Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Mico espafiBf. el Estafe, español puede tutelarlos, y para ello élagir todas las garantías que sea capaz de imaginar la burocracia insaciable. Pero la que se lleva fuera, Is que se expende fuera, la que va a mercados que el Estado no ha hecho nada por conquistar y mucho por perder, ¿con qué (derecho ni en virtud de qué principios éticos podría intervenirla? Y ahora el lector que haya comprendido la importancia que para la economía española tiene este problema, considere lo s i guiente Nuestros compatriotas valencianos han vencido en el mercado inglés, o, mejor dicho, en el mercado mundial, a todos los competidores. L o s propios ingleses cultivan naranjos en Palestina, en el África del Sur, en Australia. H a n conseguido calidades excelentes, pero a un precio que no les permite competir con las nuestras. L a gran masa de las poblaciones obreras de Inglaterra, de Bélgica, de Alemania, de los países centroeuropeos, adquiere la naranja española, porque es más barata que la producida por los cultivadores de las colonias británicas. Estos agricultores no pueden pedir al Gobierno PUERTO LLEROS. DE VALENCIA. BUQUE ASTIDE UX BOTADURA TINGLADO PARA NARANJA inglés que dicte medidas prohibitivas contra la importación, de nuestras frutas. L o impide el régimen substancialmente librecambista sobre que asienta la economía de aquella ración. Pero lo que no pueden conseguir en su propio país y de su propio y de su propio Gobierno les gustaría obtenerlo del nuestro si pudieran. Les serta muy cómodo que las trabas que decentemente no pueden poner allí a nuestra fruta se levantaran aquí por modo espontáneo. Aunque parezca increíble, quizá haya algún tonto i n signe inclinado a colaborar en esa inaudita empresa. Contra la helada, contra la eventualidad de l a naranja inadecuada para ser consumida, lo que hay que hacer es crear un sistema de seguro análogo a los. que sirven contra otros riesgos rurales o urbanos. A l agricultor o al exportador españoles el E s tado español, en vez de tratarlos con la crueldad que supone ese criterio severo que consiste en condenarlos fríamente a perder t trabajo y el dinero por cansas cieñas a su labórío sidad y a su prévTsíSñ, Id qué lia dé hacer es ayudarlos a soportar la pérdida, y no a costa de los demás ciudadanos- -que eso tampoco ellos lo pretenden- sino con un sistema asegurador que será bien fácil organizar conforme a principios que los técnicos conocen sobradamente. Menos preocuparse del que compra en Inglaterra y un poco más de consideración para ei que trabaja en España. Sobre todo cuando el que trabaja lo hace con el resultado espléndido de que Valencia puede jactarse. S i n condiciones naturales, su puerto es el primero español del M e diterráneo más de 3.000 buques entran en él anualmente. E l tráfico que por él se hace excede de los dos millones de toneladas y sus ingresos propios pasan de los dos millones de pesetas. Junto a lo que era playa, que las arenas del T u r i a iban enterrando, se levantan ahora grandiosas construcciones, muelles, malecones, diques, grúas gigantescas, que sugieren la impresión de las grandes ciudades europeas del mar del Norte, sin cíelo ceniciento y síñ bruma. Todo uri magnífico utillaje, que no responde a la vanidad sino a la necesidad, y que en estos últimos cinco años se ha aumentado con kilómetros de muelles, admirables como obra de ingeniería. Cerca de doscientos trenes diarios entran y salen por su estación de. Ferrocarriles Económicos. Y esa vida de intensa actividad, de r i queza pujante, que al español desinteresado debe servir de satisfacción, de estímulo y de ejemplo, lo que hace es despertar la avidez del parásito. Pero los valencianos están habituados a combatir las infecciones parasitarias de sus árboles, y no mostrarán menos enérgica, tenacidad para ahuyentar a los aspirantes a parásitos de su economía. A u n que sólo sea por simple solidaridad en la decencia, hay que ayudarles en esta última labor fumigadora. JUAN PUJOL Valencia, febrero. ¿Fotos Buendía. J
 // Cambio Nodo4-Sevilla