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EL DI MO N 1O POR ASIDRE ARMAR 1 DV (CONTINUACIÓN) AZUL fuerte y esto nos arregla a los tres, porque supongo que usted no- -S i no la carta, por lo menos la firma. Mire vea usted en este registro la verdadera firma de Heriberto S. Rocklane. Esta sólo se olvidará en sus ganancias a quien le ha acreditado. Los tres estale parece por la decisión de la rúbrica. Se han burlado de usted, mos al corriente y de acuerdo. Ahora, expliqúese. mi pobre amigo. Algo azorado al principio, el armador se puso a tono. -Perfectamente- -aprobó- A mí me gustan las situaciones- ¿Quién se habrá permitido... claras. Sí, estábamos de acuerdo; pero ya no lo estamos. ¿Qué- -Y o me encargo de saberlo, esté usted seguro, y la broma no será gratuita. Pero tranquilícese usted, por favor; nada ha cam- significa esto? La carta que enseñó estaba concebida en términos similares a biado de nuestras convenciones precedentes. los de las primeras. Notificaba brevemente al armador que en lo El importador sacudió la cabeza. -Todo eso está muy bien; pero yo quisiera poseer otra cosa sucesivo la Chicle C. no necesitaría sus vapores, pues los suyos estaban en condiciones de hacerse a la mar. La firma era la misma: que las seguridades morales que usted me da. Rocklane. -Por eso que no quede- -accedió Irmaos sin enfadarse. -Se olvida usted, caballero, o lo olvida alguien por usted, que Empuñó el receptor del dictáfono y se lo tendió al visitante. hemos firmado un contrato según el cual... -Dicte usted mismo, mi querido amigo. ¡Ya lo. sé! -volvió a interrumpirle Irmaos- Todo eso son Distendido, el importador redactó verbalmente una contraorden en regla de la carta que había recibido. Irmaos le escuchó compla- repeticiones. E l contrato subsiste. Nada hay de cambiado en nuesciente fumando un excelente habano; pero una preocupación obs- tras precedentes convenciones. curecía su frente cuando se. fijaba en la extraña misiva. -Pero entonces, ¿y esta carta? ¡Es falsa! Y como el redactor se olvidara conscientemente de la fórmula- -Pero... de cortesía que faltaba en la primera carta, Irmaos le advirtió con leve suficiencia: ¡Le digo a usted que es falsa! Mire la firma de Heriberto í- -Podía usted añadir sus saludos. Rocklane. No se parece en nada a ésta. Y además está loco, enjaulado, incurable. Le repito que es una falsificación... ¡Ira de Dios i E l importador hizo esta concesión al amor propio del director, después de lo cual este último telefoneó que se enviara urgente- Cuando coja al que se ha burlado de este modo... mente a su despacho al jefe de los servicios de correspondencia. Poníase afónico a fuerza de gritar. Sonó el teléfono. L a respuesta que recibió le puso frenético. -No estoy para nadie, ¿entiende usted? para nadie- -aulló con- -Esto sí que es extraño- -dijo- ese fámulo no ha venido. voz ronca. ¿Vendrá de él la jugarreta... Voy a enterarme. L a respuesta que. recibió le lanzó en nuevos arrebatos ¡Bueno ¡M e lo esperaba. ¡Comuniquen! ¡E l ingeniero jefe, al galope! Alzó hacia el cielo una mirada de impaciencia. Poco después se anunció al jefe de los servicios de fabrica- ¡Ahora los arsenales! ción. E l director le recibió fríamente. Escuchó al teléfono y sus ojos de- tinta fulguraron. ¿Es usted quien ha acordado suprimir el empleo de la guta- ¿Qué es lo que dice... Repita... ¿Un inspector del Lloyd... percha en las fabricaciones y hace suspender el abastecimiento? -No tengo facultades- -repuso el ingeniero jefe con marcada ¿Enviado por una. carta firmada por Rocklane... ¡Eso es estúpifrialdad- -para tomar semejante iniciativa, pues de no ser así ya do... ¡AHo! ¿Qué dice usted que hace... ¿Que está visitando la habría tomado hace mucho tiempo... nuestros vapores... ¿Que los encuentra en condiciones de hacerse -Lo que yo le pido no es su opinión- -interrumpió duramente a la mar... Profirió una enorme blasfemia, dejó el aparato y se enjugó la Irmaos- sino una respuesta a mi pregunta. -No, señor; no he dictado ninguna carta, pero sí he recibi- frente. Luego cogió el receptor y; vociferó: do una. ¡Es estúpido! ¿Me entiende. usted? ¡Esa carta. es falsa! ¡Pongan al inspector a la puerta! ¡Le prohibo que ponga los E l ingeniero la tendió. Se trataba de una nota de servicio tan concisa y tan formal como la primera carta. E n ella se le ordenaba pies en mis vapores... ¿Que es oficial... ¡Como si no! Échelo, al ingeniero jefe que suspendiera inmediatamente toda fabricación ¿me entiende? échelo... Sí, voy a escribirle. Sí, yo le cubro... a base de gutapercha. Y, como la precedente, estaba firmada: No, sin esperar a mi carta, inmediatamente... ¿Las- comisiones... iRocklane. ¡Ah! Bien quisiera que anulara usted las comisiones... Sí; esta noche la tendrá usted. Voy a hacerle enviar la carta dentro de una Ante este golpe, Irmaos dio un salto. Estrujando malhumorado hora. Pero eche al inspector. ¿Entendido? Adiós. la nota de servicios dio libre curso a su irritación. n. 1 importador y el armador quisieron interrogarle; pero él in- ¿Y ha obedecido usted esta orden? -Sí, señor. terceptó sus preguntas con un gesto. E l puño del director hizo volar los papeles encima de la mesa. ¡Una mecanógrafa inmediatamente! -clamó en el teléfono- -Sírvase tomar nota- -vocifere) -de que yo soy aquí el único Isidro Irmaos estaba furibundo; su cuello almidonado y su desque tiene derecho a dar una orden semejante. Que se reanude inme- lumbrante corbata se retorcían como una serpiente encima de su diatamente el curso de las fabricaciones; de ello depende su em- pechera. pleo. Y que nunca, nunca, ¿me entiende usted? vuelva a reprodu- ¡Demonio! -exclamó- ¡Han de pagarme esto! ¡Vaya si me cirse un hecho semejante. ¡Aquí no hay más amo que yo! lo pagan! ¿Quién? -Tomo buena, nota, señor- -dijo el ingeniero con un ironía L a pregunta le dejó parado. L a cosa pasaba ahora del término imperceptible. Y se retiró sin añadir nada. E l importador creyó que podía de las bromas. ¿Qué- temerario se atrevía a oponerse a las combinaciones de Irmaos? Pensó en Franck L Fairchild. Sí; éste era bromear. -Vaya, esta mixtificación parece organizada de una manera, capaz de hacerlo; siemprele había combatido. Pero ¿y esta firma. E l conocía a Fairchild; jamás hubiera llegado el banquero al exmuy metódica. tremo de cometer una falsificación. ¿Entonces... ¡O h! ¡Usted... -gruñó el director. Entró la mecanógrafa. Con frases cortadas Irmaos dictó las Pero se quedó cortado. E l ticker se agitaba; en la cinta aparedos cartas en términos positivos, formales. Confió a la empleada ció el nombre de un visitante con la mención. de muy urgente ¡Bueno! -vociferó Irmaos- ¡Apuesto a que éste viene tam- el disco del dictáfono en el que se hallaba registrada la tercera. bién a marearme con algo por el estilo! ¿E l jefe de correspondencia no ha venido todavía? -No, señor. Oprimiendo con furia un botón envió el despacho al primer piso. -Si viniera, que me lo manden inmediatamente. Usted va a- -Que entre- -ordenó Irmaos. ¿Debo marcharme... mientras tanto? -propuso el importador. copiarme esas tres cartas y a traérmelas en el acto. ¿Entendido? Tiene usted tres minutos. ¡Corra! -No hace falta. Ustedes se conocen; usted es quien me lo ha recomendado. Se puso a roer cigarros entre sus incisivos, escupiendo rabioA poco entró un armador cubano que parecía muy descontento. samente los residuos. Deshojó dos entre sus dedos crispados y se Apenas si estrechó la mano a aquellos dos hombres, a los que les quedó con el tercero en la mano sin pensar: en encenderlo. Los dos comparsas se miraron con perplejidad. debía tanto como ellos le debían a él. -M i querido Irmaos- -dijo el armador- ¿es necesario recor- ¿Es que... persiste usted en creer en una. broma? -preguntó darle los servicios que le ha prestado mi casa? uno de ellos, timorato. Irmaos estalló: ¡A h! ¡No! -protestó Irmaos- Déjese de perífrasis: ¡al grano! Si le asustan las palabras, yo las diré por usted: la Chi- -Aun cuando... S í aun cuando fuera él... aun si él hubiera cle C. posee una flota de transporte; -como yo no ganaba nada cambiado de firma... ¿tengo o no tengo yo los poderes... ¿Hace- -ya ve usted que hablo claro- -con los viajes de sus propios navios, falta o no una decisión del Consejo para expulsar a un adminislos he substituido con los de su, Compañía, inmovilizando, los- otros trador general... con el pretexto de reparaciones. Usted me pone el Hete al precio Se continuará. TRADUCCIÓN D E M A N U E L PUMAREGA) 43 ÍFKpPÍEDAD. D H L A CASA EDITORIAL M AGUILAR)
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