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A B C. S Á B A D O 21 D E F E B R E R (5 D E 31 EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 16 por complicados canales que bordean grandes plantíos de alhelíes, de claveles, dé violetas, de rosas blancas. Unos arbolillos de traza ligera, muy parecidos a los chopos, aunque más ágiles y esbeltos, crecen en los linderos de los huertos y sobre el mismo margen del agua, formando a distancia una especie de bosque que ayuda al misterio y el encanto del sitio. L a vieja raza de hortelanos que habita en Xochimilco posee, sin duda, un delicado sentido de la belleza; encargados de proveer de flores a la populosa y exigente ciudad de Méjico, todavía se esmeran en adornar con arcos y doseles floridos las barquitas que brindan a los paseantes. Barcas floridas, en las que, con toda comodidad, pueden comer y libar los paseantes, mientras el batelero los interna por l a intrincada y, poética maraña de los canalillos. Los indígenas, por su parte, utilizan unas canoas O piraguas de una pequenez inverosímil; no obstante sus diminutas proporciones, los tácitos hortelanos suelen conducir en ellas grandes montones de frescas y exuberantes hortalizas recién cortadas. Son, por lo general, unos hombres de presencia hermosa, vistiendo calzón y guayabera de lienzo blanco y gran sombrero de paja a. la mejicana. Remangado a veces el calzón hasta la m i tad del muslo y mostrando su piel de. acentuado color cobrizo, semejan cultivadores j a poneses, anamitas o hawaianos. Algunas mujeres, a bordo de sus frágiles canoas, acuden a ofrecer grandes ramos de aromosas violetas, y proponen su oferta con ese hablar suavísimo, humilde y cariñoso que es peculiar en el bajo pueblo mejicano. U n a de las vendedoras, más joven y dulce que las demás, muestra un rostro de singular y exótica hermosura, unos ojos grandes y una dentadura blanquísima, y es la única que se resuelve a sonreír, como convencida de su racial distinción. ¿N o quiere llevarme estas flores, patrón? ¿N o quiere, patrón, unas florecitas... Su aspecto de india pura parece un milagro de permanencia. Los s i glos lían volcado sus cambios, sus transformaciones sus afanes sobre Xochimilco, sin afectar casi esencialmente a esa hermosa mujer qu ahora mismo vive y recoge flores como hacían sus antepasadas en tiempos de Moctezuma. L a vulgaridad ha vertido también aquí, como en otros famosos lugares de peregrinación turística, como en Venecia. o Ñapóles, esas parejas de enamorados para uso del Kodak manual, a esos grupos de expedicionarios que vienen a celebrar banquetes con pretensiones poéticas. Hasta se ven instalados merenderos, con sus indispensables salones de baile. E n los domingos no faltarán orquestas, pianos de manubrio y ruidosas fiestas familiares. o banquetes de boda. Pero el auténtico encanto del sitio tiene más fuerza que todo. E n un día como éste, exento de aglomeración festival, X o chimilco- es un lugar de maravilla y una invitación al ensueño. L a dulzura y serenidad de la atmósfera se corresponden de admirable modo con la natural y profunda poesía de los canales bordeados de flores. L a barca penetra por la angostura de las vías acuáticas, abandona los grandes canales y se pierde en un dédalo de huertos y jardines flotantes, mientras el hondo silencio es interrumpido apenas por el chapoteo de los remos o algún canto de ave entre los trémulos arbolillos de las orillas. Uno se siente como que va perdido, alejándose de la vida moderna y hundiéndose en la distancia, lo mismo temporal que espacial. Y que alguna especie de hada de la remota mitología indígena se propone arrastrar nuestra barca dulcemente a misteriosos parajes, en, cantadores y terribles, de los que ya no se; pueda nunca regresar. JOSÉ M a adñíirar es sir belleza de hoy sabiéndola tan fugaz y transitoria, -y sabiendo además, que en estos ensayos que el viejo mudo L o s arascacielos déla ciudad baja resuelve sobra el papel, Nueva Y o r k es ca- Los rascacielos del bajo Nueva Y o r k no paz de gastarse- cuarenta y eirico millonesde dólares. -son solamente los edificios más altos del mundo n i los más caros, n i los mejores, JULIO C A M B A ni los peores, sino que, además, son los Nueva Y o r k enero, 1931. más viejos. ¿De qué pasado remoto salen todos estos espectros? ¿A qué tumbas prehistóricas han E N LOS JARDINES D E sido arrancadas unas momias semejantes? XOCHIMILCO ¿Qué diluvio universal han conseguido evadir tales dinosauros arquitectónicos? Ello es que no hay en todo el orbe esN o t a s de un pasajero tructuras que produzcan mayor impresión Desde mi llegada a Méjico empezó a perde arcaísmo y vetustez. Las pirámides egipseguirme el sugestivo nombre indígena. cias 110 son viejas. A l contrario. Con sus ¡Xochimilco! ¿No ha visitado usted X o tres o cuatro m i l años bien corridos conschimilco... A h o r a ya puedo afirmar que. tituyen todavía la última palabra en cueshe pasado por uno de los lugares más entión de pirámides, y quien habla de las p i cantadores de la tierra. L a fortuna quiso, rámides egipcias habla de los templos maademás depararme un día tibio, dulce, de cieyas, o de las Catedrales románicas o gótilo entrevelado y de atmósfera singularcas. ¿Conciben ustedes una Catedral romámente encalmada, que permitía a las monnica más a la moderna que la Catedral de tañas próximas destacarse con una limpia Santiago, o una Catedral gótica más vanfinura. guardista que la Catedral de Burgos? Pero el amigo que me acompañaba, el culE n cambio, yo. no concibo vejestorios to licenciado D. Alejandro Quijano, orgamayores que. estos rascacielos de hace cinnizó la excursión de manera tan inteligenco, diez, quince y veinte años, cada uno te, que antes de sumergirme en la delicia i n de los cuales marca el período de transidiana de Xochimilco. me hizo reposar en el ción hacia ctro, y equivale al judío chato viejo y venerable convento de Chorubusco, o al negro barbudo, tan populares en Nuereliquia de la más noble arquitectura colova York. Desde luego, hay que reconocer nial. E l convento se halla semiarruinado. que la fealdad de estos rascacielos es, en Fué construido en pleno siglo x v i por la gran parte, culpa de Europa. Cuando los piedad y con el dinero de los- primeros conamericanos empezaron a construirlos, E u quistadores; después los siglos volcaron s o ropa se les echó encima diciéndoles que bre él sus injurias sin perdonar los ultrajes eran unos bárbaros, y que aquellas estrucde la guerra. Aquí, entre estos tapiales, se turas, puramente utilitarias, constituían un ventiló, efectivamente, una de las más san- atentado a la belleza. L a gritería fué tal grientas y heroicas batallas de aquella i n que los americanos, perdido el valor de sus convicciones, -cuando hacían una casa de, fausta y desproporcionada guerra que tuvo cincuenta pisos la disfrazaban de- templo que reñir Méjico contra los Estados Unidos en la primera mitad del siglo x i x L o s cagriego, a ver si pasaba, y cuando edificañonazos y los incendios, la obra del tiempo ban una estación de ferrocarril la revestían, para disimular, de Giralda de Sevi- destructor han quebrantado al hermoso conHa. Imagínense ustedes el resultado. L a vento colonial. S i n embargo, su parte esencial queda todavía firme, y los cuidados reciudad baja de Nueva Y o r k vista un doparadores del Gobierno tienden ahora a conmingo, cuando los edificios están vacíos vertirle en un Museo, que está, desde luego, y nadie transita por las calles, parece un rebosando simpatía y artístico e histórico i n cementerio de monstruos, algo así como un terés. A los pocos kilómetros de distancia se corte geológico que dejase al descubierto encuentra Xochimilco. fósiles gigantescos de las épocas más d i E s como un salto, como una caída brusca versas. en el paisaje y en el tono de la civilizaLos rascacielos del bajo Nueva Y o r k ción. Repentinamente se pasa de la culcarecen de estilo, y al decir estilo no me tura cristiana y señorial, de los viejos conrefiero tan sólo a la apariencia externa, sino ventos y sombrosos parques de las casas a todo: a la apariencia externa, a la funde campo de las antiguas familias meción interna y a la relación entre una y jicanas a un paraje ingenuo, en que el i n otra. H o y un rascacielos de hace diez años dio trabaja y vive an el seno completamenresulta tan anticuado por dentro como por te de la Naturaleza. De estos contrastes está fuera. Consideren ustedes que el rascacielleno Méjico, y por lo mismo resulta un país los es uña máquina, y que las máquinas tan hermoso, tan interesante y variado, tan envejecen en cuanto son superadas por rico en sugestiones para un alma curiosa e otras. ¿Qué es lo que les produce a usteinteligente. des una impresión de mayor anacronismo: L a entrada en Xochimilco produce un un hombre a caballo o un hombre montado efecto de jubiloso estupor. H a n comparaen un triciclo? Pues los ascensores del S i n do al sitio con Venecia, y sólo faltan, realger Building, por ejemplo, son, como si d i mente, los palacios de mármol de la ciudad jéramos, los triciclos de los ascensores, y adriática para que el parecido fuera coma su lado resultaría moderna la escalinata pleto. Pero aquí hay algo que acaso valde piedra más carcomida por los siglos. ga más que las nobles mansiones marmóPoco a poco, sin embargo, el rascacielos reas. Los palacios están substituidos por i n va encontrando su forma. N o digo yo que numerables planteles de flores, y el pasajee l E m p i r e State Building, cuya inauguraro encantado, puede navegar hora tras hora ción se verificará dentro dé un par de meses, no resulte anticuado el día de mañana, pero jamás resultará tan anticuado en relación a ningún rascacielos futuro como el mismo Woolworth Building en relación a él. P o r de pronto, el rascacielos no E M i R E S A D E AUTOMÓVILES tiene ya aquel complejo de inferioridad que Servicio óiraio de automóviles de Sevilla le hacía avergonzarse de sí mismo. Y a no se esconde. Y a no se disfraza de Catedral, a Herrera y Puente Geni! por Puebla de Cazalla y Osuna. Salida de Sevilla, a las gótica n i de terma romana, sino que va siete de la mañana (Puerta de la Carne) directamente a buscar su propia forma de Llegada a Puente Geni! a las once y cuaexpresión. renta y cinco minutos. Salida de Puente Y si el Empire State Building resulta Genil, a las tres y treinta de l a tarde. L l e gada a Sevilla, a laa ocho de l a noche. anticuado el día de mañana, tanto más de A B C E N N U E V A YORK R Af. A. Él DIA- Z SALAVERRI Méjico, enero, 1931.
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