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El d í a de Josefina y Santiago Santiago y Pepita siguen, en su retiro, las bulliciosas noticias de la vida teatral, que han abandonado momentáneamente. Pepita juega, como una niña, con sus muñecas. Hay muchas lágrimas en sus ojos obscuros. Es Santiago Artigas, naturalmente. Aquí esta ese buen mozo de miradas azules, que pone una energía inaudita en cu al. quier frase: Déme el sombrero Tome el periódico Aquí está esa vitalidad desbordada, ese gran simpático ese jovial y jocundo muchachote. Tiene las mismas hambres de abrazos, mayores ganas de charlar, iguales hormiguillos, de discutir de teatro, de contar cuentos de, teatro y, ¡no digamos si de sa ir a escena... rtnril, dinámico como nunca. ¿Tendrá algunos nervios de más Santiago Artigas? Su pensamiento se desboca y el sistema de articulación de palabras no puede resistir la carga de velocidad que lanza la mente. De tanto reirse le han hecho una mascarilla de arrugas los pliegues de los músculos de la. alegría. Cuando habla otro repite: ¡S í señor! Y cuando tiene que hablar él, ha de callarse porque el borbotón dé palabras se le apelotona en la boca. Ahora que debe estarse quieto, proyecta viajes, (sería golondrina si las golondrinas tomasen café) Cuánta inquietud! ¡Qué circulación sanguínea tan opulenta! Y además, ¡qué dominio del buen tono, qué hombre de mundo, qué caballerito es Artigas! Las mujeres le comentan como galán. S í es un tipazo. Anda por las ta- b as con el aplomo del verdadero señor. Tiene poco de cómico profesional (quizá, que se le olvidan a veces los papeles) Tiene más de gentlemanu. U n recién doctorado en una Ciudad Universitaria cosmopolita. Es, sobre todo, moderno: línea, audacia, gustos modernos los suyos. Entra primero una gran risa; una risa Si Santiago es un poco Walt Whitman, joven, de ancha cascada, optimista; risa de toda la boca y de todo el pecho. Detrás de Josefina es Chop m. Santiago, letra, idea realzada en un forjado concreto. Pepita! a oleada alegre se ven unos ojos leales. Os estrechan la mano con fuerza, pero eso melodía, lo inefable. -Grácil, silenciosa, meditativa. Sensible como esas flores que cieno es bastante: Ta mano ámical golpea vuesrran sus pétalos al sol, demasiado fuerte tros hombros, os tira de la oreja. Y exclapara su piel. Hay muchas lágrimas invisima el mocetón con una voz de timbre ruibles en sus ojos obscuros: Hay siempre un doso: -Bien, ¿eh? ¡De modo que bien! Pues ademán de caricia en sus manos. Hay sue ¡muy bien! -Y otra vez una carcajada so- ños vagorosos en sus sienes. L a misma figura ¿no es todavía más romántica que un nora. Madrazo, no es un Gavarnír Tiene afición a las alhajas antiguas, a los libros delicados, a los muebles con pátina. Susurra, sonríe, va y. viene lenta: vela su voz, en instantes, una penumbra de emoción; mira con frecuencia ese vuelo de no se sabe q u é presentimientos del aire. Actriz de la suavidad, única para expresar las caiidades íntimas, comunica, derrama toda su ternura con exacta, precisa nitidez, contenida en una sobriedad aristocrática. Sencilla, persuasiva, supera lo femenino, dice lo maternal. Su queja nace de lo hondo, en su cántico ¡hay un matiz contenido. Está depurada, limpia de recargamientos fáciles. Hiere, bajo la retina y el oído, las fibras sentimentales. Se insinúa en el recuerdo, impregnado para siempre de su dulzura. Creemos que hay que escribir para ella con un léxico perfumado, suprimiendo las palabras chirriantes. Sugiere subconscientes analogías, hermandades perfectas: jardín, paloma, aroma, nostalgia. Tiene aptitud para la. resignación y el sacrificio. V a por la vida como en misión de belleza. Si tuviera un lema su arte sería éste: Intimidad. Santiago sirve a un reloj de campana v de campanadas. Un reloj, que- -claro es- adélanta, Josefina usa ese reloj que no se oye su tictac, pero que marca siempre ía hora oportuna. Ahora los dos relojes están parados. E l tiempo se ha detenido, como tan como si el buen viejo Cronos echase la siesta. E n la vida dé nuestros dos artistas sé abrió un paréntesis. ¿Cómo es ahora su día. Santiago? Abre mucho los ojos y lanza de broma. ¿Mi día? ¿Pero tengo yo día? Hay que darle la razón. Ese motor de altas velocidades alienta en un ralenii incompatible con su energía. Santiago está, menos que en régimen de lentitud; está frenado. Tenderse en la cama catorce horas, recostarse en una meridiana ocho horas y aquietarse las dos restantes sentado en una butaca no se puede calificar sino de vida ve-
 // Cambio Nodo4-Sevilla