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E N E L M U S E O D E ARTE MODERNO La obra macabra de Carlos G. Raje! En todo andaluz, y aun en el de vivir más jovial, hay un fondo de tristeza y una preocupación, muchas veces exteriorizada, ante la idea de la muerte. A l servicio de tal idea, el andaluz filosofa en voz alta y a diario; se estremece supersticiosamente ante ciertos bichos y ante determinadas cosas que elevó el sentir popular a la categoría de símbolos, y en algún caso afronta la muerte con humorísticas frases, que desconciertan a las g e n t e s nacidas en otro ambiente. E l andaluz, de tanto pensar en la muerte, ha llegado a gustar cómo un íntimo y supremo placer el evocarla. No pecaría de temerario quien afirmase que no hay cante jondo auténtico y genuino si en él no se mezcla, como principal condimento, el agridulce de la muerte. Esta manifestación del humorismo andaluz es algo tan extraño, que desorienta a todo el que desee internarse en la investigación del alma andaluza. La castiza juerga, con abundancia de vino, que ha de encender el ánimo, y con la presencia de mujeres bellas, gra- diosamente ataviadas y maestras en el donaire y la agudeza rápida, exige, si ha de ser completa, la actuación de caniaores que, con voz quejumbrosa, entristezca el ambiente entonando coplas macabras, en las que el cementerio, el enterrador, la fosa, el ataúd y todos los atributos de la muerte han servido para dar mayor fuerza expreCARLOS siva a una música que y a las pobres amigas tísicas, que morían saboreando la fruición romántica de una agonía lenta. No es raro encontrar en las librerías de viejo obras románticas, de un romanticismo apasionado y absurdo. -Citemos entre ellas la más divulgada, cuyo título. Galería fúnebre, equivale a una síntesis del contenido. Historias de espectros, muertes dramáticas por amores no correspondidos, etcétera... Hará unos dos años que la biblioteca privada de la Reina Cristina- -la Reina gobernadora- -se vendió en Madrid. En ella figuraban numerosos ejemplares de la Galería fúnebre, primorosamente encuader- G. RAJEL. FANDANGUILLO D E ALMlvRIA ya por sí sola constituye un desgarrado lamento. ¿Habrá algo más paradójicamente humorístico que una reunión de gentes, convocada para divertirse, y en la que los concurrentes se deleitan sumergiéndose en tristeza y, en más de, un caso, llorando a raudales? Esta actitud de la gente andaluza ante la idea de la muerte no es artificiosa. Es algo que penetró en la entraña de la raza y que arraigó hasta convertirse en necesidad emocional de todo un pueblo. Quien lo dude, que repase el folklore andaluz, y hallará, at lado de una alegría juvenil y fresca, el recuerdo frecuente de la muerte. En los días ya lejanos del Romanticismo, la depresión moral wertheniana, que tantas víctimas causó en la gente joven, prendió en Andalucía como fuego en materia infiamableí L a idea de la muerte, de una muerte sentimental, gustada en breves sorbos, fué el estupefaciente de moda. Las muchachas robustas, de naturaleza resistente a todos los ataques de la enfermedad, envidiaban nados, obsequio, en su mayor parte, de gente andaluza. De aquellos días parece haber quedado en el ambiente andaluz de la clase media una instintiva inclinación al tema de la muerte. La idea de la muerte continúa siendo, para la mayoría de los andaluces, necesidad espiritual imprescindible... Un joven pintor andaluz, fino humorista, inauguró recientemente una Exposición de obras de tema macabro. No se trata de asunto artificiosamente elegido en estos días de insaciables afanes de cosas nuevas. E l tema aparece sentido, y el artista logró transmitir a la obra la sensación inconfundible de lo sincero. Carlos G. Rajel, con su esqueletomaquia nos ofrece varios cuadros tragicómicos, en los que la muerte desempeña el papel de principal actor. Treinta y cuatro obras de tipo macabro expone Rajel en el salón del Museo Nacional de Arte Moderno. Entre ellas hay va- rios retratos en esqueleto de personas conocidas. E l artista ¡as despejó- -gráficamente- -de toda materia carnosa; no obstante, ha logrado conservar el parecido: Ello supone propiedades de observación y captación tan sutiles, que admiran al contemplador de la obra. Una interpretación en esqueletcmaquia de una muy alta personalidad no necesita rótulo en el catálogo. Los visitantes, al fijar su atención en este retrato esquelético en actitud de marcha, comprenden sin titubeo a quién se alude. Muy certero se ofrece, asimismo, el de Juan Bélmonte. E esqueleto del torero, perfilado para entrar a matar a un toro, también en esqueleto, conserva todo el gesto corajudo del momento más emocionante del toreo. L a escena ha perdido la grandeza de lo bello para adquirir la más enorme fuerza de lo trágico y siniestro... L a muerte va a lanzarse a luchar con otra muerte que aparece enfrentada. Toda la obra de Rajel parece cobrar, burla burlando, un sentido patético que hace recordar al contemplador lo efímero y quebradizo de toda actividad humana y la infatigable asechanza de la muerte. Jugadores de polo, Apuntes para un cuadro flamenco. Dentista, Cur das, Builaora... son otras tantas estampas macabras que recuerdan las espantables v i siones de un Pedro Brueghel, el Viejo. Carlos G. Rajel ejecuta su obra definitiva sobre apuntes tomados del natural. E l artista. ¡cual si poseyese doble visión, acierta c a s i siempre a conservar el gesto que define, la actitud que caracteriza a una persona. L a dificultad que Rajel ha tenido que vencer pa ra lograr aciertos sti- pone, más que una te naz disciplina, un sagaz instinto que le llevó a dedicar su actividad a un tema para el que nació excelentemente dotado. La obra de Rajel no es un producto meramente habilidoso. E l artista ha sabido inyectarle emoción. L a emoción de un auténtico andaluz, que ha visto el día en un am- biente a todas horas preocupado con la idea de la muerte. De haber venido Raje al mundo en los primeros años del siglo x i x a buen seguro qué habría dedicado su actividad macabra a ilustrar libros románticos del tipo de la Galería fúnebre. Su vivir, en estos años de agudo materialismo y de frivolidad, le inclinó a dar a su obra un sentido humorístico, a modo del ingenioso Inicio final, del francés Cami. Mas. a pesar de ello, en muchas obras de Rajel se percibe la agridulce paradoja del cante fondo. E l ambiente nativo asoma con fuerza en la obra de este artista, de igual manera que en las poesías de Gustavo Adolfo iíécquer- -otro auténtico andaluz saturado de melancolía- -la idea romántica de la muerte es obsesión que a guna vez se convierte en pesadilla... ANTONIO M É N D E Z C A S A L