Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A E G D O M I N G O ¿g D E J U L I O D E 1931. -EDICIÓN D E A N D A L U C Í A P A G 23 t P E P E RANGOS... pe ta; modo le llamábanlos los que le quisimos mucho a causa de conocerle bien. ¿P o r qué no seguir llamándole así después dé su muerte? ¡Su muerte! A nosotros, los médicos que le asistimos y queTe. vinios luchar con ella, asombrábanos la resistencia física de núesTro amigo contra la voluntad maligna de. lo desconocido que le asaltaba una y otra vez, retrocediendo luego, sin qué, obstinada e inclemente, dejara nunca de ganar terreno. A u n en los días. de abatimiento inevita- ble, adivinábase en su interior un fondo, de tenaz vitalidad, a. cuyo impulso se erguía su naturaleza, obediente. al mandato del instinto de, persistir y flotar. N o es extraño que erráramos en alguna ocasión- al predec i r próximo acabamiento, porque la enfermedad y- la muerte que creemos conocer tanto suelen burlarse de nuestros, pronósticos con gestó de macabra ironía. Pepe Francos, enfermo, tropezó muchas veces al borde del abismo; mas a punto dé caer se enderezaba de nuevo. Sus fuerzas radicales parecían, tercas y sordas a los avisos del másTalla. T a n recio como era. su cuerpo para mantenerse era empeñada la muerte en abatirlo, y tuvo que ser cumplida la sentencia inapelable. Pero yo, -que durante años enteros f u i ú n i c o en prestarle fraternal asistencia (rio permitiéndome aho- ra un deber profesional ineludible haber estado junto a él en sus últimos momentos) pude inéjói- que nadie acompañarle en é l trabajoso y- lento camino que siguieron su cuerpo y su. alma preparándose para decirse adiós. E l pobre Francos sufrió lo indecible. Lós que tanta costumbre tenemos de estudiar el sufrimiento nos preguntamos a veces con angustiosa curiosidad: ¿P o r qué razón la niúerte se vale tan frecuentemente, del tormento como heraldo de su voluntad, ¿P o r qué para arrancarnos la vida tiene qué darnos antes la disnea que ahoga, o la convulsión que espanta, o la hemorragia que. abre portillos a la sangre, o el obstácu. lo que proporciona a l noble corazón íropierzbs. que- asustan, y á la arteria la estrechez que- impide el libre riego y casi siempre, el dolor que comprime, aprieta, punza, desgarra, retuerce y quema; cómo si por el procero en que nos. pide, cuenta de nuestra vida tuviera precisión de la prueba del tormento para pMigárnds a confesar la ruindad de nuestro cuerpo y la facilidad con que. se queda. sin- aliña? F u é e! de Pepe Francos) durante los últimos meses, un verdadero martirio, en. que supo probar, dentro de la humana debilidad, momentos de entereza. Abatía la frente en, los períodos de agudas e insoportables, crisis y l a alzaba otras con, rebeldía; y en los. instantes en que é l sufrimiento daba, treguas, asomaba su. inteligencia rehecha, despierta y- vibrante, colgada de. vana esperanza, haciendo derroche y gala de su l u cidez. Pensaba entonces cual nunca, y hablaba con fácil y sencilla elocuencia; sus irases eran sentencias; sus reflexiones, hondas, y sus censuras, darno. s certeros. ¡Sus censuras! E l hombre que fué siempre acompañado- d buen j u i c i o tiene una clar ivi- dencia admirable en los prolegómenos de la muerte, y por eso las últimas censuras de Pepe Francos fueron de las más cába- les, por Ib justas. Recuerdo haber leído en alguna parte que si sé pudiera saber lo. que un hombre de bien piensa, sin decirlo, en venticuatro hoics, quedaría uno sorprendido. Lo que pensaba Francos no había que adivinarlo; él se encargaba de decirlo todo. S i alguien acerífi criticarle por ello, es porque no pen: 1 só que la hipocresía social necesaria para INTERPRÉTAC. l OMES vivir en. paz teníale a- veces sin cuidado a nuestro buen amigo. Gustaba decir la verdad, y amaba a los niños porque, según él, A un amigo de ultramar son los únicos que saben decirla. ¿Defecto imperdonable el suyo? Quizá, r a r a- v i r t u d M e pide usted noticias especiales, mi queque atrae al. disgusto y al contratiempo. rido amigo, y con ello me pone en el apuro Aparte esto, la nota dominante de Pepe de tener que confesar mi inhabilidad. L a Francos era su otro amor: el amor a la República española carece, de misterio y de. Prensa. Y como si el cañamazo donde su doble fondo. N o hay cartas escondidas. D i a actividad, bordaba la vida fuera, y aun enriamente el cable transmite a los enormes fermo continuara siendo, el periodismo, periódicos de ese expectante país columnas cuando para él se alejaba, en ocasiones l a y columnas de despachos; pues bien, conténh o r a d e echarse en el regazo de. Dios y, en tese con esas noticias, porque en realidad no los momentos de relativa calma, volviendo hay otras. los ojos a las cosas terrenas, a semejanza Y o comprendo la impaciencia que le podé. aquel cura del Pilar de la Horadada, see a usted. también vivido la cantado por Campoamór, recogía de nuevo del emigrado Y o América, he conozco lavida y acla calma como recoge el gladiador su es- titud de estar en uno como cudo nuestro doliente amigo. echaba su cu- temente a la barandilla deasomado constanbarco riosidad ¿r e t o z a r por las columnas, de los obstinada contemplación de un Patria en una la que se periódicos, e, incorporándose mentalmente aleja. Que se aleja material y geográficasobre los restos de la pasada angustia, tor- mente, pero que cada día se aproxima, se. naba a ser el de siempre, sentencioso con agranda y se depura m á s en el mundo del amargura; definidor preciso y claro. Recor- propio espíritu. Y o conozco ese angustioso daba, al cronista de antaño, al artífice del anhelo de estar esperando artículo editorial, o de l a r á p i d a y substan- y obsesionado noticia que nos anuncie, por ciosa crítica. Animado entonces, con la mano diariamente la ha hecho o ha creado alguna izquierda, única hábil desde que él rayo de fin, que España cosa extraordinaria. U día usted que la apoplejía inutilizara su derecha, dócil España había decididon traer supo República, Ta instrumento antes, de un cerebro fecundo, y su persona entera quedó temblorosa de una buscaba en el montón de revistas y diarios emoción. Y ¡Es aña, que a su alcance tenía el suelto intenciona- incomparablecomienza una a está! vida pden- por ultimó, nueva do que le llamara el día antes la atención nitiva! Y se puso usted a esperar las obras o el sabroso comentario político que provocara su sonrisa. E r a en todo momento el y las acciones que correspondieran a la grandeza del cambio. periodista de siempre, activo investigador de, la actualidad, juez imparcial del hombre España, una sección de, España, tenía desdel día y narrador verídico del suceso re- de hace m á s de un siglo un deseo que no ciente periodista y constantemente perio- la dejaba vivir. Quería poseer una revoludista- que teriía a lujo honroso el serlo y ción. Y en. esa ansia revolucionaria han paque a ello sacrificaba cualquier otro encansado los españoles lo, mejor del: tiempo, el to de su espíritu o- atractivo de su volun- tiempo mejor de la civilización, el tiempo tad. Y o no sé lo, que tiene el olor del papel que otros países han aprovechado para reaque con tinta a ú n fresca sale húmedo de la: lizar las mejores obras, -Los. españoles han rotativa para marear y embriagar al que le estado aplazando Su acción de cultura para da vida con su pluma. Parece saturar su después que consiguieran la realización de cerebro de ansia informadora, condenar su su anhelo. Durante muchos años la- mayomano a i r pegada a la cuartilla sedienta de ría de los españoles de calidad han. permaletras, a ser la mente zahori de noticias y necido semiinhibidos, dentro de España, y a a convertir la palabra escrita en piloto de la vez como si estuvieran ausentes. Con un la opinión durante todo momento de una- vago rencor contra la propia España. Hasta vida febril e inquieta. que han logrado lo que querían. A h o r a yo. me alegro de que hayan logrado lo que deseaban. Porque ahora, toda esa energía inE r a Francos sencillo en el trato, consecuente en él afecto, leal cual ninguno en la, telectual y ciudadana que, antes permanecía, al margen y. era estéril, convergirá sobre la. amistad. Tenía el corazón en la lengua, y nación, se pondrá a actuar con fuerza, y por eso había que perdonarle alguna vez lo que envuelto en dureza salía de sus labios, no hay duda que con semejante poderoso refuerzo ía vida de España tiene que hacerse, porque lp. amparaban la honradez de su conducta y la bondad de su. carácter. F l e x i- -fecunda, Esto. es, al menos, lo que nos toca ble su razonamiento, sabía doblarse cuando esperar a los que amamos a nuestra Patria. era necesario, pero por breve tiempo, pues Esto, para usted, carece de duda. Como presto se enderazaba rígido; también la todos. los emigrados en América, usted ama hoja de acero, cesada la presión que lo dobla, a su país b á s t a l a desesperación. Será usted busca rápida y vibrante, su dirección recti- todo io que quiera: republicano, monarqm- r línea. co, carlista, masón o católico; pero antes Pobre Pepe Francos! Marchó para no que nada, y de un modo totalista, es Usted volver. E n vano los qué entendemos algo de. patriota, porque vive erítre, gentes de, un aliviar y curar tratábamos de calafatear las exaltada nacionalismo que están observando rendijas de aquel cuerpo humano por las continuamente a España, discutiéndola, proque pretendía salir fugitiva su vida; en poniendo siempre. la misma humillante cuesv. ano desobstruir arcaduces por donde se t i ó n ¿S i r v e para algo. que vaíga la pena E s p a ñ a? Usted se figura que. los que han eliminan venenos, -activar un corazón que desfallecía, evitar sofocaciones que cansa- traído la República piensan y sienten lo ban y calmar dolores que hacían. insoporta- mismo que usted. Pero aquí es donde salta ble la vida. Pugnaba ésta por escaparse de la perplejidad. A ú n a riesgo de herir su ge. aquella envoltura rajada e incapaz de con- nerosa fe, me veo obligado a decirle que la mayor parte de los que, tienen a E s p a ñ a en tenerla m á s tiempo, impotentes los esfuer zos de la ciencia y d e l cariño, el espíritu sus manos se preocupan- muchísimo m á s de apagóse. L a enfermedad se cansó, al fin de la doctrina q u é de la Patria. Piensan en sm atormentarle, y la muerte, compasiva, se ideas en su secta, en su bando, muchísi. acercó a- él aprovechando- la inconsciencia mo más que en la grandeza de España. de: su letargo para qué rio la, viera llegar y, Grandeza? Esta es una palabra que hoy suena aquí con pésimo acento. S e r á probacaso- de, ser. vista por él, no la conociese. blemente cotilo a s baladronaY o no púecto tríenos que recordar con das patrióticas reacción oante lRivera, aquel de P r i m de luto en. el corazón el lazo fraternal que nos hombre que tuvo la- funesta habilidad de unió. gastar o estropear las m á s altas palabras; E L C Q N D E D E i Q I M E N O
 // Cambio Nodo4-Sevilla