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vender directamente a los detallistas de A l e m a n i a y prescindan de corredores y acaparadores a l por mayor, que, cómo son relativamente poco numerosos, se ponen de acuerdo fácilmente. A s í lo han hecho los norteamericanos en el negocio de los plátanos. Y es lo que hacen ya algunos productores españoles, con buen resultado. -L u e g o el abuso ha comenzado a remediarse. -S L A h o r a sólo las dos terceras partes de la fruta española que llega al puerto de H a m b u r g o se vende en subasta. E l resto se envía directamente al interior del país y v a a manos de los almacenistas, berlineses en su mayor parte, que la distribuyen entre los tenderos y los revendedores ambulantes. L a intervención de estos últimos es importantísima en lo que toca a la venta al detalle. Y además de la que pasa al Oeste y al S u r de A l e mania, procedente de los puertos belgas y holandeses, vienen por vía férrea más dé cien vagones diarios de naranja en plena temporada. P o r lo general vendidos en firme, del exportador español a l almacenista alemán, sin mediación de corredor ni puja en la Bolsa. ¿N o tratarán los perjudicados de c o n trarrestar esa iniciativa introduciendo en el mercado otro producto igual y de distinta procedencia f- -L e s será difícil, y no es gente aue en cuestiones dé números se apasione. Porque la naranja española es, según usted sabe, la que puede venderse aquí más barata, puesto que la proximidad de España hace que e l transporte resulte módico. H a y que emanciparse de esta Bolsa, que p a r a los exportadores españoles n o ofrece ninguna ventaja insubstituible y que n o sirve sino para que unos cuantos intermediarios ohtengan fabulosas ganancias con nuestro trabajo y nuestros capitales. ¿Cuánto paga l a naranja a su entrada en e ta nación? -D o s marcos y medio por quintal métrico. -N o entra gratis, como en Inglaterra... ¿E s bueno el T r a t a d o de comercio hispanpalemán vigente? -O f r e c e todas las ventajas del régimen dé nación más favorecida, y se debe a la insólita energía, interés y conocimiento de causa del Gobierno que lo negoció, y merced a l que se obtuvieron concesiones a que no estábamos acostumbrados, por la indiferencia c o n que los anteriores habían mirado siempre estas cuestiones. Q u é Gobierno fué ése? -E l de l a Dictadura. Hablemos de otra cosa... L o que resulta de este estado de derecho es que nuestros producios vegetales no son objeto de ninguna medida hostil por parte del fisco alemán. -E s a es otra historia. P o r l o pronto, de momento, no. Aquí los Tratados se respetan, y y a le he dicho cuál es el régim e n aduanero. Plátanos, limones, aceite de oliva entran libremente. V e r d a d es que, salvo l a de los primeros, ninguna de esas importaciones es cuantiosa por lo que nos concierne. F e r o n o hay que perder de vista que sobre toda la fruta extranjera se c i e r ne un peligro serio, u n a amenaza y a formulada en eí Parlamento alemán y que tiene su origen en las exigencias del partido agrario. ¿A l g u n a medida aduanera que sirva de obstáculo a nuestros envíos? -A los nuestros y a los de los demás. D e eso se trata, en el fondo, aunque se disimule c o n otros pretextos políticos y hasta sanitarios. P e r o ese es problema de que, por su m i s m a gravedad, y a que no por su inminencia, h a y que hablar más extensamente. LA SALA D E VENTAS ES COMO U N PEQUEÑO TEATRO, EN E L QUE SE V I V E N COMEDIAS Y DRAMAS AUTÉNTICOS que ha servido para que la producción se realice no h a logrado beneficiarse c o n la diferencia entre lo gastado en situar la mercancía en su punto de venta y lo que el consumidor paga por ella, podemos decir que el mecanismo ae nuestro comercio de exportación funciona mal, puesto que, e n fin de cuentas, trabaja principalmente para que se lucre u n intermediario extranjero. Y esto viene siendo, por lo menos en parte, lo que ocurre con nuestra exportación de naranja a A l e m a n i a Allí se vende, por l a m i s m a razón que todavía inunda el mercado inglés: por su baratura en relación con la que procede de otros países, pero pasando por las horcas c a u uinas de esos intermediarios hamburgueses o de otras ciudades, que también hemos de visitar, confabulados siempre para extremar la baratura del precio de compra a nuestros exportadores, sin perjuicio de mantener dentro del mercado alemán u n nivel que sirve de freno a l a expansión del producto. L a naranja y casi todos los vegetales se venden en H a m b u r g o como en Londres, en l o que se llama el F r u c h t h o t o sea la B o l s a de l a fruta, soberbio edificio, no lejano de los diques del puerto, donde se almacenan los cargamentos recién desembarcados. Y se vende igualmente en subasta pública. A n t e s de tomar parte en ella los compradores al por mayor e x a m i nan las muestras, -expuestas en lugares apropiados. A veces- -como h a ocurrido estando yo presente- -es cierto que llegan partidas de n a r a n i a parcialmente helada, ladecuada p a r a el consumo. Y a está con eso el pretexto necesario p a r a que quienes han de tomar parte en la subasta simulen desdeñar toda la fruta de igual procedencia. E n vano se multiplican ias muestras de la que se halle en buen estado. L o s c o m pradores pasarán ante ellas, l a abrirán c o n gesto despectivo, s i n hablar, para e x c u sar polémicas ociosas. Y cuando llegue el momento de las pujas, ofrecerán precios que n o cubran los gastos del exportador español, o que bastarán simplemente para resarcirle de ellos, sin ganancia alguna o c o n beneficio tan escaso que no compense n i su trabajo personal siquiera. U ñ a mañana me encontré en la sala de subastas de la Bolsa frutera de H a m b u r go. E s una especie de teatro en el que no se representan, sino qué se viven comedias y dramas auténticos, c o n repercusión en tierras y hogares lejanos. Y como comprobé eí método con que los lidiadores procuran mantener bajo el precio de nuestras partidas de fruta, expuse m i opinión al distinguido compatriota que me acompañaba: L a crisis alemana, es claro. -r N a d a de eso. L a crisis explicaría estas bellaquerías si luego la naranja no se vendiera en las calles y en las tiendas a l por menor, a precio altamente remunerador para estos hidalgos que la compran tan baja. ¿Entonces... -L o que sucede es. que no estamos o r ganizados. -S i e m p r e se dice l o mismo. -C o m o que siempre es ese el origen de nuestras dificultades. E s preciso que los exportadores españoles se organicen p a r a JUAN H a m b u r g o junio, 1931. PUJOL
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