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LOS BÚNGALOWS PARA CUATRO ATLETAS D E LA VILLA OLÍMPICA con su pabellón de esgrima, con su Museo Olímpico de Bellas Artes, con su piscina de natación. N o hablaremos tampoco deí R i v i e r a Country C l u b donde tendrán su escenar i o las pruebas de equitación; n i de l a Rose B o w l para el ciclismo exclusivamente; ni del O l y m p i c A u d i t o r i u m ae tinado a la lucha, a l boxeo y al levantamiento de pesos; n i del Estadio de agua de L o n g Beaeh, reservado a las regatas de remo; n i de los- quince campos de entrenamiento que se ponen a disposición de las naciones concursantes. Todo ello o f r e c e proporciones fantásticas y una organización que asombra vista desde países de i m provisación y de desgana. Y sin embargo, nuestra a d m i r a c i ó n máxima es para esa V i l l a Olímpica graciosa y maternal, para sus bungalows, par a sus construcciones de tipo indio, para sus previsiones, p a r a s u elegancia, para su ambiente sportivo de o r i gen universitario, para su aire sano y l i m pio y para su sueño a espirales producido por. una firma e x p e r i m e n t a d a en noches. M u y lejos ya aque- lla Olimpíada de Amberes, improvisada rápidamente, durante la cual se intentó alojar a los atletas en escuelas públicas, regadas con camastros militares. M u y lejos también el 1924 de París, con su V i l l a g e Olympique hecho a martillazos desiguales sobre tablas usadas. L a aldea olímpica- -dice en La Olimpíada de París M a n o l o de Castro- -estaba desierta. E n lo alto del mástil de cada barraca ondeaba el pabellón de una nación; pero el interior de las viviendas estaba vacío. L o s futbolistas g f í o kg a l abandonaban l a aldea, formada por muchas de estas barracas, tipo feria, aisladas entre sí y divididas en dos filas, separadas por una avenida que tostaba el sol canicular. M u y lejos, asimismo, aquella dispersión de los participantes por los hoteles y pensiones de Amsterdam, entre canales y gabarras; y aquel problema diario de abordar el Esiadio Olímpico a través de circulaciones congestionadas. E n 1928- E l dólar y el entusiasmo norteamericanos ofrecen para 1932 u n pequeño pueblo luminoso de vacaciones para ios atletas. T o d o previsto: la cocina, los cocineros, los baños, el material sanitario, las bibliotecas, BMW 1 m M i iii i r los laboratorios para las fotografías personales... Que nadie pueda dec i r luego que no se sentía en forma por las deficiencias del hospedaje y por l a falta de alimentación. E l americano está terminando y a üft paraíso para la juventud que llegue a L o s Angeles por todas las rutas. Y concluido e s t e hermoso trabajo, los americanos no se entregarán al reposo del séptimo día. Se entregarán a l a victoria sobre los demás. ¡S e guro! i p E L EDIFICIO QUE ALOJARA A LOS ATLETAS J. MIQUELARENA UNO D E LOS S I T T I N G- R O O M S D E L ALOJAMIENTO D E MUJERES ALCOBA EN UN BUNGALOW
 // Cambio Nodo4-Sevilla