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El servicio sanitario de las minas de Almadén. AS minas de Almadén constituyen uno de los tesoros m á s saneados del Estado español, pero también son las minas de Almadén la causa de innumerables intoxicaciones crónicas por tos vapores de mercurio, esos t r á g i c o s envenenamientos lentos, puro constantes, que acaban por transformar a los infelices obreros en seres inútiles, masa? informes de carne humana, con el sensorio embotado, con las bocas desdentadas, deshechas por la gingivitis h i d r a r g í r i c a encías fungosas, grisáceas, tumefactas; enfermos con vómitos, con diarrea y con ptialisino; con desórdenes psíquicos y motores, con un temblor vibratorio de los músculos de la cara, de los brazos y de las piernas, U hacen la locución balbuciente y l a march; i insegura y que acaban con parálisis de grupos musculares, que retuercen la figura cu actitudes que remedarían las m á s atormentadoras visiones dantescas. L DESDE E L HOSPITAL D E MINEROS, ALMADÉN OFRECE UNA BELLA PEl SI ECTIVA pocos meses de trabaj o para que adquirieran todo ese o. njunto de síntomas que usted nos ha descrito, transformándose en verdaderas p i l t r a f a s h u manas. Y D Julio Z a r r a l u qui, que así se llama este ilustrado consejero, nos invitó a v i s i tar las minas y comprobar por n o s o t r o s mismos el extraordinario servicio sanitario que se presta en A l m a d é n a los obreros. Y a c e p t a m o s encantados de la oportunidad que se nos ofrecía p a r a conocer de visu lo que puede lol UEHTA l K ENTRADA A L CERCO- DE BUTRONES, El. MAS RICO grarse con una atinada DE LAS MINAS aplicación de la H i g i e ne para evitar las i n toxicaciones de los obreros del mercurio. U n a descripción del modorro como se Y una noche, en el correo de Badajoz, llama al intoxicado hidrargírico, similar a ese infernal correo, que parece inventado la que acal üonos de transcribir, hacíamos para aplicar insufrible martirio a los que una m a ñ a n a dominical ante un grupo de no tienen otro recurso que viajar en él, el amigos cu un café de la calle de Alcalá. propio D Julio Zarraluqui, que había abanUno de lo- contertulios, del que luego sudonado las comodidades de su hogar para pimos que era consejero de las minas de hacernos el honor de a c o m p a ñ a r n o s a nuesA l m a d é n nos interrumpió para decirnos: tra visita a A l m a d é n y ei autor de esta -Efectivamente, ésa es una acabada descrónica, taladramos la negrura de la nocripción sintomática del modorro pero en che, luchando denodadamente con la fuerla actualidad apenas hay modorros y los za hipnótica del monorrítmico acorde que que hay no llegan ni mucho menos a ese estado aterrador. L a higiene industrial, me- forma el tren en su lucha constante con ios rieles. jor a ú n la higiene del niinerp, y especialmente del minero de Almadén, ha hecho Cerca de las cuatro de la madrugaría verdaderos milagros. Antiguamente, cuando -con casi una hora de retraso- -llegábaera verdad la leyenda de Almadén, la leyenmos a la estación de Almadén. Allí nos esda negra del modorro se trabajaba a peraba un auto para conducirnos a la dedestajo, y desde niños comenzaban ya a hesa tle Castilseras, donde habíamos de paprestar servicio en determinadas labores fuesar el resto de la noche. ra, de la mina, pero en contacto con el merA las ocho de la m a ñ a n a siguiente nos curio, esa plata líquida que tantas vidas arrancaron de las delicias del m á s plácido ha segado, y cuando tenían veinte años y sueño los go pes dados a la puerta de nuescomenzaban sus trabajos dentro de los po- tra alcoba por la guardesa de Castilseras, zos ya iban intoxicados, y eran menester y unos minutos m á s tarde, después de un frugal desayuno, salíamos en el auto camino de los cercos de la mina. Nuestra primera entrevista fué con el i n geniero director, que nos recibió en su despacho y t r a t ó con el S r Zarraluqui de d i versos asuntos relacionados con la marcha de la explotación. listo no era lo que nos interesaba, puesto que nuestro deseo era charlar con el médico jefe de los servicios sanitarios de las minas de A l m a d é n A l g o m á s tarde, al filo de las diez, ent r á b a m o s en el dispensario de urgencia de la mina, y allí nos fué presentado el dnc- tor D Guillermo Sánchez M a r t í n hombre inteligentísimo, conocedor a fondo de los intrincados problemas higiénicos derivados del trabajo en las minas, y que, desde este momento, fué nuestro mentor y nuestro acompañante. P a r a bajar a l a mina nos proporcionaron un traje especial de gruesa lona y un casco de gran resistencia, para que protegiera nuestra cabeza contra los traumatismos producidos por pequeñas piedras que frecuentemente caen de la bóveda minera, a pesar del cuidadoso entibado, allá en el decimotercero piso, a trescientos treinta y tantos metros de profundidad. E n la jaula en que habíamos de bajar- -a juzgar por la velocidad, una especie de ascensor exprés, a pesar de que nos advirtieron que esta velocidad era de gran lentitud por tratarse de personas de alta calidad- -calidad qu. e debieron calibrar por el medico- jefe y por el ingeniero que nos acomp a ñ a b a- -y provistos cada uno con nuestra correspondiente l á m p a r a de acetileno, llegamos hasta la m á x i m a profundidad, que es la que tiene el pozo de S a n Teodoro. Confesemos antes de seguir adelante que el miedo nos d u r ó sólo mientras bajábamos, veloces, a t r a v é s de interminable pozo. U n a vez dentro de las galerías, bien iluminadas con potentes l á m p a r a s eléctricas y con nuestros respectivos candiles de gas, el miedo pasó, y nos hubiéramos creído en medio de las obras de un Metropolitano si no hubiera sido por el color rojizo de la tierra que p i sábamos. U n ruido ensordecedor dificultaba oír las v
 // Cambio Nodo4-Sevilla