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EL DEMONIO POK AIVDRt ARMANDY (CONTINUACIÓN) AZUL -L o mismo digo y o- -d i j o Orfeal, que pensaba en su escenarios. Artícola fué el único en no compartir la indulgencia general. ¡Sí que tenéis alegría! -gruñó con su aspereza habitual- Diríase que todo marcha a las m i l maravillas. ¿D e qué te quejas tú, a n i m a l? -l e preguntó Malavial, regocijado. -D e todo. -Concreta. -D e haber sido encerrado durante cinco días como uaa bestia por otros hombres en su innoble perrera de Ellis- Island. -F a l t a de filosofía. Cuando se está ante una reja, debe uno imaginarse que está del lado libre. Vistos bajo este ángulo los agentes del servicio de inmigración me han divertido mucho. Y además era preciso esperar el barco de la W a r d L i n c -Encantadora travesía. Otra vez prisioneros en el entrepuente sin poder descender en las escalas. -Te olvidas de nuestras escapatorias a Nueva Orleáns, esa Marsella de América, y la noche pasada en l a calle del Canal, en donde todo el mundo, incluso las negras, hablaban francés. -N o lo olvido, como tampoco que para conseguirlo tuvimos que pasar por una manguera y deslizamos a lo largo de una amarra. -S í pero cuando hemos vuelto el bribón del capitán nos hu- biera ofrecido su camarote, pues tenía poca esperanza de que volviéramos a bordo. Abandonando por un instante sus botellas y sus frascos, el es- ¿Y esa llegada a Bélicc? ¡Formados como un convoy de tanciero les condujo por una escalera ruinosa a una vasta sala de deportados paredes blanqueadas, todo cuyo mobiliario consistía en dos hile- -N o exageres; nos han ahorrado las esposas. ras de camas más que sucintas. E l techo era de paja con vigas- ¡Y luego no había dinero para pagarnos los anticipos prode caoba apenas encuadradas. Como sensata precaución contra los metidos! deudores ágiles, las ventanas se hallaban condenadas por gruesos- -O t r o tanto que hemos economizado. barrotes de hierro. U n humeante quinqué difundía en la estancia- -T r e s días y tres noches en esas malditas pipantas para resu exiguo resplandor. Aquello tenía aire de cárcel o de asilo nocmontar el río. acostados unos encima de otros, cansados de la i n turno. sípida melopea de los remeros que sacudían el agua: ¡Y o o- l i o l Bajo el nombre pretencioso de camas, el estanciero les señaló cinco cajas largas y planas colocadas encima de cuatro patas y ¡Y o o- h o! -Cualquiera te creería en Vcnecia, mecido por la cantinela de forradas de exigua paja. Luego, vacilando entre la arrogancia y los gondoleros. P o r lo demás, el paisaje era soberbio. l a obsequiosidad, tanteó el terreno: -rY, en fin, ese carricoche atroz por esa carretera lamentable. ¿L o s señores me harán el honor de bajar a cenar? ¡Y para colmo esta caja de chinches! -G r a c i a s- -l e dijo A r m a i l- Todavía nos quedan provisiones Malavial descargó una fuerte palmada sobre los hombros de de viaje. su colega. -A l menos, los señores querrán desalterarse. E l Infierno no- ¡Farsante Artícola! -bromeó- P a r a quien como tú presutiene rival para complacer a los señores chicleros. me de despreciar l a vida, lo que dices demuestra que no desprecias- -Estamos fatigados. Mande que nos suban una botella de agua ninguno de los placeres de l a vida. ¿T e esperabas un hotel con bien fresca. todo el confort moderno? Estamos a punto de empezar nuestra E l estanciero creyó haber entendido mal. tarea, y eso es lo esencial. A nosotros nos toca labrarnos aquí una- -S i es para lavarse, el agua del pozo es muy sana, y l a casa situación a l a medida de nuestros apetitos. les prestará cubos. ¡N o me hables! -replicó Artícola- ¡Singular país para Cuando le confirmaron que el agua pedida se hallaba destinada hacer fortuna! ¿Has examinado el mapa? al uso interno, el estanciero optó por la arrogancia. Declaró que- ¡Y a lo creo í Y más bien veinte veces que una. su honorable establecimiento sólo recibía a personas sanas, y- ¿Y no te inspira nada? que para los enfermos no tenía sitio. Formuló l a esperanza de A r m a i l desplegó el mapa de Guatemala y lo extendió sobre que los anticipos que percibirían al día siguiente devolverían a una cama. sus clientes la afición por otros líquidos, y se marchó golpeando- -M i r a d estas fronteras- -dijo Artícola. la puerta, para dar a entender cuánto le habían ofendido. P o r tres lados: al Norte, al Este y al Oeste, sólo se hallaban A l quedarse solos, los cinco hombres se miraron, y, pese a su designadas por una línea de puntos. E n toda la región Norte no infortunio, tuvieron fuerzas para echarse a reír. se veía un nombre; n i río, n i montaña, ni poblado: el vacío. E h? ¡V a y a decoración! -dijo Orfeal. -Y nos hallamos en América- -insistió Artícola- en un país Malavial, rasgueando una guitarra imaginaria, tarareó: en donde la menor apariencia de riqueza natural atrae una lluvia de prospectores. Estas fronteras tiradas a cordel no me dicen Las citas... de noble compañía... a... nada bueno. Y o desconfío de estos trazados sumarios; cuando un límite común es tan poco reivindicado por las naciones que separa, -E s t o promete- -interrumpió Artícola. es que las regiones que divide no merecen que se las disputen. -O bien que nadie las ha explotado todavía- -indicó M a l a v i a l Se celebran... en este sitio galante... -Perdón, se las ha explorado- -dejó caer Lapostre. L o s otros cuatro se volvieron hacia el sabio. -M e gustaba más l a jaula de los emigrantes en el Ellis- Island, ¿Usted qué sabe? -preguntó Artícola. palabra. -T e n g o la prueba. Vedla aquí. Alegremente se pasa aquí la vida... Desplegó una gran hoja de pergamino, en la que A r m a i l reco... -Aplastando cucarachas o persiguiendo mosquitos- -conclu- noció el antiguo plano que había advertido en el gabinete del anciano: el mapa antiguo del Yucatán. yó él malhumorado. Artícola, ilustrando sus palabras con ejemplos- -E s t e mapa tiene una historia- rr- prosiguió el sabio- Fué desprecisos. cubierto en X k a n h a en 1881 por M Chassereau, que trabaiaba por -No cabe duda- -bromeó De A r m a i l- -q u e los parásitos son cuenta de Kensigton Museum. U n francés, M Blancaneaux, que aquí el único articulo gratuito. representaba en Cayo de San Ignacio, en donde desembarcamos- -E s t o es Jauja- -celebró M a l a v i a l- L o s mosquitos son del hoy, a la Guatemafian and M e x i c a n Mahogany E x p o r t C. fué tamaño dé las libélulas y las cucarachas parecen langostas. encargado de encaminarle al Museo. Puso su nombre en las cuatro Victoriano Lapostre, sentado en un jergón, admiró la ficticia puntas del pergamino, lo enrolló en un bastón y se lo confió a uno despreocupación que sus compañeros oponían a sus miserias. de sus agentes indígenas; pero unos bandoleros, muy frecuentes en- ¡A n i m o s o s amigos míos! -dijo enternecido. aquella época, despojaron el convoy y el mapa desapareció, ¿E s t á usted muy cansado, padrecito? -Entonces, ¿cómo está en su poder? -Ñ o mucho. Y además el sentirme aquí me compensa de mu (Se continuará. chas fatigas. 1 1 Rolando de A r m a i l se irguió ante la impertinencia. -E x c u s e usted, caballero- -le dijo con m e s u r a- pero yo creía que sus funciones se limitaban a visar los pasaportes, no a discutir los contratos. E l funcionario, estirándose, plantó sus sellos. -Y o me lavo las m a n o s- -d i j o- allá sé las entiendan ustedes con el agente de la Compañía. Pero he de advertirles que el G o bierno de Su Majestad Británica no tolera ningún vagabundo en su colonia de Honduras. E n consecuencia, si el señor Lapostre no dispone de recursos personales que le aseguren la estancia aquí, o si, como me supongo, es rechazado por la Chicle C. será expulsado como lo ordenan las leyes. P o r lo demás, voy a darles lectura de las que conciernen a los emigrantes de paso. Y se las enunció como otras tantas sentencias. L a s sanciones previstas reforzaban sü rigor. A l oírlas, se experimentaba cierto malestar en la garganta, tan preponderante era el papel que en ellas desempeñaba la horca. -A h o r a pueden ustedes disponer- -acabó el jefe de distrito. -N o sin haberle dado las gracias por su urbanidad- -le dijo con afabilidad Rolando de A r m a i l Y dejando al funcionario con su perplejidad, los cinco hombres se volvieron al Infierno. (TRADUCCIÓN DE MANUEL PUMARECA) 49 (PROPIEDAD D B L A C A S A BDITORÍAIi M A S U I L A R)
 // Cambio Nodo4-Sevilla