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ABC en lueya York. an g i r 1 T a gran creación de América es l a american girl, o chica americana. C ó m o es posible- -se pregunta uno a veces- -que un producto tan fino y tan depurado se i haya logrado en serie como los coches F o r d o las plumas Waterman? Porqueffí desde luego, l a chica americana es, sin disputa, la más guapa del mundo. L a madrileña tendrá los ojos- más bonitos, y la parisiense tendrá la n a r i z más remangada. Eífta será más graciosa, aquélla más picaresca, la otra más elegante, etc. pero si las chicas de aquí o de allí pueden vencer en detalle a la chica americana, sería preciso que se reuniesen todas esiias y combinaran sus diversos encantos para vencería en conjunto. L a cosa es mucho más seria de lo que parece, amigo lector. No estamos en presencia de unas chicas más o írsenos monas, sino de unas mujeres de cuerpo entero, tan extraordinariamente hermosas, que uno no se átreve casi a levantar la vista hacia ellas. Parecen seres de una especie superior, y, aun cuando se ponen a mascar goma, lo hacen con un aire y una majestad de diosas. A h o r a bien, ¿creen ustedes que mujeres de esta categoría necesitan unas leyes especiales que las protejan? Y o me explicaría más bien todo io contrario, esto es, que ¡los senadores se reuniesen en Washington para garantizar contra ellas l a v i d a y l a hacienda de los hombres; pero, ¿qué defensa necesita aquí ia mujer? ¿Q u é peligro puede suponer para ella el pobre ciudadano qué se pasa el día en la oficina, y al que no le queda nunca una hora libre para el deporte n i para la lectura? E n una colectividad donde los hombres se diesen verdadera, cuenta del hecho que constituyen unas mujeres tan guapas, se hubiese comenzado por reducirlas ai estado de esclavitud, lo que valdría la pena por sí mismo, y- sería, además, una medida de precaución contra posibles trastornos sociales; pero aquí se h a procedido a l revés, y el resultado es que las mujeres, no sólo parecen diosas, sino que lo son efectivamente. S o n diosas, y, convencidas de su condición d i vina, no hay nada en el mundo que las arredré. Toda la intrepidez y toda la audacia de la american girl se explican como se ex plica la serenidad de Atahualpa cuando los jinetes españoles, corriendo a pleno galope por la llanura de Caxamarca, se pararon en seco tan cerca de él, que uno de los caballos le manchó con su, hocico el manto real. L a s personas del séquito de Atahualpa, que no habian visto nunca un caballo, se hicieron instintivamente atrás; pero el inca no pestañeó siquiera. Desde su nacimiento ie habían dicho que era invulnerable, y, como hasta aquella fecha no le había vulnerado nadie, él estaba plenamente convencido- de su invulnerab lidad ante todos los monstruos conocidos y desconocidos. Pues, como para el inca Atahualpa, para la american girl tampoco existen peligros. E s una chica sana, alegre e intrépida, me puede fumar dos cajetillas diarias, bailar cien bailes y beber quince cock tails; una chica que exhibe sus piernas ante los h o m bres con la misma despreocupación con que podría exhibirlas ante unos animales familiares, a los que no les interesara nada el espectáculo, y que, a pesar de unas leyeíj que le dan toda clase de facilidades para la estafa, suele ser la mejor amiga y la mejor compañera del mundo. Juuo C A M B A Nueva Y o r k junio, 1931. (íToto Ortiz. ...No estamos en presencia de unas chicas más o menos monas, jeres de cuerpo entero. Fotografía de la artista de cine sino de unas muAnita Page.
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