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CRITICA J. López Y NOTICIAS D E LIBROS Notas de lector Fernán Núñez, el embajador del marqués de Villa- Urrutia, y París- Chafarínas de D Francisco Cossío) por Prudencio. Elevación de nuel Bueno. E l azar paso en nuestras manos, casi ai mismo tiempo, dos libros, cuya lectura, en los actuales momentos de la vida nacional, sugiere hondo interés. L o sugeriría siempre. Son páginas magastralmente escritas por des e g r e g i o s maestros en el arte difícil de ver y comentar la vida. P e r o este interés, inherente siempre a la calidad de la obra, se intensifica en este caso por el influjo del ambiente actual, que: ofrece una mayor accesibilidad y hondura a su emoción en el espíritu del lector. U n o de estos libros es del señor marqués de V i l l a- U r r u t i a Se titula Fernán Á ú ñ e z, el embajador. E l o t r o se debe a la pluma del S r D Francisco TRAUQUES I E V I I X A Cossío. S u título es URRUTIA París- Oka fariñas. E l primero, con motivo cíe biografiar ai personaje a que se consagra, pone ante l a vista del lector un cuadro viviente de la diplomacia, y aun de la política internacional europea, en el período que v a desde el cénit de! poderío napoleónico hasta los días dé su ocaso y los albores de l a restauración borbónica. N o ambiciona l a totalidad completa del conjunto. E l atitor se limita a elegir con destreza suma los puntos de más interesante perspectiva, y en ellos, en cada uno de ellos, se solaza con l a penetración honda y minuciosa de todos los pormenores históricos y éticos del momento, del episodio y aun de las escenas: L a elección de estos puntos de perspectiva está siempre sabiamente relacionada con su eficacia para destacar con viveza el momento europeo que estudia, a l gunas veces para valorar la intervención del biografiado, y en la mayoría de los casos para atalayar desde ellos l a vida poikica española a la luz y en el aspecto que ofrecía desde ei otro lado de la frontera. T H Barbusse, p o r M a- ofrecernos un buen número de concurrentes a estos escenarios, dibujados con v i v a firmeza y animada exactitud. También, como en el libro del señor marqués de V i l l a- U r r u tia, en estos admirables cuadros del señor Cossío se obtiene una visión ultrapirenaica, como hemos dicho, de un determinado momento español, aunque en este caso la v i sión tiene menos amplitud que en la obra de V i l l a- U r r u t i a Esta se limita al ambiente reducido de los emigrados. Aquélla trata y logra más extensión. E n ambos casos se siente vibrar con i n tensidad u n poco excesiva el tono emotivo jue en estas visiones de España, y en relieve y matiz de los cuadros, pone el ideario de los autores. Resta esto algo a l a objetividad apetecible en estas labores. E l Sr. Cossío h a hecho un generoso esfuerzo, inspirado por el patriotismo- -ya qué escribe en periódicos extranjeros- -por moderar el ardimiento de esta emotividad. Pero, por desgracia, no lia logrado siempre l a serenidad que se figura. Ñ o importa esto para el alto valor documental y literario que tienen estas- páginas suyas. N o somos partidarios de la absoluta inhibición emotiva del escritor en los diseños históricos; L a H i s t o ria no es exhumación seca del hecho muerto. Estaría incomp eta. Solamente el soplo de la interpretación personal puede vivificar el cadáver de lo pasado. M a s para que l a v i vificación sea auténtica, es indispensable que el soplo animador esté oreado en zonas distantes del caliginoso fragor de ia? contiendas aledañas. Cuando no es posible que la distancia sea horizonta! hay que buscarla vertical, subiendo hasta alcanzar a. Comprendemos la dificultad. (Solamente las alas de la serenidad l o gran vencerla. N o basta la visión penetrante que estos escritores tienen para ahondar en el alma F R A N C I S C O COSSIO E n esto último es en lo que coincide, por de los hechos y de muy distinto camino y en una esfera prolos actores. Contemplando l a figura y fundamente diversa, este libro con el otro el caso de Alba, por ejemplo eí señor a que nos hemos referido. También en una Cossío advierte que l a envidia es el g T a n v i buena parte del libro del S r Cossío se logra cio nacional. E s una atinada observación. darnos una visión ultrapirenaica de España Pero observando el suceso desde una distanen otro determinado momento. Se trata de cía vertical, medianamente considerable, se un bello y breve volumen, en el que el esadvierte toda la corrosiva eficacia que ese critor ha recogido varios de sus trabajos. V a vicio tiene, no sólo en el caso anotado, sino a la cabeza el hermoso artículo que con hasta en eí desmoronamiento de las más se- tanta justicia le valió el premio M a r i a n o de culares instituciones y aun en la génesis de Cavia, de A B C en 1929; y le sisrue la i n la mayoría de las revoluciones. E l señor geniosa alegoría satírica que le valió su p r i- marqués de V i l l a- U r r u t i a está a una mayor mer destierro en 1924. A continuación van distancia horizontal de los sucesos que colos bellos artículos escritos por el autor dumenta, y ello le da más amplitud de visión rante sus destierros. L o s más interesantes, y aun mayores proximidades a la apetecible aunque no superiores en belleza a los otros, serenidad, aunque no logre siempre alcanson los escritos en París. E n ellos nos ofrezarla en el comento. López Prudencio. ce las figuras de los españoles ilustres que en l a gran capital pasaban la vida, mas o menos voluntariamente, por los días en que E L E V A C I Ó N por H B a r b u s s e -E n cuanel escritor disfrutaba de su ostracismo. to el artista pretende probar algo se hace E l i g e figuras de alto relieve; Unamuno, Blasinferior a su arte y se convierte en u n co Ibáñez, el duque de M a d r i d Santiago apóstol, lo cual reduce su público a sus A l b a Diseña con mano maestra cada una partidarios. Y o dejé de leer a H e n r i B a r de estas figuras en el momento que viven y busse en cuanto lo v i alistarse en el colas destaca en el centro del escenario que munismo, doctrina po ítica que, anulanrlo las circunda. L o cual le da ocasión para lo menos innoble que hay en la creación, que es el individualismo, se propone dar a l a sociedad las proporciones arquitectónicas de un vasto convento sin Dios. L o del convento sería admisible si fuese el vestíbulo del cielo. E l penitente que se confín; entre muros es porque así se considera más libre para comunicarse con la divinidad. Pero la regla comunista, que quiere igualar a los hombres, como si el talento y la b r u t e d a d la pereza y la diligencia pudieran estar al mismo n i v e l me parece odiosa y degradante. E l hombre, para estimarse a sí mismo, necesita contraer la ilusión de que puede conquistar algo sin el concurs ajeno. Todos esos principios gregarios, fundados en una fraternidad que pierde todo calor sentimental en cuanto hay un duro o na vanidad por medio, están bien como ingredientes de cierta literatura de portería y de sotabanco; pero a nú me resultan ofensivos para la dignidad humana. Y o compadezco al anarquista, porque mido todo el fondo de su descontento; pero le respeto. E s un hombre que desafía a todo lo creado, porque lo encuentra deficiente. S u actitud tiene la arrogancia de la postura de P r o meteo ante los dioses. Pero, un hombre i n teligente que se afana por implantar el comunismo, que le privará de toda libertad interior, me parece un enigma, que no tengo tiempo n i gusto para descifrar. E s lo oue me ocurre con H e n r i Barbusse. E l título Elevación, de su reciente l i bro, me pareció anunciar un nuevo alarde de misticismo, y aunque yo barr, untaba la orientación del escritor, imaginé: que me iba a hacer visitar nuevos paisajes de su atormentado espíritu. H a y escritores que, sin renovar su ideario, saben dar a sus convicciones de siempre una originalidad externa que as haga tolerables a los demás. Pero Barbusse recae en la vieja sensiblería- sociológica que sirve de armadura o. de soporte al comunismo. E l repertorio de verdades generales de los bolcheviques es pobre, corto y estérí que son muchos más los que sufren que los que g o z a n que el dinero es una fuente de injusticias; que el hombre ha nacido para aniar a sus semejantes; que el orden económico presente, es monstruoso; que los más no deben ser esclavos de los menos, etcétera. E l í ustre escritor finge, hacer un viaje en avión por todo el mundo, y va descubriendo esos continentes morales que estaban ya archiexploradísimos por la literatura de todos los reformadores. Barbusse parece indignarse de que el accionista. de una mina no baje al fondo del pozo a luchar (personalmente con el venero, y que sea el operario quien suda y pena, mientras el otro cobra su dividendo. Pero ¿quién le h a dicho a! escritor que esa organización de las cosas sea injusta? ¿Y si e l a b u c o o el padre del accionista sudaron y- penaron, para que su descendiente holgara? Acaso no tenemos derecho a sacrificarnos por lo que amamos? P e r o aceptemos como viciosa esa organización de elementos de riqueza que se complementan inevitablemente j qué remedio le pondría Barbusse? ¿L a República comunista? ¿E l Soviet? Todos los que. h a n observado de cerca la obra de! comunismo en Rusia declaran jue aquel régimen ha entristecido la vida del proletariado, sin mejorarla materialment- L o increíble, lo que demuestra que la resignación humana no tiene fondo, es que dure. Y no es eso lo peor, sino que. pese al optimismo real o simulado de ciertos maj aderos. e si á i 1 ¡vadiendo ei mundw... Manuel Buena. a. BAKBUSSE