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A B C. V I E R N E S 12 D E J U N I O D E 1931. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 42. rar el estilo, y otra, perder el estilo. Supongo que fué una genialidad para que vieran que eso lo hace cualquiera, y que lo hizo atacado por el calor. A este toro le puso un par de banderillas y no le gustó el toro. L o sentimos, porque a nosotros sí nos gustaba el toro. Claro que nosotros no teníamos que torearle. E n los primeros pases sufre un golpe en el muslo izquierdo, y, dolorido y cojeando acabó con el toro, sin hacerle ya faena ni nada. Nosotros que creímos que este era el toro de la tarde. N o se quiso retirar hasta que murió el toro, a pesar de la insistente solicitud de Bienvenida. ¿Y antes? Pues hizo una cosa muy digna de aplauso y también merecedora de censura. E n el primero, nada. Cuando le tenía dominado con su toreo, le cambió de tercio, y nada. Pero en el tercero se fué al toro con la muleta en la izquierda, le desafió, le pisó un terreno peligroso y el toro dio una arrancada fuerte y bronco, y descompuesto. L e aguantó el natural y dos más. M u y digno de aplauso el valor de irse al toro con la izquierda en aquel terreno; muy censurable en un torero de un conocimiento del toro y el toreo. Y a sé que lo hizo porque el toro estaba mucho mejor por el lado izquierdo, pero después de haberle dado dos o tres pases de castigo, y entonces le hubiera toreado bien y más a gusto. Pero irse de primeras a ese toro con la mano izquierda, en él es una equivocación, que tenemos que hacérsela notar. Matando, una de sus tarde más deficientes. E l que empezó bien la corrida fué Bienvenida. E n los quites, al primero, al único que le pasó el toro, fué a él. Y cuando salió su toro primero, abanto; después, huido, le persiguió con rabia. Tanto correteó tras el toro, que temíamos verle caer asfixiado. Pero ya hemos dicho que son inalterables al fuego, como algunos metales precisos. E l toro, tras pelea vulgar y de poca codicia, llegó a la muleta vulgar y queriéndose ir. Por el lado izquierdo no doblaba. N o doblaba tiempo pasado, pero en el presente, o sea cuando Bienvenida torea de muleta, no tuvo más remedio que doblar, porque con el trapo la hacía volver, y cuando no era suficiente el trapo ofrecía el cuerpo a la codicia del toro, y éste entonces volvía a cogerle, pero volvía, que era lo que el torero quería. Y eso me gustó. Aquella decisión para obligar a un toro que huía, es de torero que sale dispuesto a todo. Y se hizo con el toro, y lo mató de una buena estocada, y le aplaudieron mucho. ¿Y luego? A l cuarto toro se le pasaron de castigo. E l toro, duro, recargaba mucho; los picadores apretaron; el segundo puyazo fué grande y el toro se acabó; aún le dejaron la puya enhebrada. N o- h a bía toro. L a faena fué movida; los pinchazos malos. E l sexto mejoró con la lidia, porque Bienvenida solo en el ruedo le lidió. L e puso dos pares de banderillas, y el toro le derrotó mucho. E l tercero, cerrado en tablas, y en terreno peligroso, no le clavó, porque i n tervino Boni demasiado pronto. Y cuando esperábamos algo, nos escamotearon la faena y a la calle. L a corrida, en conjunto, monótona, pesada, nada distraída. Los toros, con poco genio. Los toreros no se metieron con los toros. E l público se metió con los toreros. A pesar de mi preocupación por lo que molestarían las chaquetillas de oro en tarde tan calurosa, repasada la corrida, parece que se toreó en mangas de camisa. ¿Qué pasó? Y o lo achaco al calor. N o olvidemos que por el calor se hundió el tercer depósito; no es muy absurdo, que por el calor se hundiera una corrida. Y felicitémonos de qu no se hundiera la plaza. -Gj. Corrochano. f DE ECOS SOCIEDAD D 1 VERSOS T i e m p o de verbena Y a estás aquí, verbenita de San Antonio. T ú eres la única, la verdadera, porque con ser popular a l nacer en la calle, tienes aires de señorío, y cuentas hasta con la tradición de unos árboles que, a fuerza de viejos, tienen, él tronco remendado. Verbenita de San A n t o n i o ¿Te habré cantado ya veces... M e voy haciendo viej o pero cada nuevo año, verbena, voy a rendirte el homenaje de mi vista, y para hacerlo llevo de bracete a mi última ilusión femenina, ante la que me es grato descubrirte una vez más, y otra, y otra... i Gomo ríen los cielos de j u n i o Y o no sé si en el cielo abren su flor de diamante las estrellas, o muestra la luna su redonda faz bobalicona; pero sí se que la noche te ennoblece, verbena, y que, bajo las luces artificiales, el gastado esplendor de tus oros y de tus percalinas parece adquirir un brillo nuevo. Verbenita madrileña. V a n por parejas el amor, el afecto, y hasta la amistad. ¡Qué importa que los años pasen y que el tiempo corra... E n todo corazón existen siempre juventudes insospechadas y hasta recónditas infancias, bien dispuestas a abrir en o la boca de los asombros, ante el pueril atractivo de la verbena. ¡Nochecita de j u n i o Humano cauce, que corre río abajo, hasta estancarse bajo la fronda de la Florida. Sonar de bocinas, estrépito de claxons, ágiles y saltarinas notas de los organillos, estallido de los cohetes, vibrar de campanitas, aparatos que g i ran y se quejan con todo el horrísono fragor de sus intestinqs herrumbrosos... ¿Quién es capaz de resumir en uno sólo, todo este conjunto de ruidos en la verbena... ¡Sube, columpio... y baja... y vuelve a subir... U n a niña que se ha embarcado en tu góndola veneciana, muerde una rosa por el tallo. ¡Rosa de junio, boca fresca... ¡Sube, columpio... ¡Más alto... más todavía... L a niña quiere cambiar esa flor que lleva entre los labios, por un lucero encendido. ¡Girad vosotros, los cerdos rosados, y los caballitos de u n color inefable... Los cerdos cínicos, que muestran su morro rizado, que les hace sonreír, y un rabo en tirabuzón. Los caballitos a la brocché, a los que la certera lanzada que les atraviesa el cuerpo, parece haberles sorprendido en medio de una postura de galope inverosímil. ¡Girad, caballos y cerdos, y tú también, ola de metal, que recorres un camino de ondulaciones entre un estrépito de cacerolas que se deshacen, y un agudo motivo áfi chillidos de mujer... L a verbena está llena de barracones. Las barracas trazan calles y forman laberintos, por los que es grato perderse. V e n conmigo, mujer que varías todos los años, y que, en el fondo, eres siempre la misma. Esta noche, con tu mantoncillo de crespón y tu alegría verbenera, te quiero más que nunca. Nochecita de j u n i o L a puerta de la ermita traga y devuelve nenas y más nenas, que van a rezar a un San Antonio, del que ya, en estos tiempos, no se espera mucho. Pero van por tradición y por hacer ver al hombre que las acompaña, que en ellas aún ha prendido esa semilla de creencia, que es el mejor perfume de la mujer. Verbenita unificadora. E l mantoncillo iguala, y sin el engorro de los sombreros, la señorita juega esta noche a que es un poquito chula, y la modista bien calzada sueña que se ha convertido en señorita al realizar el anhelo de casarse con el estudiante iue la lleva del brazo, y que ha conquistado ya el codiciado título de doctor... L a noche está llena de estrellas y de ilu- siones. ¡Subid, columpios y cohetes... ¡Sonad, organillos y campanas... ¡Girad alrededor de vuestro eterno eje, caballitos y olas estrepitosas... Y tú, mujer, agárrate bien de mi brazo. Vamos a hendjr con la proa de un optimismo, ese mar revuelto de las gentes. Porque quiero decirte que la verbenita es nuestra... -Gil de Escalante. 1 NFORMAC 1 TAURINAS ONES La corrida del Montepío Madrid 11, 9 noche. Calor. Hace calor. Hace mucha calor. E l público llega a la plaza cansado, como si ya saliera de la corrida. Los hombres, luego de ocupar sus asientos, se quitan la americana. Las mujeres se quitaron ya todo lo que el pudor las permitió quitarse. D a pena ver a jos toreros con sus vestidos pesados, y, además, arropados en una capa. Y o les permitiría hoy torear sin la chaquetilla. Claro que si a los toreros se les quitara el traje de fantasía, quedaría muy poco del torero. ¡Pero hace tanto calor. Jinete en caballo blanco, ha salido el caballero- -El polvo de los aplausos lo recoge desde el ruedo- -Y al anunciar los clarines la salida de toro fiero- -en el centro de la pla a planta su corcel ligero. -Y o le cantara en romance sus afanes de torero Pero no. M i pobre musa se ha desmayado como una damisela. ¡Hace tanto calor! Buen toro este de Coquilla; buen toro para la gente de a pie. Con el caballero está aún distraído. A esta distracción del toro contribuyen bastante los auxiliadores. N o ven que el toro está fijo en ellos, y que no está con el caballo. N o lo ven. E n el primer toro, en puntas, rejoneó muy bien D a Veiga. Y mató al toro desde el caballo con un rejón, admirablemente colocado. E n el embolado, a pesar de las habilidades de la jaca que torea, que banderillea muy bien, la faena se hizo más pesada, porque el toro era muy tardo en la arrancada, y los auxiliadores demasiado diligentes y cuidados de la jaca. Puso un par de banderillas a dos manos, muy cerrado en tablas, y se le aplaudió mucho. A este toro le mató pronto Agüero I I Y salieron Marcial y Bienvenida con sus pesados trajes. Marcial iba de verde; de rosa, Manolo. Cuando han resistido la prueba de hoy, es que son inalterables al calor. Podrían ir a cortes futuras, sin que dieran la preocupación de buscarles temperatura adecuada. L a corrida nos ha pesado como si los espectadores estuviéramos también vestidos de torro. Los toros de Coquilla no han acusado la bravura y nobleza de la casa. Cierto, que no han sido toros peligrosos. Que todo toro es un peligro; pero anduvieron bastante sueltos y huidos, y derrotaban alto. U n toro me gustó mucho; el quinto. M u y bravo, muy duro, recargó y se rompió en los caballos. U n toro que hubiera lucido mucho si le lidian y le torean; luego veremos que no lo torearon. También fué un toro duro con los caballos, el cuarto. E n el segundo puyazo le castigaron mucho, demasiado, y siguió peleando bien. E l bueno le tocó a Marcial en quinto l u gar. L e recibió con un cambio de rodillas, y, ¡oh, sorpresa! le dio luego unos lances con los pies juntos. Marcial, con los pies Juntos. A l final, rectificando todo el- concepto escolástico del toreo. ¿Por qué otros lo hacen y se lo aplauden? Peor para los otros. N o me parece acertado renegar de una escuela por una modalidad pasajera, tan pasajera, que ya casi pasó. JJga cosa es rnejq
 // Cambio Nodo4-Sevilla