones francesas, frescas, en tanto que la violencia de los ataques alemanes lo exigiera, dejando a cuatro divisiones del décimo Ejército en las regiones de Doullens- Saint- Pol para atender a lo imprevisto. E l 29 de abril el enemigo atacó al monte Rojo, al Negro y al Scherpenberg, siendo rechazado. El 8 de mayo emprendió un ataque en un frente de tres kilómetros al Sudeste de Dickebusch. ué una acción aislada y sin continuación. Termina la batalla de Flandes. La batalla de Flandes estaba terminada. Había obligado durante más de un mes a esfuerzos violentos y constantes. E l avance alemán representaba una penetración menor que la de fin de marzo en el Somme; pero es que su objetivo, la costa, estaba aquí más próximo, y que, por un manejo más rápido de las tropas, habíamos llegado a resistir y a detener sus impulsos. E l peligro de ser lanzados al mar obligaba a los- Ejércitos aliados a combatir en su primera línea, y les impedía una resistencia de fondo la falta de terreno para maniobrar. La dificultad de reforzar a tiempo el. extremo Norte del vasto frente aliado, fuertemente conmovido, ofreció en algunos momentos graves riesgos. De todos modos, si el avance no había proporcionado a Alemania la totalidad de los resultados estratégicos a que aspiraba, podía volver a empezar. Acaso al enemigo le interesaría emprender nuevamente la marcha para ganar a todo trance las costas de la Mancha y multiplicar sobre este mar sus empresas submarinas, trastornando las comunicaciones con Inglaterray aislando el poderío británico. Y a había obtenido resultados lácticos que, para los aliados, se saldaban con perjuicios indiscutibles. Además de sensibles mermas de terreno, los montes de Flandes (Rojo, Negro y Scherpenberg) bases de la defensa aliada en el Norte, quedaban bajo la inmediata amenaza de los alemanes, ya dueños de Kemmel. Era indispensable asegurar la conservación de estas bases, so pena de ver nuestra defensa lamentablemente comprometida. Llamé, pues, la atención del general De Mitry sóbrela necesidad, no sólo de organizar. sólidamente la defensa de los montes, sino de extender la ocupación para impedir al enemigo el cerco de las cumbres y el acceso a los collados. Las. operaciones de detalle, ejecutadas con este objeto por el destacamento del Ejército del Norte el 4 de mayo, permitieron obtener algún progreso. No me hartaba tampoco de insistir en la necesidad de la resistencia en. el terreno, costase lo que costase, sin emprender voluntariamente repliegues. Tracé nuevamente la línea de conducta a seguir, y; ordené que no se efectuase ningún repliegue importante sin someterlo previamente, a mi aprobación. Volví a, examinar la cuestión en conjunto y fijé; en. lina nota las reglas para la organización de la batalla defensiva, a fin de que de la unidad de doctrina surgiera en los aliados la unidad de la acción. Otra consecuencia de la batalla de Flandes fué la de dejar a- la cuenca hullera de Bethune sometida al fuego de la artillería ale- mana. Profundas perturbaciones se ocasionaron por ello en la- explotación, de estas minas! y, por. ende, -en las fábricas militares y en los ferrocarriles por ellas abastecidos. La batalla de Flandes, finalmente, produjo considerable desgaste de efectivos. Las reservas inglesas se habían liquidado, y las reservas, francesas enviadas para refuerzo de, las británicas se elevaban ya a diez divisiones. Para permitir al general Pétain. reconstituir nuestras reservas sin debilitar su primera línea, obtuve del mariscal Haig que las divisiones inglesas retiradas de la batalla se situasen en un sector del frente francés, momentáneamente tranquiló, reemplazando así a unidades: francesas que irían a reconstituir reservas. Otra consecuencia, ya mencionada, de las batallas que. se libraban desde hacía un mes, fué el desequilibrio introducido en el dispositivo general de las fuerzas francesas. A l principio de mayo, 47 divisiones se encontraban al Norte del Oise (23 en primera, linea y 24 en la reserva) No quedaban, más que 55. para guarnecer ...jde el Oise hasta la frontera enemiga, a saber 43 en primera linea y 12 en la reserva. E l general Pétain me llamó la atención acerca de los peligros que esta situación ofrecía. Después de haber valuado el desgaste intenso del Ej Irrito británico, y en previsión de las consecuencias temibles que podían resultar para Jos aliados de la renovación del ataque alemán, siempre posible, del Oise al Lys, mantuve un grupo de cuatro divisio- nes al Norte del- Somme, y otro igual al Sur, sin perjuicio de las unidades que envié a Flandes para reforzar al destacamento del Ejército del Norte. A la vez hice todo lo posible para facilitar el trabajo del mando francés; apelé a las tropas norteamericanas y pedí que sus divisiones entrasen lo más pronto posible en batalla o en los sectores tranquilos. Y a la primera división norteamericana había sido encajada el 26 de abril en el frente del primer Ejército francés, y dio. muy pronto prueba de sus capacidades militares tomando por asalto el pueblo de Cantigny (23- de mayo) Pedí al propio general Pershings que sus divisiones 35, 43 y segunda fuesen enviadas lo más pronto posible al frente de batalla; que la Infantería de las divisiones norteamericanas 32, tercera y quinta fuesen empleadas en reforzar las divisiones francesas recientemente castigadas, en la lucha y les permitiese así entrar rápidamente en. los sectores tranquilos. Reducíamos, al mismo tiempo, las exigencias y empresas del destacamento del Elército del Norte. Las elevadas pérdidas que sufrió resultaban desproporcionadas en relación con los resultados tácticos obtenidos, y, aun teniendo muy en cuenta las duras condiciones de la lucha sostenida en Flandes, especialmente desde l a intensificación de los bombardeos con gases tóxicos, era evidente que las pérdidas debíanse en mucha parte a la inexperiencia de la tropa y a la falta de vigilancia del mando. Se invitó al general Pétain a proceder a la instrucción de pequenas unidades de Infantería y Artillería. Sin embargo, a pesar del ingenio desplegado por el Alto Mando para afrontar las exigencias de la batalla, un problema capital se imponía en la situación general de los Ejércitos aliados en Francia al mediar la primavera de 1918: el problema de los efectivos. L a cuestión de los efectivos de los Ejércitos aliados en Francia. I. Ejército británico. -Apenas repuesto de las sangrientas per- didas que le habían causado sus ofensivas de 1917, el Ejército bri- tánico, en la primavera de 1918, sufrió, golpe tras golpe, dos prue bas formidables: la ofensiva alemana sobre Arrás- Amiens, iniciada el 21 de marzo, y la ofensiva alemana de Flandes, comenzada el 9 de abril. La primera le costó 120.000 hombres y la segunda elevó esta cifra a cerca de 300.000, entre ellos 14.000 oficiales. I Los. esfuerzos enviados desde Inglaterra estaban lejos de compensar semejantes bajas, sobre todo en los cuadros de oficialidad. Es cierto que se podía contar, para julio y agosto, con una importante recuperación de heridos de las primeras batallas, y que podía, preverse igualmente que, para esa época, las leyes militares recientemente votadas por el Parlamento inglés producirían su efecto; pero hasta entonces, ¿cómo salvar el déficit enorme que afectaba, a los efectivos británicos? i No hallando otra solución- al problema, el mariscal Haig se re- signó a suprimir las divisiones que no podía volver a completar: cinco después de la ofensiva alemana del Somme y cuatro a con- i tinuación de la batalla de Flandes. E l Ejército británico quedaría: reducido a 51 divisiones de combate. 1 La desaparición de número tan elevado de divisiones ofrecía, ¡entre otras consecuencias graves, la de disminuir el total de las reservas aliadas en el mismo memento en que las disponibilidades j alemanas aumentaban (1) ¡Intervine el 11 de mayo para pedir al mariscal Haig que ase- 1 gurase la conservación de todas las divisiones, indicándole los me- ¡dios que, a mi juicio, permitirían obtener ese resultado; pero el j mariscal declaró irrealizable mi propuesta. Le, invité entonces a reconstituir, por lo menos, algunas de las divisiones que había deci- l dido. suprimir. Hablé con el general Wilson en Abbevüje durante la jornada de 20 de mayo, mostrándole la necesidad imperiosa de completar la totalidad de las divisiones británicas. E l general Wilson se declaró enteramente de acuerdo conmigo y me anunció poco después que el Gobierno inglés había decidido enviar a Francia 70.000 hombres más de lo previsto. Mientras tanto e! ataque alemán del 27 de mayo contru el camino de las Damas abrió nueva brecha en los efectivos ingleses; las cinco divisiones británicas engibadas en este ataque sufrieron pérdidas elevadas. Me dirigí inmediatamente al general Wilson nidiéndole, encarta particular, que activase el reemplazo del Ejército inglés. 1! (1) Según cálculos del Estado Mayor francés, estas disponi- bilidades se elevaban a 69 divisiones el 25 de abril, a 70. dSyisiSti r. és el 10 de mayo y a 81 el 19 de mayo.
 // Cambio Nodo4-Sevilla