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e sin más autoridad que la que pueda prestarle el prestigio personal de la comisión que le ha formado. E n estas condiciones, no muy ventajosas, con un Gobierno provisional, cuyos m i nistros no se recatan para exhibir sus discrepancias, y un proyecto cuyo texto primitivo desaparece, como manteo de sopista, bajo los parches y remiendos de innumerables votos particulares, las Cortes se disponen a dar al país una nueva Constitución. ¿Será esto, Una Constitución, lo que. el país reclama y necesita... Desde que la invasión napoleónica introdujo en España el régimen constitucional, lia- habido entre nosotros los siguientes. intentos de Constitución: Estatuto de Bayona, de 1808, redactado poll a Asamblea de notables (los afrancesados) y jurada por José Bonaparte y por Fernando V I I Constitución de Cádiz (18.12) Estatuto Real de 1834, verdadera Carta otorgada, obra del poder Real, sin la menor intervención del pueblo; Constitución de 1837 (consecuencia de la sublevación de los sargentos en L a G r a n j a) Constitución moderada de 1845, obra partidista de, j arváez... E n 1856 O y Espartero, para contener al pueblo de Madrid, ametrallado por el duque de Frías, redactan otra Constitución, que no logra la sanción regia; separado de Espartero, O Donnell encarga a Ríos Rosas e l A c t a adicional a la Constitución del 45, que Narváez deja sin efecto pocos meses después. Triunfante la revolución, se promulga la Constitución de 1869, que mantiene la forma monárquica, y en 1873 discute la única Constitución republicana que España había tenido hasta ahora, y que en realidad no llegó a regir, porque el golpe de Pavía disolvió aquellas Cortes. Y en se 1876 sé dicta la Constitución restauradora, la de más larga vida y mejor fortuna, pues su vigencia ha durado pieriamente hasta el 13 de septiembre de 1923, y con claudicación y desmayo desde aquella fecha, tan funesta para la libertad como para la Mo- narquía. Diez proyectos, ensayos, bocetos y tanteos constitucionales en ciento veintitrés años, sin que España haya encontrado sú camino. ¿Estará en ese intento de ahora la salvación del país. E l 17 de junio de rgo 6, en estas mismas páginas de Á B C escribía Asorín: Se quiere disolver las actuales Cortes para realizar una obra liberal. Se ha hablado de libertad de cultos y de secularización de cementerios. Esto es recomenzar la historia de quimeras del siglo x i x E n la consecución del Jurado y del sufragio universal hemos gastado torrentes de energía; ahora nos disponemos a despilfarrar otros tantos por alcanzar otras entelequias. L o que nosotros queremos es que ios montes que rodean nuestra casa provincial estén poblados; que- nuestras tierras de secano puedan regarse; que nuestros vehículos puedan ir por caminos fáciles, cómodos y numerosos; que el pan que coman nuestros sirvientes sea blanco y blando; que él dinero que para la sementera hayamos de tomar nosotros o nuestro vecino sea de una caja benéfica, y no de manos usurarias; que las escuelas a que llévenlas nuestros hijos sean claras e migiénicas y el maestro. sea bondadoso e inteligente; que el juez de quien depende nuestra vida y nuestra honra sea probo. y recto; que los tributos se- recauden limpiamente y los alcabaleros estén bien retribuidos y alejados de tentaciones. Todo esto constituiría una obra verdaderamente progresiva. Y esta obra progresiva podría ser realizada co ncualesquiera Cortes, blancas, rojas, negras o moradas. U n cuarto dé siglo después, el español de hoy, eí hombre del trabajo y de la C Í tribución- -el del campo, el del taller, el del laboratorio, el de la oficina, el de la tienda- asiente a las palabras de Asorín. Y amplia su deseo. Porque con la carretera y con. el riego, con la escuela y con el pan quiere el desapasionamiento y la justicia. Que l a musa inspiradora de toda la política sea el amor, no el odio; que las reformas que se emprendan lleven por designio el bien de todos y no la animadversión hacia unos cuantos; que dándose amplia, amplísima, completa libertad a la opinión, y al juicio, esa libertad 110 se profane, utilizándola para difamar y para incitar al crimen en hojas envenenadoras; que. la autoridad acuda vigilante a prevenir y a evitar las rebeldías, y que cuando el motín estalla, la acción policíaca no sufra intermitencias y la vida de los compatriotas tenga, por lo menos, la misma defensa y garantía que el hilo de cobre extranjero. E l español de hoy quiere, sobre todo, el orden y la paz. E s a paz que nos hace coincidir a todos, rojos y blancos, creyentes y descreídos, entusiastas, resignados y descontentos; los de hoy, los de ayer y los de anteayer, en un deseo del que sólo quedan excluidos, para desgracia suya, algunos infelices fanáticos, a jos que no alcanza la promesa hecha por el ángel, porque el ángel, al anunciar la nueva venturosa, la limitó y condicionó- a los. hombres de buena voluntad FEDERICO SANTANDER 1 MADRID. EN EL MINISTERIO DE ECONOMÍA Reunión de la Junta encargada de estudiar la transformación de los servicios culturales agrícolas de España, presidida por el director general de Agricultura, Sr. Pérez Torreblanca. (Foto Duque. M U i M l i B i l l l l i i 11.11 i r r m r r- ir- rni nT T