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San Heliodoro, en homenaje a la labor llevada a cabo en las minas por el consejero sanitario doctor D. Heliodoro del Castillo, vamos al piso superior, y en toda nuestra v i sita sólo pudimos ver un herido en accidente en el fondo de la mina y un modorro hospitalizado, aun cuando ni mucho menos de la gravedad que describimos al principio, como puede dar idea la fotografía que obtuvimos. El quirófano está dotado de todos los elementos indispensables y aun. de lujo, y en la botica pudimos admirar algunos tarros talaveranos de extraordinario mérito. Mantenemos una larga conversación con el doctor Sánchez Martín, que realmente constituye una magistral lección de higiene minera, en la que, al mismo tiempo, pudimos apreciar el cariño con que estas cuestiones son tratadas por el referido- doctor, tan cuidadoso de la. salud de cuantos de él dependen. El porcentaje de hidrargíricos ha disminuido extraordinariamente gracias al esfuerzo del médico director y de las mejoras introducidas desde el punto de vista higiénico por el consejero doctor Castillo. Mejoras NUESTRA CÁMARA RECOGE ESTA CURIOSA PKRSPEGTIVA D E EOS CONDENSADORES D E L MERCURIO explicaciones que nos iba dando el doctor Sánchez Martín. -Este ruido es producido por los gruesos tubos de ventilación- -nos dijo- colocados para remover el aire de las galerías de unas a otras, y que luego aspira el gran, ventilador deprimógeno, que veremos al salir. L o pararé un rato. Y uniendo la palabra, a la acción, hizo girar un contacto eléctrico, y el ruido fué cesando rápidamente, hasta quedar en un absoluto silencio, acaso más impresionante que la sonoridad anterior. Era un día de tiesta y los martillos neumáticos no funcionaban. Nos acercamos a uno de los extremos de la mina, al final de uno de los filones, y pudiv. ws ver, cera asombro, que entre la tierra desmenuzada, gris y roja, brillaban millones de perlitas de mercurio en estado naciente. -Esto da idea de la riqueza extraordinaria de estas minas y del peligro grandísimo para la salud de los obreros que aquí trabajan. Estas burbujas de mercurio metálico que usted, ve significan una superficie de evaporación constante del envenenador metal, que hacen muy peligrosa la permanencia prolongada en esta atmósfera. Por eso los obreros que aquí trabajan sólo tienen una jornada de seis horas cada tres días. Seis horas desde el momento de entrar en la boca del pozo hasta el momento de salir. Es decir, seis horas en la mina y dos días de descanso o de trabajo al aire libre para que pueda ser eliminado el mercurio absorbido. Aún es más peligroso para la salud el trabajo en las hornos, en que se calcina el mineral para evaporar el mercurio, que. una vez condensado en verdaderos alambiques gigantescos, corre por tuberías a los depósitos en que se recoge. Estos obreros trabajan, por lo tanto, unas cuarenta horas mensuales, o sea un total de cuatrocientas ochenta horas al año. Es decir, veinte días en total. Cobran dé ocho a once pesetas diarias, trabajen o no, y son jubilados por el Estado a los cincuenta años de edad, con una jubilación valorada por tiempo de trabajo que a veces es mayor que. su propia edad. Salimos de la mina, dirigiéndonos a los departamentos de aseo que hay instalados junto al dispensario de urgencia. Un. hombre manco- -accidente producido al explotar un barreno en la mina- -nos ayuda fácilmente a quitarnos el traje minero y nos limpia cuidadosamente el calzado. Nos lavamos, aunque no tan minuciosamente como lo hace el doctor Sánchez Martín, que por razón de su cargo debe dar el ejemplo, y pasamos a visitar el dispensario, con sus departamentos para heridos, que no tienen nada que envidiar a los de un bugn sanatorio; su laboratorio, en el que ante un microscopio hacemos al doctor Sánchez una de las fotografías de esta informacU n, en la que aparece el ilustre médico con la más precisaexpresión de su inteligencia, de su energía y de su capacidad científica. Visitamos luego el Real Hospital de M i neros de Almadén, que ha sufrido en estos últimos años mejoras extraordinarias. Por una amplia y moderna escalera, llamada de que, naturalmente, aún son susceptibles de perfeccionamiento y ampliación. No queremos terminar esta, rápida reseña de nuestra visita sin recordar un hecho tan cierto como lamentable. El problema higiénico de Almadén ha apasionado siempre a cuantas personas han tenido más o menos directamente relación con aquel tesoro, y en cierta ocasión un diputado de tan limitada cultura como gozan una gran mayoría de nuestros políticos y tan aficionado a los latiguillos oratorios como enemigo de la lectura dijo en pleno debate del Congreso: E l problema de los modorros estaría definitivamente resuelto en cuanto desapareciesen las tabernas de Almadén DOCTOR FERNÁN PÉREZ (Fotos de; mismo autor.
 // Cambio Nodo4-Sevilla