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Has circunstancias, dominio impenetrable para el extranjero. L o que nos cuenta es verídico y vivido. ¿Cómo ve la guerra A n dré Thévine? Nada aficionado a la literaNotas de lector Aviraneta o L a vida de un conspirador de Pío tura declamatoria, el autor de NEGRO Y ORO se abstiene de toda profesión de fe. De su Baroja) p o r J López Prudencio. Negro y oro de André T h é- reserva no sabríamos colegir si pertenece a los humanitarios que repugnan las luchas vine) por Manuel Bueno. Aristóteles y la filosofía del arte p o r humanas, individuales y afectivas, o milita entre los imperialistas, indiferentes al Manuel Hilario A y u s o gasto de sangre que hacen los jpuéblos por reivindicar su superioridad étnica é histórica. Pero esa misma actitud de reserva glaficios. Arcos triunfales, ditirambos laudatoAviraneta o La vida de m conspirador cial del ilustre escritor, equidistante de torios, aclamaciones delirantes que. celebran se titula el volumen de que se ha encargados los fanatismos nacionales e internacioarrojos y contiendas, al parecer romántido Pío Baroja en la coVíción Vidas espanalistas, parece el resultado de convicciocas, productoras de los éxitos celebrados. ñolas e hispanoamericanas. E n esta obra, el nes filosóficas que no habrían desaprobado Esto es el. escenario. E l autor coge de 3 a escritor nos ofrece, ya completa y acabada, Spinoza y Schopenhauer, según las cuales la mano al. lector, lo conduce entre bastidores, la figura de este percrueldad es un episodio de la vida moral tras de las. bambalinas; desciende ál foso sonaje, coyas, divertan necesario como la compasión. L a s cosas de la tramoya y allí le descubre el hilo, essas facetas le han suceden como debían ocurrir, y nada ni nacondido, ocultó, auténticamente motor, de servido de tema padie habría podido torcer el curso de los todo el pomposo retablo. E s un hilo feble ra los volúmenes diacontecimientos. Ese fatalismo que iguala al y obscuro que está prendido en el turbio versos y ya numeropensador con el ignorante es también la posmanejo, en la intriga sagaz de un astuto sos dé las Memotura que toman los estoicos frente a un Aviraneta. Aunque este libro no estuviera rias de un hombre universo henchido de enigmas que ni la dotado del eximio encanto estético y del, ciencia, ni las armas, ni las religiones, han de acción sólido valor histórico que lo decoran, sería E l autor ha hecho explicado más que a medias. bastante para darle intenso atractivo está en este libro un adeficacia ética. E l lector, al terminar la úlAndré Thévine hace desfilar ante nuestra mirable estudio del tima página, tiende la vista sobre la trepiatención una serie de tipos que retuvo su personaje histórico. memoria en el campo de batalla y en sus Sti figura moral se dante liorna de estos días. N o pasa el tiempo. Otra vez el retablo y, ante él, la estreinmediaciones, y todos aquellos tipos, los d e s t a c a c o n recia pitosa albórbola de los bausanes. Y en el cómicos y los trágicos, los que sobreviviesubstantividad. Y el foso obscuro, de los despechos, de los renron a la catástrofe y los que hallaron la fondo del cuadro en muerte en la línea de fuego, componen un que se delinean sus cores, de las ambiciones vengativas y las codiciosas, ¿dejará de estar, como siempre, pueblo y personifican, al través de sus r i rasgos, aunque atestado con lá multi- el fementido hilo manejado por la mano diculeces y de susjjrandezas, esa entidad sahábil y turbiamente sagaz de un Aviranegrada que- ñamarais Patria. plicidad excesiva de c o n c u r r e n t e s que ta? E l Aviraneta o los Avi ranetas eternos, ¿Qué precisa el escritor de los móviles inevitables de todos los tiempos, de todos PIÓ BAROJA siempre llenan la esque desencadenaron la guerra y de sus conlos días procelosos e inquietos. Lopes cena en los cuadros secuencias históricas? E l insigne crítico Prudencio. de Baroja, no quita luz ni desdibuja los guarda silencio sobre todo eso, y nosotros contornos del protagonista. A l contrario. aplaudimos su reserva, aunque sea contraContribuyen todos los elementos circundanria al dogma pacifista de las democracias. NEGRO Y ORO, por André Thévine. -La tes a resaltar con energía más vigorosa las grari guerra no ha dado todavía su pleno Este libro, de fondo stendhaliano, nos hace lineas fisonómicas del personaje. No corre rendimiento literario. Hecho el silencio so- entrar en tratos intelectuales con un homparejas esta firme objetividad del diseño bre sin ilusiones sobre el porvenir de la bre las obras de sus primeros comentarisdel protagonista con la del escenario en que Humanidad, qne se contenta con ser Tin gran tas, ya o l v i d a d o s se mueven los pormenores y las figuras dé artista literato, Su misión acaba ahí. -r- -aparecen otros escrieste escenario con otra elaborada en la ofitores qué han prefe- Manuel Buetío. cina estética e ideológica del autor sin torido m a d u r a r sus mar de la efectividad externa más que l a impresiones a publiA R I S T Ó T E L E S Y L A FILOSOFÍA D E L A R T E por materia prima; esto es, la existencia hiscarlas antes de tiemManuel Hilario Ayuso; 1031, primera editórica. Basta, sin embargo, con este mero po. N E G R O Y ORO es ción (Biblioteca de Ciencias Filosóficas) respeto para lograr el singular efecto que un ariecdotário de 4 a producen en el lector de hoy estas sugerenE l culto catedrático v escritor D. Manuel vida de campaña, tes páginas. Hilario Ayuso, uno de los investigadores que no conviene conde la ciencia y el arte clásicos qué pp forfundir en esta ocaHace quince, veinte años, la lectura de tuna quedan aún en España, acaba de pusión con. las costumeste, libro hubiera ten do en lá sensibilidad blicar un tomo sobre Aristóteles y la filobres m i l i t a r e s L a del lector una eficiencia enteramente distinsofía del arte, analizando las razones del: guerra fué ana emta. E l lector hubiera experimentado la senalto filósofo, maestro de Alejandro, el sapresa del paisanaje sación de encontrarse ante sucesos situados bio de la Dialéctica que más dio que hacer armado, que si se soen una considerable lejanía cronológica, a al entendimiento de los hombres. E l señor metió á la disciplina una distancia casi rayana con los horizonAyuso, gran cultivador de las humanidades, del oficio no adoptó tes en que el paisaje azulea con los tintes ha escrito interesantes páginas razonando ttiíhta sus modales. de las añoranzas an poco quiméricas. En sobre lo bello, lo bueno y lo útil en la filo: E l ciudadano continuestros días parecen cosas de ayer. E l biósofía aristotélica, sobre el pensamiento arnuó siéndolo bajo el grafo de Aviraneta, al sugerirnos la figura tístico y la imaginación, sobre el estilo y uniforme, sin altera del famoso intrigante encuadrada en su molos géneros poéticos, adentrándose en la ANIUtE THÉVINE ción de sus s e nt i mento, nos ha dado la sensación viva de teoría, de la tragem i e n t o s ni de sus aquella atmósfera espiritual en la que la dia, de la música y ideas. Esa tácita emancipación del soldado faz, la temperatura moral y hasta los miaslá danza y haciendo de toda regla profesional acentúa el carácmas parecen los mismos o inmediatamente critica acerca de su ter paradójico de su actividad. Casi todos progenitores de los que se respiran hoy. utilidad pedagógica se baten sin entusiasmo por cumplir el deUno de los más raros y subidos encany el lugar que ocutos- que e lector encuentra en este libro es ber patriótico, pero sin eludir peligros ni pa en el sistema de escatimar la sangre. L o épico del valor se la gentil bizarría con que en él se maniAristóteles. disuelve: en la indiferencia automática de fiesta la excepcional habilidad del escritor los combates. E s un libro com? para sorprender, buceando bajo la alboropieto, en el cuál retada superficie de los sucesos, en esos proAndré Thévine no es solamente un crítivela una vez más sa celosos momentos de la vida colectiva, los co penetrante, de juicio imparcial y seguro, autor la buena esdetalles recónditos y decisivos. JEi escritor, sino un observador inteligente de la vida en cuela en que educa con mirada atenta v certera, tiende la vista todas sus fases dramáticas, cómicas y transu espíritu y el buen en los caminos ocultos, inadvertidos, insosquilas. Sus páginas, sanguíneas y palpitangusto a l e x p r e s a r pechados, por donde, se deslizan, calladas, tes de emoción, evocan lo real, no con la sus conceptos sobre las eficiencias auténticamente determinadofría exactitud qne pedimos ai fotógrafo y el discípulo de P l a ras de los acontecimientos, cuyo ruido, cuqué algunos demandan al historiador, sino tón, y será l e í d o yos efectos pomposos deslumhran la mirada con la nerviosa animación con que agrupa atentamente por quieroma y bobalkona de la nmchedumbre y traba las imágenes el novelista. E l emines m u e s t r a n sus- -todo género dé muchedumbre- hasta el nente escritor estuvo en las trincheras y vio aficiones a los génepunto de imaginarlos emanados de las- más de cerca al enemigo. Sería, sin embargo, MANUEL HILARIO ros clásicos de la F i paras fuentes de los heroísmos, las geniaexcesivo exígjrje qne nos informe del esAYOSO losofía y del Arte. les inspiraciones o los más generosos sacritado psirológi del pueblo alemán en aqtte- CRITICA Y NOTICIAS D E LIBROS 1 v