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CASTILLO D E SAN GERMÁN. RESIDENCIA D E L A CORTE E N IiA ÉPOCA D E LUIS X I V SOMBRAS: ENRIQUETA DE INGLATERRA A M A S tuvo F r a n c i a princesa más amable que Enriqueta de I n glaterra, casada con monsíeür, hermano del R e y dice el abad de Choisy en sus Memorias; y luego añade: Tenía los ojos negros, vivos y llenos de u n fuego contagioso, que los hombres lio sabrían mirar fijamente s i n sentir sus efectos; aquellos ojos p a- recían ellos mismos heridos del deseo que encendían en quienes los miraban Y Bussy, el mordaz primo, enamorado y corresponsal de M m e Sévigné, dice de Enriqueta en su Historia galante de las Galias, y entre otras cosas, s i más atrevidas menos verídicas: C u a n d o habla con alguien, como es tan amable, parece que pide el corazón, cualquiera que sea l a palabra indiferente que d i g a N i n g u n o de los retratos de madame sobre el lienzo nos atrae con tanta fuerza de simpatía y de interés por su sonrisa lejana como estos dos esbozos sobre el papel. E n aquéllos, él artista que habría de mostrar su obra a los mismos ojos que intento copiar, pondría esmero en que estas pupilas se llenasen de luces claras al. encontrarse bellas en tal espejo, más adulador que el Vidrio veraz. P e r o Choisy, el abate afeminado rival de E n r i q u e t a en tes de nardo y rasa, y en encajes y galas, y Bussy- Rabutín, el epigramático, capaz de hacer mercadería del honor ajeno, y a u n del propio, con tal de pagarlo con una frase feliz salida de su pluma o de sus labios, sólo nos parecerían sospechosos en censura, más no en alabanza. A más de mostrárnosla amable, Bússy nos l a pinta bondadosa en u n a carta a lá marquesa de S é v i g n é C u a n d o yo tuve aquel desgraciado asunto de 1664, en Fontainebleau, l a difunta madame me ayudó a salir de él Y el asunto desgraciado no era Otra Cosa que haber hablado c o n obscenas palabras de Enriqueta. F u é amable y bondadosa; pero, sobre todo, fué desgraciada. C o n pocas figuras de mujer bella como c o n esta de madame l a duquesa de Orleans, se encarnizó tan ásperamente l a mala fortuna. Parecía que, obra de las gracias, luego l a abandonaron a las fu rías dice un autor de la época. Apenas viene a l mundo, conoce, si acaso el dolor es puñal que desgarra los velos de l a razón, l a amargura de perder a su padre en el cadalso. L a revolución de Inglaterra l a p r i v a de padre y de hogar. C o n l a madre, viuda, vienen los huérfanos a buscar u n refugio en l a Corte de F r a n c i a pero l a sordidez de Mazarinó les hace, con las privaciones, más penosa la memoria del bien perdido; sufren de recordar, pero sufren también de frío. Cuando pasan l o s años, y el hermanó mayor vuelve a 1 T r o n o de Inglaterra con el nombre de Carlos II, y a l a dulce Enriqueta se le ofrece el alto establecimiento dé segunda dama de l a Corte, como esposa de Felipe de Orleáns, parece que al destino l o ven- J LUIS X I V MUSEO D E L L O U V R E ESCUELA FRANCESA D E L SIGLO X V I I 1 ció el cansancio de atormentarla, y se tendió, manso y tranquilo, a orillas del camino, junto a u n remanso de horas transparentes y azules. Pero, si acaso duerme l a desgracia, es para buscar ien ¡las monstruosas visiones de l a pesadilla inspiración a sus tormentos. Monsjeur, pasados los quince primeros días de matrimonio, vueln ve a sus meninos y a sus disfraces. A j u g a r a l a mujer, entrej mujeres, en u n traje más parecido al de éstas que al de u n soldado piruetando- sobre tacones altos que disimulaban su pequeña estátu- í r a siempre perfumado, hasta; el punto de incomodar a quien se le aproximaba; enamorado, por encima de todo, de su lindo rostro de líneas finas, y celoso de sü propia mujer, como de una rival en