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hombres de todos los países y de todos los idiomas. Avenida de Mayo! Es la g r a n a r t e r i a central, a d m i r a c i ó n de numerosos t u r i s tas. Puede considerarse como la Puerta del Sol en su concepto de sitio obligado, al que todo a r g e n t i n o bien nacido debe concurrir diariamente. Lástima grande que, por unir el p a l a c i o del Gobierno con el del C o n g r e s o haya quedado r e d u c i d a a una miniatura de los grandes bulevares parisienses. E n lugar de sus mil metros escasos, la A v e n i d a de Mayo d e b e r í a tener una extensión de cuatro o c i n c o kilómetros. Calle R i v a d a v i a Sus veinticuatro mil y CONGRESO NACIONAL cas y de aristocráticas fincas de recreo. S i e m p r e asfaltada, con cuidadas aceras, con suntuoso comercio a uno y otro lado, naces en el ceritro de la población para c o n c l u i r más allá de los límites de la provincia. Suponeros vosotros, lectores habituales de A B C una c a l l e elegante, c u i d a d a pletórica siempre de público y dé circulación, que, naciendo en la Puerta del Sol, terminase en E l Escorial o en Aranjuez, y en la que los cines, teatros, cafés, bares, peluquerías y comercios de los más raros caracteres no se acabasen nunca. L a calle del Callao recuerda como ninguna otra a los bulevares modernos de Madrid, Barcelona y Valencia. (En ciertos aspectos, calle de P r e c i a d o s Montera ó Atocha. A l terminar, c e r c a del puerto, parece la Avenida Clung o la CALLE RIVADAVIA. ESTA CONSIDERADA COMO L A MAS LARGA de Rívoli, cuando no D E L MUNDO el Piccadilly inglés. E l lujo, el confort, la moda, la riqueza tienen en la calle del pico de números son una cifra de fantasía Callao su punto de reunión y de presentapara las corrientes numeraciones de las cación ornamental. pitales europeas. Eres indudab emente la calle más larga del mundo, y tu mayor trascendencia estriba en que no tienes personalidad. Eres tan multiforme, que en un trozo Calle Corrientes. Siempre eminentemenactúas como la Sede de los restaurantes te comercial. Centro nocturno de todas las económicos; en otro, como barrio de vencitas; catálogo de cabarets, cines, colmata de muebles usados; más allá, comercios dos y de cuanto puede inventar el homde israelitas, v en otras- zonas, reunión de bre para lograr l a dicha de un vivir apaSanatorios quirúrgicos, de barriadas turrentemente feliz. Es camino en el centro de la urbe, por donde toda mujer bonita encuentra novio y donde todo hombre puede quedar prendido en la sonrisa de alguna mujer. Huele l a calle Corrientes a tangos de dancing galante, a despreocupación espiritual, a escepticismo de hombre que vive la dicha del momento sin pensar en los dolores de ayer ni en los problemas de mañana. Avenida Costanera. Eres el broche de oro de Ja suntuosa capital federal. Avenida romántica, de aspecto colonial, de color y ambiente típicamente argentinos, bordeas la costa como un inmenso mirador que se asomase a la playa. En la hora del atardecer se ven a la izquierda las velas, los mástiles, los cascos y las luces de los barcos anclados en este puerto, que es la llave marítima de ún continente; dársenas, muelles, diques, firmes murallas de sostén son el refugio con que sueñan las embarcaciones en las noches de temporal del golfo de Santa. Catalina. Avenida Costanera, mirador poético a orillas del mar, dando cara al océano infinito, eres el único lugar de recreo donde los españoles no pueden pasear con serenidad en los primeros tiempos de la emigración. Asomados a la barandilla de la Avenida Costanera observamos cómo llega la noche y los cientos dé puntos brillantes que pueblan la- obscuridad. Con las estrellas se confunden a lo lejos los faroles de los barcos de pesca, los grandes reflectores de los transatlánticos lejanos, las lücecillas tenues de los remolcadores, las barcazas de transporte, las lanchas de prácticos y sanitarios. Algunos instantes, el reflector de un faro parece un lucero que parpadea o algún espíritu misterioso que nos hiciese señales desde la otra vida. Paseando solos o con compañía amable, raro es el español que puede sostener la mirada hacia la línea infinita del horizonte; instintivamente vuelye la cabeza al pensar que en aquellas inmensas aguas hay una ruta cierta, directa, que la borran las olas, pero que puede llevar nuestros corazones a las costas de España. DOCTOR J. A L V A R E Z- S I E R R A
 // Cambio Nodo4-Sevilla