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director at stico de su trcnip cuarenta m ú sicos rusos, veinte guitarristas y bandurristas españoles, doce girls, naturalmente r u bias. E n esta alegre compañía, B o n recorre los Estados Unidos representando las obras de Albéniz, de Granados, de Falia, para las que pinta los decorados. -i C ó m o se entendía usted con la gente? -A l principio, en castellano o en c a t a l á n cuando en un restaurante. me presentaban la lista de los platos, yo cerraba los ojos y hacía girar el índice sobre ella, como quien recorre las casillas de la rueda de la fortuna a veces me t r a í a n para empezar una ensalada, un puding. A l fin, por inmersión, fui aprendiendo el idioma. Se anuncia l a Exposición de Barcelona, y siente l a nostalgia de l a ciudad natal. P a r a completar de. algún modo el carácter del pueblo español hace construir l a rotdotte que arrastra un caballo. Pero no le dejan situarse dentro del pueblo y tiene que quedarse fuera. Allí se queda durante toda l a E x p o s i sición haciendo caricaturas. Y en l a rouLotte, símbolo de la trashumancia, hace instalar el teléfono. -Hasta que se pusiera en movimiento el carro. -E s claro. Entonces tuve l a idea de recorrer E s p a ñ a así, pero substituí el motor h í pico por el de explosión. D e ahí nació este carro de titiritero con el que no sólo he recorrido casi toda España, sino aprendido a amarla, con amor que, a despecho de todas las tentaciones de emigrar, en ella me retiene. H e recorrido Levante, A n d a l u c í a ahor a vengo a Gibraltar. E n todas partes he encontrado una acogida comprensiva y hospitalaria. E n el carro, además del perro hay u n g r a m ó f o n o libros, útiles para dibujar, una mesa de trabajo traída de Nueva Y o r k una colección de sombreros de todas las regiones de E s p a ñ a la cruz de hierro alemana, un duro, que fué el primero ganado en la Exposición de Barcelona, y dos d i e l i nes, con que comenzó su recaudación en los Estados Unidos. Y muchos autógrafos de artistas, de escritores, de príncipes, de personalidades diversas. LA ENTREVISTA D E NUESTRO COMPAÑERO PUJOL CON BON, E N E L INTERIOR D E SU R O U L O T T E -Bofi- -le I n s i n ú o- ¿es usted soltero? -Completamente. -Esta roulotte parece una celda ambulante: una celda de fraile laico, de fraile alegre, como lo eran los medievales. ¿JNq quiere usted contarme ninguna aventura femenina? L e advierto que seré discreto y. diré que l a he sabido por mi indiscreción únicamente. No. N O tengo nada interesante que contarle. ¿N o tiene miedo a que en alguna d u dad de las que atraviesa y visita alguna mujer le retenga y haga echar el ancla de- unitivamente? -N o lo temo. ¿O trate de meterse en el carro y cora? partir l a vida de sus moradores? Hace un gesto como diciendo: N o lo consentiría L o que le gusta es precisamente l a soledad, que permite el trabajo sin claudicaciones, o l a contemplación de: los horizontes nuevos. Y esta posibilidad y facilidad de partir a cada momento, de ser siempre ese hombre que se v a místico depositario de l a alegría que pasa -V i v i r como un gitanos- dice- recorriendo los pueblos de E s p a ñ a E s o mensa el buen b u r g u é s que ahora, cuando encuentra su carro en las calles de M a d r i d lo ve con simpatía. Pero cuidado: este gitano tiene en Barcelona un estudio, otro en l a corte, se hace conducir por un chauffeur, gana m i l dólares semanales cuando trabaja en Nueva Y o r k y trabaja cuando quiere. E n esas condiciones de numerario y de independencia, todo el planeta es Badea- Badén BON E N PAMPLONA J JUAN PUJOL,