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A B C. V I E R N E S 13 D E M A R Z O D E 1931. E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A O 24 Luisita Gámez, preciosa, y la Fernández, notable. Bonaíé es un pirandón; Córdoba, un santo, un bendito: un pollo bien Galleguito, y Lloréns, un fantasmón; Evans hace un buen cronista; y, en suma, todos, en junto, componen e! gran conjunto. ¡Y tan grande! ¡Veinte en lista! Y ahora que el cielo bendito me, dé: un público paciente, una crítica indulgente, y un cuarto de hora cortito. R. C O E L L O D E PORTUGAL ría en las operetas con música de Offennbach, es lo que menos conviene a la obra de arte pura, -delicada y limpia, a ratos deliciosamente ingenua y siempre esencialmente poética de Alberti. Claro que m i juicio es el de un autor dramático, que quisiera las obras como él las haría y no tiene ante lo ajeno l a serena imparcialidad del crítico, y por aquí pudiera yo caer en error, como por haberme llevado a él una interpretación escénica, no siempre feliz, en l a declamación enfática y redicha de algunas- actrices y actores y en la facilidad excesiva con que se resolvió lo perteneciente a la indumentaria, sin servir n i poco n i mucho l a fantasía del autor. ¿Que él estaba presente? B i e n pero con todo y con eso la responsabilidad no le alcanza. E l autor, cuando ha escrito su obra, ya hizo bastante, y sobra para todo lo demás, y a mí, que por mal de mis culpas soy director de escena, al representar, por ejemplo, un auto sacramental de Calderón, no me haría falta l a opinión del autor para interpretar plásticamente su pensamiento, n i para suprimir en escena ruidos inútiles, que, dicho sea de paso, abundaban y estorbaba, mal distribuidos y estudiados, en El hombre deshabitado. E n resumen, insisto en declarar muy a gusto que la obra de Alberti me parece de perlas: por su afán renovador, con un nobilísimo entronque tradicional; por la belleza realizada y conseguida de todo el acto, y de parte del prólogo y epílogo, y me felicito de que, poeta y vanguardista, haya descendido al teatro- -o ascendido mejor- no considerándole un género ausente de la literatura. L o que está bien en El hombre deshabitado, tan bien está, que l a obra se salva a pesar de todo lo que en ella está mal. H a y comedias en que nada está mal, y que tienen escenas magníficas, y sin embargo siguen muy mal en conjunto, por la ideología que las presidió, por la calidad de teatro a que pertenecen, y por la intención. Y a es hora c- e que en nuestras aventuras de arte, cuenten y signifiquen la intención y el intento, por los cuales están muy bien unas comedias que parecen mal. Y ahora sí que puedo exclamar con frase vulgarísima, yo me entiendo y bailo solo aunque a lo mejor, también pudiera entenderme el Sr. Alberti y bailar conmigo si no le parezco mal. E n cuanto a los gritos- -mi temor de estar podrido me hace insistir en ello- -quiero, si no afeárselo- -que no soy hombre cauteloso y prudente- demostrarle su sin r a zón. S i le estaban aplaudiendo a rabiar, si llegaba con una sola obra, y con el amplio crédito de sus intelectuales donde nadie llegó tan pronto, ¿qué significaba su grito? ¿Era tal vez, como el petulante clarinar del gallo después dé la pelea, alegría, de haber vencido, viendo al rival, aliabierto, desplumado y exánime? ¡S í! E r a entusiasmo y amor expresados. -sin prudencia cautelosa, como amor y entusiasmo, imprudentes e incautos, son estas líneas de m i inútil sinceridad. Pero créame, aún quedan muchos gallos por desplumar, y algunos invencibles y con muchísimos espolones. ¡Cuidado! Sobre que para vencer en buena l i d literaria no hace falta matar n i extenuar a nadie. V i v a s y mueras los da el público, v las cosas se mueren solas. U s ted. Sr. Alberti, ya puede callar... y tirar piedras, eso s í! S i sus piedras, y algunas otras, caen en el estanque de nuestro teatro, de tal suerte pudieran agitarse las aguas que pareciesen de nuevo, el armonioso mar de otro tiempo. FELIPE SASSONE LAS ACTRICES ESPAÑOLAS, V E N D E D O R A S DE COMERCIO Conforme se hizo la temporada de i n vierno en varios comercios de Madrid, y que tan gran éxito alcanzó, vuelven a reanudar las actrices españolas las ventas en varios comercios madrileños. Como es sabido, los artículos no sufrirán alteración ninguna, pues el beneficio para el Montepío es la bonificación que las casas comerciales hacen voluntariamente. Empezarán estas ventas el viernes, 13, en las. Nuevas Pañerías y el sábado, 14, en las Nuevas Sederías de once a una y media de la mañana y de tres y media a siete de la tarde. Ese día podrán ver reunidas actrices de tanto relieve como Margarita Xirgú, Loreto Prado, L o l a Membrives, María Teresa M o n toya, María Guerrero, Concha Cátala, Carmen Carbonell, María Badía, Matilde Re- venga, María L u i s a Romero, Angelina V i l a r María Caballé, Angelita Duran, Milagros Leal, Antoñita Torres, Perlita Greco, Conchita Constanzo, Amparito Taberner, Conchita Rey, Miss Dolly, Sara Fenor, A u r o r a Saiz, Margarita Carvajal, Pilar, P i l a r Saturnini, María Fernanda Gascón, Alejandrina Cortina, Eugenia V e r a Teodora M o reno, Carmen Rico y La Goya, señoritas vicetiplesde los teatros de Madrid y actores de más renombre. Doña Heredes O b r a e n t r e s actos, de A n t o n i o P a s o q u e se e s t r e n ó a n o c h e e n e l teatro Cómico, de M a d r i d AUTOCRÍTICAS Mari- Bel Se h a estrenado en el t e a t r o A l k á z a r de Madtid, l a comedia d e ese t i t u l o o r i g i nal d e T R a f a e l C o e l l o de P o r t u g a l quien nos envía l a siguiente autocrítica: Unas cuantas escenas de saínete, alrededor de un asunto que en diferentes formas se ha tocado muchas veces en el teatro, y se seguirá tocando hasta que el vanguardismo nos corte el paso definitivamente. Clara, ligera, sin complicaciones, l a obra sólo tiende a que el público pase dos horas lo más entretenido posible. ¡Y por Dios que viendo a Loreto representar el papel de comadrona, que chico que coge chico que l a diña, por lo que le han puesto en el barrio el mote de Doña Herodes; y a Chicote, el de cacharrero filósofo; y a Aguirre, el de vendedor de gorros verbeneros; y a Melgares, el estudiante de Medicina, que le dan una de calabazas como para surtir cinco o seis balnearios; y a la Nieva, en el de modistilla alocada por los dancings y soupers; y a todos los que toman parte en la obra, hay momentos en que creo que sí, que el público v a a pasar un buen rato y se v a a reír mucho. Pocas horas faltan para oue el público me saque de dudas. ¡E l público! ¡L a crítica! i N o sé a quién le temo m á s! ANTONIO P A S O c Mari- Bel es una obrilla con la que tan sólo trato de hacer, que pasen el rato las gentes de alma sencilla. M i s alas no me permiten volar hacia lo infinito. N o pienso dar ningún g r i t o ¡Gracias que a mí no me g r i t e n N o es, pues, obra de vanguardia ni l q es tampoco ancestral. U n juguetillo tal cual... y, más bien, de retaguardia. S i me decido a llamarlo comedia- -no lo es apenas- -es porque hay un par de escenas que pueden justificarlo. U n a Junta provinciana organiza una función... Y ocurre toda l a acción de una tarde a una mañatia. E n Pamplona, en un hotel, de una divette en el cuarto, y en un despacho reparto los actos de Mari- Bel. Y aunque una divette figura, y ésta es frivola y ligera, no por tal hecho se infiera que es de atrevida factura mi comedia. ¡Eso, jamás 1 Niñas: no os alarméis; yo os fío que podéis... llevar a vuestras mamas. N o por tópico obligado, sino en fuero de justicia, diré que es una delicia como me la han ensayado. Está Hortensia insuperable. L a E l i s a Sánchez, famosa, Hace falta un suicida H o y v i e r n e s se e s t r e n a r á e n el teatro de l a C o m e d i a de M a drid, el grotesco en tres actos Hace falta u n suicida original de F é l i x C u q u e r e l l a y P e d r o S Keyra. A l disponernos a escribir la autocrítica de nuestra obra, nos asalta, como primar temor, la justeza de su denominación. o encasillamiento teatral. Llamémosle grotesco simplemente. ¿Será suficiente? A s í lo creemos nosotros, pensando que le falta i n tensidad para calificarla de tragedia o enredo para ser comedia. L a crítica oficial, con u n elevado con cepto de su labor encauzadora, nos ha enseñado que, en el género cómico, debe conseguirse el efecto apetecido, de entretener al público, sin torcimientos del lenguaje n i menos aún, dislocar! a acción convirtiéndola en batuda. Y éste ha sido nuestro propósito. S i no lo conseguimos, nuestra es l a culpa, pues los actores que los encarnan están, por sus méritos de siempre, muy por encima de nuestra ponderación. Hemos de hacer constar también nuestra eterna gratitud a D T i r s o y su magnífica compañía. Y a la crítica y al público, todo el acatamiento y profundo respeto, sincero y de corazón. BI- IX CUQUERELLA