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El Barcelona ha contratado al Cette F C Barcelona 12, 10 mañana. E l Bar. ceona ha contratado para jugar en Las Corts: 1 día 19, festividad de San José, al F C Cette, actual campeón de Francia. E n el primer equipo del Cette figuran varios i n ternacionales. HIPISMO E l próximo concurso de equitación M a d r i d 12. Los días 6, 7 y 8 del próximo abril han sido designados por la Real Sociedad Hípica Española para celebrar el concurso completo de equitación que anualmente organiza. De tres pruebas consta: doma, fondo y salto de obstáculos. U n a pequeña observación nos permitiríamos hacer, con miras más a lo porvenir que al presente, y que se refiere al lugar y tiempo en que este gran concurso debía figurar. P o r su importancia, su amplitud y dificultad, debiera ser este concurso el punto final de todas las manifestaciones de la equitación. A l g o así. como el doctorado en estas magnas pruebas. Todo es cuestión ¡eterna cuestión! de organización; todo producto de un recto y lógico criterio a seguir, sencillo, fácil y racional. L o s campeonatos regimentales de caballos de Armas deberían ser los primeros en ce- lebrarse, a manera de pruebas eliminatorias. Los ganadores irían a los campeonatos regionales, de donde, saldrían los que habrían de tomar, parte en esta gran prueba de selección de jinetes y caballos. Porque con el sistema actual se llega más a lo lógico que a lo que racional parece, al celebrarse primero este gran campeonato para después ir a los regimentales, que por ello no alcanzan la importancia y trascendencia que debía suponer. E l ganar un campeonato, regimental es un honor, no cabe duda; pero ¿no acrecería al mismo tiempo el interés entre los participantes si con el premio fuera envuelta la distinción de actuar en este magno campeonato? Se dirá que es abierto a todo jinete; lo que no desvirtúa nuestro criterio, que no es otro que el de convertirle en la máxima competición de la equitación, para lo que precisa que en fondo y forma esté revestido de esa autoridad que sólo puede alcanzar un campeonato de E s paña, fin último de este concurso. N o puede hacer más de cuanto hace la Hípica Española, y ello merece el agradecimiento de todo buen aficionado; falta el acordar los diferentes instrumentos para que la orquesta suene b i e n organización, orden. Creemos tarnbién, por lo que a premios afecta, que sería un caballo la mejor recompensa otorgada al ganador; más que las pesetas que recibe, de mayor estímulo, de eficacia más segura. P a r a un buen aficionado, un buen caballo es su mayor ilusión, su más legítimo deseo, su mejor premio. A propósito de la prueba de doma dice el programa: Tiene por objeto demostrar que los caballos están francos en los tres aires, que conservan parados calma e inmovilidad y que obedecen a las ayudas del jinete, ejecutando movimientos pedidos en sitios pre- r cisos. Se efectuará en terreno abierto y excepcionalmente en un picadero. E l trabajo será individual, ejecututándose sin interrupción, disponiendo para ello de once minutos, Tos que se empezarán a contar después de saludar al jurado. E l trabajo señalado debe hacerse por completo por cada jinete, y los movimientos deben sucederse en el orden marcado. Todo movimiento omitido será considerado como falta, y el jurado exigirá su- ejecución al terminar el trabajo. Se prohibe el uso del látigo, así como la martingala o cualquier otra cosa que pueda indicar falta de dominio del jinete sobre su caballo Nosotros, por lo que a esta prueba se refiere, mantenemos nuestro antiguo criterio de que n i quitamos ni ponemos r e y se exige en el programa, la exigen en los juegos olímpicos y... hay que hacerla. ¿Bien? ¡Ese es nuestro gran deseo! L a segunda prueba, fondo (75 kilos dé peso) tiene por objeto el demostrar el perfecto estado de condición de trabajo en el caballo, y el conocimiento de la velocidad y combinación de los aires en el jinete. Comprende un recorrido total de 36 kí- 3 RICARDO ZAMORA 3 R E C U E R D O S D E MI VIDA 1 m fiero aduanero del bombín dijo que no tenía más remedio que detenerme, porque esa era su obligación. A todo esto, llegamos a San Quintín. Aquel hombre bajó á requerir la ayuda de la Policía y entre nosotros el revuelo era formidable. Todavía Arguello hizo nuevas gestiones y se prometió arreglar el asunto a cualq u i e r costa llegando a París. Pero el risueño y celoso aduanero, terco como ninguno, aseguró que él no cedía. Tenía, no sólo que detenerme, sino que llevarme al territorio belga. Allí, si ello era posible, que él lo ponía en duda, se arreglarían las cosas... en los días siguientes. f Esta fórmula nos exasperó. Había que buscar el arreglo, porque el tren iba a salir. Arguello mé dijo que no me preocupase, que, apenas llegado a París, se resolverían las cosas. Se trató de que alguien se quedara conmigo, y entonces Manolo de Castro, el entrañable amigo de V i g o dijo que él me acompañaría hasta dejar terminado el desagradable incidente. Quiero aprovechar esta nueva ocasión para escribir cuánto agradecí entonces y ahora aquella sincera prueba de amistad. Porque Manolo compartió conmigo aquella separación del grupo olímpico y la noche amarga de la detención. Apenas salió el tren, donde seguían hacia París los compañeros, nosotros entramos con el del bombín en la sala de espera. Además de los equipajes llevaba conmigo, el cargamento de tabaco origen del conflicto, ¡y el 13 en el bolsillo del chaleco! E n el primer tren que volvía hacia Bélgica subimos con nuestro aduanero. Llégameos casi de noche a Feegny, l a ciudad fronteriza. belga por donde habíamos pasado en la mañana radiantes de júbilo, y M a nolo y yo fuimos a la oficina de la Aduana. Nos notificaron que estaba detenido y, por excepción, se nos permitió dormir en un miserable cuartucho. L a habitación era de tablas, porque todavía la Aduana no estaba reconstruida, y en- aquella habitación destartalada, con un frío insoportable, tuvimos que pasar la noche. A poco de entrar el jefe, nos llamó para comunicarnos su resolución. Y o detenido por los aduaneros, tenía que pagar mil francos de multa. Pretendí negarme, para saber lo jüe sucedería en caso de resis- tirme, y aquel probo empleado me d i j o Pues si no paga sufrirá un arresto de tres meses, al cabo de losi cuales, al ponerle en libertad... tendría que pagar los) mil francos Hicimos arqueo. N o era cosa de discutir. E n t r e Manolo y yo pagamos aquel dinero. Después de lái noche insoportable de frío y molestias, a Jas siete de la mañana, en el primer tren regresamos a París, ¡Qué viaje tan triste, a pesar del buen humor de M a nolo, y qué emoción tan enorme al llegar otra vez al l a capital francesa y verme entre los compañeros l Claro que entonces empezaron las cuchufletas a cuenta de mi sagacidad. Después de unas horas de descanso, continuamos; el viaje a. España, todos juntos ya. Memorable recibimiento el que nos hizo la afición irunesa. Son apenas las siete de la mañana y los andenes están llenos de gente, que- nos ovaciona, que nos abraza, que nos tritura. Las autoridades se suman oficialmente al homenaje y, en gran caravana, vamos hasta el Ayuntamiento. Discursos, felicitaciones, enhorabuenas y charanga. Hasta las gentes más modes- j tas participan en aquella algazara iuhilosa, que a nosotros (estoy por decir que con más intensidad a loa que no somos vascos) nos llega a lo más hondo del alma, como una demostración profunda del fervoc patriótico. A mediodía, banquete oficial, en el que se repiten; las frases de cordialidad y se nos estimula a seguir luchando para conquistar nuevos lauros deportivos i n ternacionales. P o r la tarde, a San Sebastián. Aquí las manifestaciones de entusiasmo son clamorosas. Los hombres nos ovacionan con delirio, y algunas modistillas ruborizadas, nos besan al pasar y luego corren a esconderse. H a y htnch en el Ayuntamiento, y al día s i guiente banquete en Igueldo, con una asistencia numerosísima, imponente. Antes de deshacer la organización olímpica, jugamos un partido de homenaje a la selección en el campo de Atocha. L o presidieron los Reyes, que estaban en Donqstia en aquel mea, y fué presenciado por una muchedumbre que nos aplaudió delirantemente. ¡Qué momento de moción tan intensa cuando, pisamos ejj s