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A B C. EDICIÓN DE ANDALUCÍA. PAG. 6 lilla había destrozado l a solapa derecha; eSvO me sumió en una desesperación profunda. M e avergüenza confesar que de mi boca salieran conceptos mortificantes para la polilla y para los empleados del hotel, que no tratan de mantenerla a respetuosa distancia de los fracs; comprendí que ya, nunca más, a no ser que otro médico me recetara el agua y yo observara sus prescripciones, lo que era harto improbable, sentiría aquel heroico impulso de ver Parsifal, y me consideré irremediablemente perdido en el buen concepto de mis amistades... V e a usted por lo que decidí suicidarme. ¡Vestido a ú n con el frac apelillado, atravesé de nuevo el haz del hotel... Creo, no estoy muy seguro, pero me parece que me detuve también a charlar otro momento con los amigos... E n fin, esto es ajeno a la cuestión... A l llegar al M a r i á- B r ü c k e juzgué que, en justicia, quien debía suicidarse era el frac, como único culpable... y lo a r r o j é al canal... Me parece recordar que también a r r o j é el pantalón y que volví hacia el hotel en mangas de camisa, aproximadamente... ¡A m i g o m í o aquí llega la parte más dolorosa de m i historia! F u é inútil que tratara de explicar mi actitud justiciera ante dos caballeros policías que me salieron al paso, antes de llegar al hotel... Su escasa comprensión redundó en perjuicio de mi buen nombre, que al día siguiente aparrecia en los periódicos acompañado de ciertos comentarios irónicos... Medite sobre las consecuencias lamentables a que conduce la idea del suicidio. Y o por mi parte, estoy seguro de que no rne hubiera venido a l a mente tan tenebroso pensamiento sin haberme intoxicado con agua... Convendría que se analizaran las de Viena, para ver si encierran los gérmenes nocivos que son o r i gen de l a epidemia. Volvió a sumergir sus labios en el líquido verdoso y terminó su luminosa disertación con estas palabras: -T a m b i é n se podrían evitar los atropellos de automóvil si cada uno siguiera m i juiciosa conducta... Y o tomo el aperitivo en m i mismo hotel, a pocos pasos de mi cuarto. MARIANO T O M A S P. E RS. P EC T I Y A S EJ amigo del hombre Como digno remate a la Semana del L i bro, los libreros de M a d r i d se han dirigido al Gobierno, en solicitud de que les sea permitido, por modo permanente, instalar mesas y tableros en las aceras Sobre l a experiencia de su eficacia, probada en esa feria anual, piden esta ampliación de medios para la venta invocando espirituales intereses: el acrecimiento del amor al libro en todas las clases sociales y la difusión de l a cultura por toda el á r e a nacional. E n P a r í s y en otras capitales de Europa tiene cada librería su étalage, donde expone al público transeúnte la preciosa mercancía del espíritu. E s un puesto móvil de libros Junto al escaparate, en avance discreto sobre la acera. Allí se detienen hombres- y. mujeres para hojear con apresurado deleite la última novela, el m á s reciente volumen de ensayos. Léese el índice; baja de prisa l a m i- rada curiosa por los apretados escaloaes de una p á g i n a detiénese en un pasaje. E s un pasaje sugerente, feliz, certero de pensamiento y rotundo de estilo. Esto decide más que el triste elogio mercantil de un interesado librero. E l transeúnte, retenido, ganado a l a lectura, pasa y compra el libro. Así el amigo sale al paso del amigo; le espera, se hace ver; silencioso y cordial, acude a su encuentro. Sabedor de su ruta, antes, sobre l a linde del camino, habíase procurado un puesto, destacado de la u n i formidad. T a l es él libro, y éso hace, desde el étalage. Porque él es el auténtico amigo del hombre E n t i é n d a s e el amigo del hombre culto Otros aseguran que el amigo del hombre- -y no sólo compañero fiel- es el perro. Ellos tendrán sus zones, que yo respeto, á uejue no comparto. Pues una cosa es símbolo de k amistad y otra l a amistad misma, y si Cipión y Berganza, por voluntad de Clavantes, hablaron, no sé de perros capaces de t a m a ñ o portento. E n fin de cuentas, cada uno tiene sus amigos Reconozco m i injusticia culpando a los libreros- -de vuelta de P a r í s cada año- -de tardos en la iniciativa para la venta del l i bro. N o pude imaginarme que en España se negase al libro lo que se concede a una hortaliza, a una mesa de bar. Nuestras aceras, reducidas por l a prominencia mercantil de toda suerte de artículos y servicios, se expanden y franquean el paso frente a la joyería (que estima peligroso exponer al p ú blico manoseo sus alhajas) y por delante de la librería, que, diríase, cela demasiado sus libros. E l resultado es que todo transeúnte se ve como invitado a aprovechar el espacio libre, y apresura el paso. Nunca pude su- Las enfermedades del i m 4 aunque sean de muchos años de antigüedad y hayan fracasado otros tratamientos se curan con m Medicamento agradable, Inofensivo siempre en todas las edadesy de resultados positivos para quitar el dolor de estómago, acedías, vómitos, anuas os boca, malas digestiones, diarreas en niños y adultos, te.
 // Cambio Nodo4-Sevilla