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P E L O T A VASCA EL HOMENA 1 E Un veterano glorioso en la historia de la pelota la contera de su pueblo, hecha de bloques de l a caliza de Izarraitz, y de su espíritu patriótico, diera un nuevo brote, continuador de las glorias de la pareja azpeitiana. Y en este momento surge Tacólo, cuando ya el juego se extiende por A m é r i c a y es de adopción en Madrid y Barcelona. Desde este momento, Tacólo, sucediendo a Mardura en aquella tenacidad azpeitiana, heredada del maestro, hace dedicación de su vida al juego de pelota. N o importa que llegue la crisis y el decaimiento gradual de la cesta. Tacólo apura los trámites y sigue jugando hasta el último trance. Se cierran los frontones de cesta y se recluye en el pueblo, ejercitándose en el juego fundamental de mano y siendo maestro de otra nueva generación de pelotaris que había de salir cuando por él y por otros como él se abriera el juego de mano nuevos caminos triunfales. Continuador de la tradición pelotística popular de los Laba, Bisimodu, Chiquito de Eibar, Pola, Tacólo, salió a las canchas, maestro consumado, al tiempo que Urcelay, Estudiante de Marquina, Barbero, formando en el primer cuadro de pelotaris, capaz de ofrecer espectáculo artístico que no desmereciera en interés y valor del que diez años atrás había ofrecido el juego de los chisteristas. E l público gustó extraordinariamente de la calid? 4 del juego de los nuevos pelotaris, entre los que figuraba en primer plano el gran Tacólo. Tenía por entonces el tipo desenfadado del artista hecho a la presencia del público: actitud noble, erguida y decidida, que contrastaba con la encogida y tímida de Barbero, del entonces adolescente Chiquito de Ascoitia, de Pustarra, que vinieron a disputarle un puesto, sin conseguir a r r e b a t á r s e lo, componiendo más bien con el veterano la oposición más calificada y brillante en luchas empeñadas que llenaron los primeros años de la floración más brillante del juego de mano, siendo figura destacadísima y obligada en los grandes partidos. Con más años que cualquiera de sus contrincantes, era el suyo el juego más vivo, más alegre, su ataque, el más dinámico y atlético, revelador de facultades físicas maravillosamente conservadas a edad en la que un juego tan duro como el de mano debía d e m u d a r el ti abajo de los años, empleados en continua actividad pelotística. Jodavía alcanzó otro nuevo decaimiento y desvío de aficiones en el público, que empezó a desertar de los partidos de mano. Y volvió al pueblo, como a repostarse de nuevas energías, para aparecer al poco tiempo como- novador y lanzador de un nuevo juego, o, mejor dicho, de un antiguo juego remozado y acomodado a la época, y que había de alcanzar la popularidad que ha conocido hoy con Irigoyen y Ábrego. E n este nuevo empeño volvieron a concertarse las voluntades de Mardura y de Tacólo, que al cabo de muchos años volvían a reanudar el glorioso riiornello de la pareja azpeitiana de remonte, invencible también ahora en su reaparición como remontistas. Ellos, con Primitivo, Gamborena, Pasie- Hace un año, la juventud Renteriana, inspirada por un grupo de representantes y corresponsales de los periódicos guipuzcoands, ofreció un sentido homenaje a los jugadores veteranos que pasearon en triunfo la pelota por el mundo entero. E l recuerdo de Vicente Elicegui, el magnifico atleta de la bolea, bajo cuya casa tiene lugar la fiesta, se filtraba en la reunión. Mar dura, Beloqui, Samperio, sus obligados y primeros compañeros, le recordaban enternecidos por aquella ejemplar nobleza y efusión con que se daba Vicente a sus compañeros. Gamborena recordaba la boda del gran pelotari renteriano, rumbosa y alborotada, como la de un héroe popular, en aquella hermosa parroquial, que parecía retener el eco de la hermosa voz del artista, que gustaba ofrecer sus disposiciones líricas a la ceremonia del culto. Los pelotaris aquellos eran, en efecto, algo muy de sus pueblos: N i sus andanzas por el amplio mundo ni la natural brillantez exterior de sus vidas de artistas les despintaban lo más mínimo. E n el pueblo tenían sus afectos, sus caros rincones de tertulia, y por él, y por ellos, suspiraban aun en los momentos más gratos del clamoroso triunfo popular. Rentería tiene a su Elicegui, entre los recuerdos nostálgicos de sus artistas malogrados. Y a Samperio y Gamborena, que viven aún, y quiera Dios que por muchos años, asistidos del cariño y fervor del pueblo, al que ellos corresponden y ofrendan sus actividades, restituidas a lo que siempre fueron ejemplares ciudadanos. H e aquí ahora un caso parecido en A z peitia al honrar a su pelotari Ignacio B e raciaotua, Tacólo, con un homenaje, que apenas anunciado ha tenido l a virtud de despertar en el país entero viva simpatía. Tacólo fué también, y lo es ahora, uno de estos originales y típicos artistas vascos de este juego eminentemente popular, i n contaminados de ese prurito de soberbia y necio orgullo, tan frecuentes en encumbrados a favor de una habilidad cualquiera. Azpeitia tuvo su representación calificadísima en aquellas primeras grandes l u chas del juego de chistera, que produjeron en el país conmoción no igualada. Los partidos de la pareja azpeitiana, que llegó a llamarse y tenerse por invencible, contra Chiquito de Eibar y Vergarés, E l i cegui, Goenaga, Samperio, en el desaparecido frontón de Abando y en él a punto de desaparecer de Deusto, en Durango y Vergara, fueron los que mascaron el m á xirrio interés del pueblo por su juego. Eran Mardura y Baltasar los componentes de la pareja: Mardura, el cerebro director, en la prieta colaboración de los paisanos; Baltasar, el brazo violento y el ímpetu, que, dirigido, tenía que oponerse a la furia de Vicente, casi fuera de las posibilidades humanas. Aquella pareja, que jugaba para l a m a yor gloria de Azpeitia, y que su mayor fuerza residía precisamente en su caracterizado localismo, se deshizo relativamente pronto por ausencia de Baltasar. Tenaz y porfiado se mantenía ante todos y centra todos, en puesto preeminente, j u s n José Eceiza, -Tardura, esperando que guito y algún otro dieron un camino m á s al profesionalísimo de la pelota. Tacólo alcanzó bien ganados los días del descanso. Su parco v i v i r sin ostentaciones, y su mucho trabajo, le valieron un decoroso patrimonio, con- el que atendía a su dilatada familia, como padre solícito, hasta verla instalada en la vida en posición que era la ilusión de la suya. Este Tacólo, tan honrado, tan poco aparatoso, tan de los suyos, es objeto de un homenaje al cabo de cuarenta años de haber trabajado en las canchas y en su villa natal, con la fe y el entusiasmo que denota su limpio historial de artista y de buen ciudadano. Felices los que como él llegan a asistir a esta glorificacin que. les rinde su propio pueblo, obedeciendo a nobles excitaciones de reconocimiento y cariño al término de una vida honrada, llena de nobles empeños. de Irigoyen. NATACIÓN Un record femenino E n Budapest ha batido el record femenino de natación, de cien metros libres, la. nadadora h ú n g a r a Magda Lelkey, de dieciséis años de edad. E l nuevo record lo ha establecido en un inmuto, ocho quintos. 4 W- ¿OS BOXEADORES GIRONES Y TÁMÁGNINÍ (DIBUJOS D E SOLIS AVÍLA)
 // Cambio Nodo4-Sevilla