Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
S. -1 1 F V ainoridatirs, s r- is r. en rl instituto provincial de Higiene, con nf tercer c: sdlci para, insperlnres de Son dad. truye ahí queda, a l a vista de tocios, para vergüenza o para ornato de la ciudad en que se erige. P o r esta circunstancia y este riesgo debiera hilarse más delgado en punto a construcciones. H o y se procede a edificar sin otro requisito que un informe técnico de c a r á c t e r municipal y la autorización correspondiente. Y esto no debe ser bastante. M u y bien está el informe técnico. H a y que velar por que los planos lleven la firma de un profesional. H a y que exigir que el edificio no quebrante la línea establecida. Pero también debiera procurarse que- la estética no padezca infracciones ni desentonos, ya que, por desventura, no todos los arquitectos españoles se llaman A n í bal González o Leonardo Rucabado. De cuarenta años a esta parte se han edificado en M a d r i d no pocas casas que están pidiendo a gritos una funda, como los muebles en verano. Y menos mal que alguna de ellas- -tal vez la m á s horrible- -no está muy a la vista; pero las hay, en cambio, bien dispuestas para que los turistas no se marchen sin- disfrutarlas concienzudamente. Y esto no debe ser, no hay derecho a que sea. U n a persona de mal gusto es muy dueña de decorar su gabinete o su habitación de dormir con un cromo anunciador de chocolates o una escayola de barraca. Con eso no molesta sino a algún que otro visitante hiperestésico. Pero calles y plazas distan mucho de ser aposentos par ticuiares. P o r algo se les llama v í a pública Y tía rico propietario, aunque fuere el mismísimo Creso, o un arquitecto que no esté ungido por l a Gracia, no debieran haj Harse autorizados a estropear una calle, que es de todos, y a la que se condena a ostentar una birria por tiempo indefinido. los farmacfstftrás (Fui- i SavnF) de la prnriuHa LA ARQUITECTURA Y EL B U E N GUSTO Está bien a las claras lo que M a d r i d se ha embellecido en estos últimos veinte años. Una cosa es que quienes, a y! tuvimos ocasión de v i v i r aquel M a d r i d de Fornos y los Jardines del Buen Retiro volvamos hoy los ojos con amable nostalgia y otra cosa es rendirse a la evidencia y resignarse al hecho consumado y declarar que el M a d r i d de estos tiempos es mucho m á s hermoso, y mucho, más bonito, y mucho m á s higiénico que el de. fines del siglo x i x Si en las construcciones urbanas no hubiera tanto similor, si el odioso cemento v. o hubiese destronado a la piedra y el revoco al ladrillo, no h a b r í a apenas qué decir. Y si el buen gusto artístico hubiera ido parejo a la magnificencia, hoy sería Madrid un tópico del turismo, cual lo son a su modo y por distintas causas Toledo, Sevilla, Granada, Venecia, P a r í s Nueva Y o r k Eso es lo que ha faltado, en general: buen gusto arquitectónico. Porque no es suficiente acabar la carrera de arquitecto con toda b r i llantez académica. L a s matemáticas, el d i bujo, la resistencia de materiales... M u y bien; todo ello es necesario y se puede llegar a la maestría en sus conocimientos; pero por encima de todo hay que sentirse verdadero artista y artista de buen gusto. E n ninguna otra manifestación del arte adquiere tanta importancia esta rarísima cuaí i í a d como en la arquitectura. U n cuadro feo, tura escultura cursi, pueden ser arrumbadas fácilmente o instalarse en privado, sin que padezca la sensibilidad de quien no quiera- verlos; pero el edificio que se cons- ¿Medio para evitarlo? P o d r í a ser el de constituir una entidad, especie de Consejo, o Jurado de admisión, compuesta de personas de bien acreditada autoridad en materia de buen gusto (sin figurar en ella n i un solo arquitecto, naturalmente, para eludir posibles compromisos) y que dicha entidad tuviera plena jurisdicción, a fin de examinar todo proyecto y rechazarlo o admitirlo en forma inapelable. Ahora, por ejemplo, tenemos en Madrid, y en el punto m á s céntrico y visible, una cruel incógnita, que sería tristísimo despejar con desgracia. E l frente arquitectónico situado entre las calles del Barquillo y las Torres es de lo m á s bonito con que cuenta la capital de E s p a ñ a E l Banco Urquijo y la iglesia de San José, con el edificio anejo que substituyó a la casa del cura son de una gran belleza. E n medio e. stá hdy la i n cógnita. Cómo será la fachada que el Banco de V i z c a y a ha de alzar muy en breve sobre el solar de Apolo? Desconozco el proí yecto, y esta expectación mía no supone un agravio para el autor del mismo, cuyo nombre desconozco también. Bien puede ser ia tal fachada una estupenda ¡maravilla, que haga el milagro de armonizar perfectamente con sus vecinas inmediatas. Dios lo quiera. Pero ¿y si así no aconteciese? ¿Y si es otra colmena neoyorquina de esas tan modernas, tan prácticas pero tan estridentes? N o lo permita Dios. ÜAMOM LOPEZ- MONTENEGRü