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leales de personas cultísimas, que vienen dando la voz de alarma, ni el ejemplo viviente dé ese gran pueblo que se llama Va- depeñas, que en muy pocos años está llevando a cabo una replantación de sus viñedos, que si al principio fué un poco dudosa en resultados, hoy se hace de manera primorosa y segura. Estos contratos de tierra para plantar viña se hacen, como ya hemos dicho, en la generalidad de los casos, por la vida de la planta. Y vamos a suponer (con permiso de tos paladines antifiloxéricos) que al cabo de los seis, ocho o diez años, cuando ésa pobre gente empieza a recoger el fruto de tanto y tanto sacrificio, se pierden por la filoxera. ¿Qué ocurre? Pues sencillamente, que al terminar la vida de la viña el terreno, pagado a peso de oro y beneficiado al máximo, vuelve bonitamente a su dueño. Y esta hecatombe es la que yo preveo, y sobre la que me permito llamar la atención de uinos y otros, porque el asunto es de ana gravedad extraordinaria, y puede ser causa de un serio conflicto social. Habrá que legislar en el sentido de que esas tierras puedan seguir disfrutándolas sus colonos, cuando menos, un cierto número de años, suficiente a obtener con. la viña todo el fruto que deba dar en un racional sistema de éxp otación. Si han cometido la ligereza de plantar viña del país, y se les pierde cuando más podían esperar de ella, que tengan cuándo menos el derecho a replantar con americana de nuevo, o dedicarla a lo que tengan por conveniente, pero sin que revierta, al dueño, ni pueda ser motivo para cobrar otra entrada, limitándose a percibir el canon de arrendamiento estipulado. Yo creo que, tratándose de esta clase de terrenos que se toman para viña, se podía fijar el tiempo de arrendamiento entre los treinta y cuarenta años como límite inferior, según los casos, y dentro de ese plazo, pase lo que pase, el arrendatario ha de tener la seguridad de su disfrute. No soy partidario de que las viñas se hagan centenarias, porque es un error económico fatal. E cultivar viña es un negocio como otro cualquiera, y no se debe n: o encariñar con ellas porque las plantaran los padres o los abuelos. Pasados los treinta años, en la mayoría de estos calares manchegos las producciones decaen visiblemente, y hay que tener el tacto de arrancarlas cuando no sean un negocio. En términos