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rico Viera, por el contrario, se acusa despiadadamente, y en vez de exculparse con sofismas agrava la responsabilidad que imagina haber contraído con las gentes de su clase social. Es Un orgulloso que no se perdona el haber claudicado. Hidalgo, le av. le la mala fama de su padre y le humilla el que su hermana descienda de clase para casarse con un pobre diablo. Calavera, sufre de tener que acudir al préstamo y a la trampa para seguir viviendo. Amante, se avergüenza de ser desleal con su mejor amigo. Es, como Hamlet, un torturado. Póngase a un hombre robusto y ponderado, a un deportista, por ejemplo, én esas mismas circunstanciáis, y sus reacciones de conciencia serán muy diferentes. Es dudoso que ninguna de ellas le lleve a pensar en la muerte. El personaje central le La ráfaga, Robe rt, se parece a Viera en las tendencias morales; es, como él, un enamorado de la vida v un bohemio elegante, y, como Viera, un gran señor dispuesto a expiar la indignidad con la muerte voluntaria. ¿Cómo no se nos ha ocurrido antes hacer ostensible la semejanza de los dos dramas? En el uno y en el otro reivindica el hombre orgullosamente su derecho de opción entre el deshonor y la muerte. Eso podrá ir contra la doctrina católica, pero yo tengo para mí que Dios debe mostrarse muy indulgente con los que se castigan a sí mismos con esa severidad. Los espíritus delicados y en- fermos de la incurable melancolía que se contrae cuando se lia bebido el alcohol de la vida hasta las heces, í t íoinm m con frecuencia esta interrogacn n l m qm LA REINA CASTIZA Irene López Heredia y Mariano Asqiierino en los tipos de la reina y del estudiante Sopón, de la insigne farsa valleinclanesca estrenada en el Muñoz Seca con éxito excepcional. (Foto Alfonso. seguir viviendo si ya no me puedo salvar de mis propios reproches? Porque lo que duele no es la recriminación ajena, que puede ser y es corrientemente injusta, sino ta voz de nuestra conciencia, que nos puntualiza las omisiones culpables y los pasos indecorosos en que nos metimos. Bastaría con que recordásemos lo poco que valen otros hombres que ocultan con su hipocresía su bellaca condición para que nos sintiésemos aligerados de una pesadumbre; pero ni Federico Viera ni Robert de Charauce son hombres que puedan encontrar la paz interior en un piadoso escamoteo de la realidad. El sofisma les repugna. Luego su entereza personal hace lo demás. ¿Morir? ¿Por qué no, si la muerte es la disolución en la nada providencial de la que nos sacó Dios? ¿Por qué retroceder... ...Y aquellos dos nobles inadaptados se van de la vida serenamente por un supremo gesto liberador. Ni Realidad ha gustado ahora en España ni La ráfaga ha producido en París el efecto que causó. Es porque el hombre de nuestro tiempo no tiene nada de común con Hamlet, y ni se pregunta el porqué de nada ni se siente agitado por ningún temblor romántico. Es un tipo atlético y poco sensible que en materia de placeres y de satisfacciones no encuentra nada ilegítimo en la realidad... Y así da gusto. La idea del revólver en la sien no se presenta nunca. 1 MANUEL B U E N O
 // Cambio Nodo4-Sevilla