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NUMERO EXTRAOR DINARIO 20 CENTS. AÑO V T G E S 1 MO m m SÉPTIMO, NUMERO EXTRAORDINA RIO 20 CENTS. AÑO YIGES 1 MOSEPTJMO PASEOS POR GUIPÚZCOA Un día en Guetaria. El navegante Elcano y la iglesia de su bautismo. historia un r e c u e r d o interesante. Y este recuerdo se evoca aquí, en esta iglesia del Salvador, ú n i c a en G u i púzcoa, donde acaeció el suceso. L a s juntas generales de l a p r o vincia, andando el s i glo x i v y con el alto fin de intervenir en el gobierno de l a H e r mandad v r e t o r i n a r sus O r d e n a n z a s reu n i é r o n s e solemnemente bajo las b ó v e das de este t e m p l o que es hoy por su arte monumento n a c i o n a l Pero l a iglesia del L E RECORDAREIS A L A ENTRADA D E LA, V I L L A CON E L MONUMENTO D E VICTORIO MACHO S ofreció en la crónica anterior y se cumple en ésta. E l paseo de hoy tiene por único objetivo Guetaria. U ñ a s e conmigo el lector y marchemos. E n Guipúzcoa, d e s d é cualquier, sitio, en la e n t r a ñ a del monte o en l a linde del mar, desde donde sea, el paseo a Guetaria. es igualmente fácil y encantador. N o hay, aunque se busque, región en E s p a ñ a como ésta, que se recorra tan fácilmente y con tan agradable comodidad. S i viene del monte el viajero, para llegar a Guetaria gozara del espectáculo de los hondos valles, de los caseríos, que preconizan la apacibilidad de la vida del campo, sentida, m á s que en ningún otro sitio, en ellos, donde la naturaleza, excluyendo lo má posible al hombre, se da por entero con todas sus dulzuras y consolaciones maternales. C o n t e m p l a r á escalándolas, la visión inefable de las. ingentes alturas, para sentir luego el placer, al descender de ellas, de saber que es realidad lo: que desde allí parecíale ensueño. Y en. l a hondonada, maizales rumorosos, arroyos cantarines que brincan monte abajo en dulce sinfonía, remansos idílicos, p r a d e r í a s y manzanales, quietud y reposo esmaltados en verde en todos los matices que queráis. S i como es probable, e l paseo hasta Guetaria se hace por la orilla del mar, el gozo, aunque distinto, se asegura igualmente. ¿P e r o vamos a descubrir ahora. las maravillas del C a n t á b r i c o Estamos en Guetaria. L a carretera de ia cornisa famosa nos ha proporcionado desde Deva, por Zumaya, un paseo delicioso y un r e m o j ó n fuera de programa. L a mar alborotada, en combin a c i ó n con la tormenta, que abrió paso ayer a un diluvio, se ha picado, y c o n l a mayor puntualidad imaginable, al paso del mito, nos lia obsequiado con una gran ola, que, brincando por el pretil de la carretera, en la misma orilla, nos ha propinado un m a g n í fico b a ñ o sin estar preparados para ello. Pienso que en invierno, con las galernas y vendavales de entonces, el suceso, que ahora ha sido extraordinario, será corriente, yendo tan a c o m p á s y tan abrazados la carretera y el mar. B i e n puesto está eso de r a t ó n de Guetaria a la peña que avanza al mar y defiende a la villa. E s en efecto, un ratoncillo, con su cola y todo, enarcado el lomo y royendo con fruición algo que sale del mar. Estamos en Guetaria. Guetaria trae al. viajero en punto a E S T A SIMPÁTICA C U LECIT