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X OSrr DF Inauguración (BELGK. i) (ilh F f X I r SOLhM F. el dique frente 1 del monumento al Rey Leopoldo II. erigido- en ai mar. Foto l. nlal. LO L a apertura de las Cortes Constituyentes plantea, o debe plantear, este problema: ¿Q u é es lo que quiere E s p? ñ a? Antes que nadie deben dirigirse esta pregunta los que por el sufragio popular, m á s o menos i m puro, se sientan en los escaños del Congreso y van a contribuir con su opinión y con sus votos a la redacción de la nueva ley política fundamental. E n E s p a ñ a siempre ha sido m á s difícil saber lo que se quiere que lo que no se quiere. Nuestro temperamento crítico, agresivo y g r u ñ ó n ha creado en todo y para todo esa actitud negativa y hostil: la del no estoy conforme con usted que nos hace consum i r tanto tiempo y tantas energías en discusiones cuya estéril vacuidad llega desde l a rebotica de la aldea ai salón de sesiones de la Cámara. Es natural que este disconformismo endémico se exacerbe en momentos de confusión y crisis, cuando un régimen secular se substituye, de modo fulminante, por otro en el que se advierten los signos de debilidad característicos de los peres nacidos por prematuro alumbramiento. o r i todo, extrayendo de la negación, la QUE QUIERE ESPAÑA afirmación, puede llegarse, por antítesis, a definir! o que quiere el país. Bueno será para ello seguir fielmente la norma, a un tiempo de patriotismo y de prudencia, que manda acentuar los acuerdos y eludir las disparidades. L o usual es lo contrario: resbalar por los temas acerca de los que pensamos lo mismo y detenernos, con malsana delectación, en cuanto asoma la disconformidad. Pero esto, que en el café o en el Casino es inofensivo, porque sólo se trata de pasar el rato, es duramente reprobable en las Cortes, donde, se ventila el porvenir de l a nación. E n régimen de mayorías- -y de la mayoría es hoy todo en el mundo, desde la designación del V i c a r i o de Cristo en 2 a tierra hasta la adscripción de un deportista a un equipo- -la actitud que corresponde a las minorías derrotadas, si quieren llevar noblemente su derrota y no comprometer en un forcejeo inútil el porvenir y el ideal, es la de apartarse discretamente de una lucha que han de reñir bajo l a estrella adversa y dej a r a los vencedores, con todo el honor de la victoria, todos los riesgos de la responsabilidad. O, como decía Gracián, saberse ladear Entre arriar la bandera sin. combate y tremolarla obstinadamente ante las fa- langes enemigas, cuando las falanges enemigas se obstinan en no dar beligerancia ni cuarte hay un término medio: plegarla y esperar. Hay, sin embargo, un deber inexcusable de asistencia al Poder, sea el que fuere, en todo lo que está por encima de la querella y la disputa; en esa zona superior en que pueden convivir los que, sabiendo que la con- vicción no es la obcecación, mantienen aquélla dignamente, pero no niegan el concurse de su reparo, su censura o su aplauso, formas diversas de cooperar al bien. común eficazmente y a distancia. A los que ejercen el mando tócales en cambio estar atentos a todas las voces y a todas las opiniones, singularmente a las que suenan y se alzan en el campo enemigo, procurando tomar del juicio ajeno la dosis necesaria para templar el propio, a fin de que los asuntos no se resuelvan nunca con fórmula rígida, unitaria y partidista, sino con un criterio verdaderamente nacional, Aunar y d i r i g i r he aquí dos funciones esenciales de gobierno. Porque lo son es lamentable que el Consejo de mim síros no haya acertado a fundir su heterogeneidad en un proyecto de Constitución, y que el eme se presenta a las Cortes vava a ella; 1