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1 a España q u e produce. Par, orden, trabajo. C 1 AN- I31 A. El. PUERTO. (FOTO IBAÑEZ) Quien con el deseo de informarse re- conversación con los usuarios de- sus l í tobuses afluyen a Valencia desde los pueduciendo a expresiones numéricas el pro- neas. Como quiera que sea, la omisión- -más blos comarcanos. U n t r á f a g o semejante sugreso de una de las m á s bellas regiones de ostensible por la conducta de las Compañías giere a quien no lo ha visto la idea del traEspaña- -en reacción instintiva contra las extranjeras- -no pasa inadvertida n i es es- bajo sórdido, de las polvaredas, de las h u propagandas siniestras encaminadas a des- timada precisamente como una prueba de maredas. Pero no hay que olvidar que esalentar y entenebrecer l a conciencia públi- consideración por parte de los interesados. tas labores tienen un sabor geórgico, enca- -venga aquí, podrá realizar fácilmente Todo esto, s i n embargo, que en otro am- tre huertos frondosos precisamente en plesu tarea, porque éste no es país que aguarde biente daría un cariz. torvo al espíritu re- no invierno; todo es manipular árboles, sede Ja pubücidal favor: se contenta con. que gional y seria motivo para reproches y ac- millas y frutos, bajo el límpido cielo del se íc haga justicia, Y para merecerla le pla- titudes agresivas, aquí queda diluido en l a país donde florece el naranjo L a preocuce y 1 c basta mostrar los índices de su en- satisfacción general que proporciona la r i- pación estética peculiar de una raza habigrandecimiento y hacer observar que no se queza bien lograda, obtenida en la m á s pa- tuada a v i v i r en la abundancia desde tiemha logrado, ni en la m á s nimia parte, a cos- cífica de las contiendas internacionales. pos lejanos se manifiesta hasta en la ornata del resto de j a nación, sino, al contrario. Cuando, al término de una excursión por mentación inútil de los vallados, oferta de sirviendo pacientemente de sostén a una po- esa zona que v á desde la capital a Gandía, arte hecha graciosamente al viajero que lítica económica orientada centra sus pro- hube admirado la escrupulosidad de los cul- pasa; unas veces los cercados son cortinas pios intereses. tivos y el orden de los millones de árboles de cipreses, recortados geométricamente, E n efecto, de la naranja, que constituye, cuidados como ejemplares de jardinería, qui- como en los jardines del Renacimiento itasi no la única, la principal riqueza, Espa- se informarme del precio de la tierra dedi- liano; en otros parajes los- huertos, á lo largo de las carreteras, están plantados a l ñ a no! e consume sino una porción peque- cada a naranjales. ña. E l mercado nacional es a Valencia me- -P o r término medio la hectárea se paga exterior de rosales, y parecen avenidas de parques urbanos; hasta en las márgenes de nos asequible cine el de Noruega. Dificul- de cincuenta a sesenta m i l pesetas. tad y carestía de los transportes ferroviaN o se mide por hectáreas, sino por ha- los sembrados de legumbres, para encuarios, porque nuestras Compañías no pue- negadas, aunque mi interlocutor me hacía drarlos y dividirlos, se cultivan flores. E s como si hasta el agricultor menos culto y den, sin duda, abaratar sus tarifas. E s a es la reducción de unas a otras mesuras. cuestión compleja que sería ligereza cen- -A ese precio apenas producirá renta humilde tuviera conciencia de que posee una tierra ilustre, cada una de cuyas parcelas, surable juzgar aquí en pocas palabras. Pero- -A ese precio da el 15 por 100 libre. hay un hecho curioso, que los valencianos Claro está que n o es l a tierra lo que sobre su riqueza física potencial, tiene otra destacan porque revela la diversidad de tra- rinde ese beneficio, sino el trabajo que e n inapreciable: l a que le confiere haber sido, to que hallan dentro y fuera de la Penínsu- ella se invierte. Árbol por árbol todos se escenario de una historia que se inicia en la es frecuente que al comienzo de cada desinfectan anualmente, cubriéndolos por Ságunto y ha hecho desfilar por cada l u temporada de exportación de sus frutos acu- entero con una lona y sometiéndolos a de- gar donde se pone el pie santos o capitadan a Valencia, y a veces a Carcagente, d i- licadas fumigaciones, que, sin dañarlos, aca- nes famosos, multitudes piadosas, revolurectores de Compañías ferroviarias france- ben con los insectos parásitos. L a poda, cionarias o guerreras. N o hay colina sin sas, como la del M i d i o suizas, para tratar el labrado, el riego, el abono, ocupan, en su ruina de fortaleza, ni iglesia que no guarel mejor modo de servir a quienes han de una extensión relativamente reducida, la m á s de algún cuadro o reliquia, dignos de deutilizar sus vagones. N o se ha dado el caso densa población rural de E s p a ñ a y una de tenerse. Todavía existe alguna villa murade que los de las Compañías españolas se las m á s populosas del mundo. P o r las ca- da, vestigio del temor a los piratas bertomen esa molestia. Quizá los últimos están rreteras y caminos desfilan sin cesar ca- beriscos; los muros dorados, rojizos, se suficientemente informados por sus propios rros y camiones de carga y de viajeros. ven apenas entre las alquerías blancas y organismos locales y consideran ociosa toda Más de doscientas líneas regulares de au los bosques de naranjos.