Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Como este tipo eran nuestros viejos peLos hermanos Bran, tan modosos jomodo de vivir. Chiquito de Eibar, un niño lotaris, y como ellos el pueblo entero que los viales y finos, se hacían acompañar del potodavía, se atrevía a jugarle un partido a modelaba. de Irigoyen. pular Leocadio, gran dulzaneiro. Ellos mismano, y precisamente en l a especialidad que mos sabían tocar ocarinas y acordeones, y era la suya: de pelota de media l i b r a! í sobre la imperial de las diligencias, de A r i s- ¿Cómo era posible empalmar una pelota tizábal de Vergara, de Lapico y Moreno con mano delicada, con escasa fuerza en la La segunda eliminatoria de) camarticulación de la muñeca, sin. la obligada 1 de Durango, de Ituarte de Marquina, de preparación que requería aquella especia- J Ugalde de Zumárraga, de Musatadi, de peonato de España Guernica, los viajes de los pelotaris, desde lidad... Z u m á r r a g a a las villas, y entre éstas, eran Llegó el partido y le adelantaba TxamAnte la jornada del domingo jolgorio y estruendo, de una inacabable ro bolín los tantos al joven en l a primera m i mería, de botilleros (ayudantes) peloteros, E n la segunda ronda del torneo de camtad, pero los iba perdiendo luego, sin pocatedráticos (jugadores de dinero) y algún peonato de España van a entrar en liza los derse explicar aquel milagro, que se opecronista, que ensayaba un género nuevo en clubs exentos de la primera: el Athletic raba en el frontón que le era familiar. de Bilbao, que quedó al margen por su deperiodismo. E r a n dos concepciones distintas del juerecho como campeón, y el Oviedo, por el Con Txambolín, en cambio, parecía retigo y de la utilización de los recursos físicos forfait del Lorca, con quien hubiera debirarse discretamente una generación de hon del jugador. E r a n dos generaciones, con do jugar. radísimos artistas, que lo eran, sin desdeñar sello y personalidad distintos, y que tuvieAhora la jornada tiene ya un gran i n aquellos oficios primitivos, ni alejarse del ron aquel único contacto. terés. H a y partidos de singular relieve. rincón, donde tenían todas sus afecciones y E n lo sucesivo, cada una de las tendenEjemplo: el Valencia- Barcelona en Mestaal que en solemnidades ofrendaban su arte cias se iría separando, y, lo que fué más 11 a, que arbitrará Escartín. Juzgando por ingenuo, fresco, sin desplantes ni alborotos. triste, anulando la espectacular a la tradila forma de los valencianos últimamente, Nuestro Txambolín volvió a ser tamboriel resultado parece muy dudoso. E l camcional, con todos los gravísimos quebrantos lero; cartero más tarde. Y su tun- tvM y su peón de la ciudad del T u r i a tiene un gran consiguientes. trajín diario, aporreando aldabas con el cotrío defensivo y una línea de medios magAnsola declinaba en años y en popularirreo, volvieron a marcar un ritmo inalteranífica, aunque la vanguardia baje algo. Esto dad. Nuevos nombres llenaban ahora perióble, el de siempre, en su pueblo, siendo algo quiere decir que frente a un equipo azuídicos y carteles, con porfiados anuncios de consubstancial a él. grana que no puede considerarse plenamenmentidas competencias. Los pelotaris eran Su repique característico anunciaba en las te ajustado la victoria puede ser favorable un ridículo remedo de los elegantes a la casas sucesos de toda clase, confiados al pa a Valencia, aunque por escaso margen. T a l moda: aquellos pelajes aldeanos, hirsutos peí, y las muchachas de servicio oyeron, gavez un empate. y rebeldes, eran planchados y domados a lanterías del viejo régimen al alegre cartebandolina y más de un zafio baserritar (alE n la ciudad condal, el Badalona j u ro, que tenía siempre a punto una inocente deano) iniciaba pasos de can- can, de remate picardía o algún sirri, casi involutario hogará contra el Betis sevillano, arbitrando de juerga. I Ostalé. Es un match que deben ga. np -los menaje, cuando la ocasión lo reclamaba. FÚTBOL 1 ¡224 RICARDO Z A M O R A RECUERDOS D E MI VIDA B 2 S do en París. E l seleccionador, Mateos, no reflejaba exteriormente su sentir; pero estoy seguro ef e aquelk tardanza le producía una viva desazón, que culminó más tarde en la decisión de prescindir de los compañeros catalanes cuando se presentaron en Bolonia. Dejamos l a linda ciudad de Stressa el sábado para marchar a Bolonia, donde debía celebrarse el encuentro internacional. E l partido tenía honores de magno acontecimiento en toda la península, y Jos. periódicos dedicaban largos comentarios a la festividad deportiva inmediata. H a y que decir que, además, del partido, Italia iba a celebrar la inauguración del soberbio estadio II Liítoriale, construido por el Gobierno fascista, que dedicaba a los deportes una creciente atención. A l tren en que nosotros fuimos a Bolonia se unió el- coche regio, en el que el Monarca Víctor Manuel iba a la misma ciudad para presidir oficialmente la inauguración y el partido entre las selecciones latinas. L a llegada fué triunfal. Una muchedumbre imponente llenaba los alrededores e irrumpió en los andenes, z. pesar del servicio de orden, montado por policías y soldados. E n la estación esperaba el infante D Alfonso, en representación de España, quien se adelantó a saludar al Rey cuando el tren detuvo su marcha. También estaban con el infante todas las personalidades diplomáticas españolas que entonces nos representaban en Italia, presididas por el conde de la Vinaza y el director del Colegio E s pañol de Bolonia, D Manuel Carrasco. Pasados los entusiasmos que determinó la llegada del Rey, los vítores y las aclamaciones fueron para nosotros. Los federativos dieron a nuestros delegados la bienvenida, y rodeados de la gente que nos aplaudía nos trasladamos al hotel, del que ya no salimos hasta el día siguiente. El domingo por la mañana Bolonia presentaba el aspecto de una ciudad en fiestas. Todos los balcones ostentaban colgaduras, y en muchos había letreros que decían: ¡V i v a E s p a ñ a! A media mañana fuimos al Colegio Español, i n citados por su director, recorriendo todas las depehdeocias y siendo obsequiados con un pequeño kmch. porque España se había apuntado dos tantos m á s el tercero, en una internada de Olaso, que concluyó, por lo visto, con un tiro cruzado imparable, y el último, de otro penalty, que no sé quién hizo, pero que Zaldúa se encargó otra vez de enviar a la puerta. Cuando concluyó el encuentro yo estaba un poco más animado y felicité a los compañeros. Me explicaron lo sucedido a Félix, que me impresionó: se había escurrido y ai caer se había fracturado el brazo. Pero el público, firme en su criterio de que éramos unos cómicos, le había chillado ¡al retirarse. A mí entretanto me habían puesto en la barbilla un adorno precioso: tenía no sé qué- número de agrafes para sujetar los puntos, y constituía, pasados los momentos de peligro y emoción, el tema de las bromas de los compañeros. A Félix le redujo la fractura el doctor Aguirre, e inmediatamente quedó tranquilo. Descansó bien por la noche, y, entablillado el brazo, pudo acompañarnos después en la excursión sin ninguna molestia. A l mes y medio me dijo que estaba completamente bien. Por la noche tuvimos banquete oficial en. P a r í s con los discursos de rigor, a cargo de M Rimet, de Fernández Prida y de A t r i l l a Aquella vez me hicieron mucha más gracia que de costumbre, por las palabras de cordialidad y confraternidad, después de los golpes que nos habíamos propinado en el estadio. Recordándole, todavía me parece imposible, hacer un encuentro más pródigo en violencias y barbaridades que este de Colombes, durante el cual el arbitro, a pesar de su britanismo, no estuvo a la altura de las circunstancias para imponerse a fuerza de energía, que era lo único que se hacía indispensable para dominarnos. U n hecho, también sorprendente para mí fué la actitud de la Prensa aquella misma noche y al día s i guiente. Por unanimidad cargaban todas las culpas al equipo español, que se había producido, según ellos, con un abandono de las prácticas deportivas inadmisible. Además de esto me tildaban a mí de cómico del balón y de autor de juego de filigrana exclusivamente para j a galería, cuando precisamente en aquel partido había que emplearse con abandono absoluto de toda cla s. e de trucos para librarse de los hachazos
 // Cambio Nodo4-Sevilla