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DIARIO -i. ILUSTRA: DIARIO I L U S T R A DO. A Ñ O VI G E S 1 MOS E P T 3 M O N. 8.911 D E 1905 P O R D T O R C U A T O LUCA D E TENA DO. A Ñ O V 1 GE- SlMOSEPfiMO Ñ 8.911 g I T FUNDADO E L i D E JUNIO jg A L E M A N I A E N CRISIS El fondo y Ja superficie Se puede recorrer Alemania de un lado a otro y detenerse a v i v i r en cualquier ciudad la existencia superficial del turista sin haber entrevisto el rostro de la miseria. E n un cálculo aproximado, las cuatro quintas partes de la población de Berlín luchan con gravísimas dificultades económicas, pero se diría qué es a la otra quinta parte a la que encontráis siempre en las escaleras movibles de los graneles almacenes, en los dancings escasamente animados, en las calles, qué el gentío alegra con colorines (en- E s paña, la muchedumbre es negra de hombres; aquí es multicolor, porque es femenina; en ninguna ciudad es tan predominante la presencia de la mujer como en las calles berlinesas) S i bajo la fronda inacabable del Tiergarten pasea un ciudadano caviloso, podéis creer por su aspecto que es tan sólo un hombre dedicado a abrirse el apetito. N i aun en los bancos del inmenso parque hallaréis esa revelación, que sería tan espontánea en cualquier país meridional: el hombre sucio, roto, mal afeitado, greñudo, esquelético, que dormita o que bosteza, con su hambre a la vista, una mirada lenta y una espera de no se sabe qué. Esto es muy francés, muy italiano y muy español. U n madrileño asociará siempre la idea de la de- rrota total, de la miseria absoluta, con un banco del Retiro. E n e l 1 íergarten los hombres de los bancos pueden ser filósofos, poetas, enamorados, bebedores de cerveza, que han llevado a reposar a su h í gado. Pero nadie pensará al verlos: -H e ahí una victima de la crisis económica de Alemania. N i en los desfiles de sin trabajo se encontrará el patetismo meridional del andrajoso. Las masas obreras de Alemania- -especialmente las de Berlín- -tienen un nivel de vida más elevado que el de las nuestras, m á s necesidades, otro concepto de lo que es la comodidad. Puede sufrir la pobreza, pero no se resigna a la sucieífad. Puede tener el estómago vacío, pero conserva su cepillo y. su máquina de afeitar. Las revelaciones de la crisis son m á s recónditas y hace falta que un índice experto os la señale. E s t á n en casi nada: en el secreto de un hogar, en cuyos balcones rebosan las flores blancas, rosadas o azules de las campánulas, en el rectángulo de papel blanco pegado a los cristales de un palacio, en el ruidillo de un pistoletazo, que nadie oye en el estrépito de. la ciudad: nadie m á s que una esposa espantada, una madre enloquecida, unos hijos atónitos. D e t r á s de las campánulas, en el fondo de la casita pulcra, está el sin trabajo Recibe un socorro de doce marcos por semana. E n el Imperio hay cinco millones de hombres en su misma situación. Y cada día crece esté húmero porque Ta, rotación del conflicto- -serpiente que se muerde, la cola- -los engendra. P a r a pagar el socorro a los parados, el Gobierno aumentadlos tributos y llega a rebajar en gradación creciente los sueldos de sus empleados. Los que ven disminuida su mesada, los que sufren el castigo de la tributación, m á s exigente de día en día, limitan sus compras, reducen sus gastos; entonces trabajan, menos las fábricas, porque las ventas disminuyen; sobreviene un nuevo despido dejobreros, y el Estado, para atenderles, ha de recargar las exigencias mismas que produjeron este mal. Y en semejante círculo vicioso- -más bien una espiral de curvas cada vez m á s apretadas, especie de maelstron vertiginoso e i n eludible- se mueve el conflicto alemán. D e t r á s del rectágulo de papel pegado a las ventanas hay un palacio- yació. Son muchos los que pueden verse asilen Berlín. Sus propietarios no pueden sostenerlos. Quisieran venderlos o alquilarlos, pero nadie tiene tampoco dinero para cqmprarlos ni para sostener el lujo de v i v i r en ellos, porque en Alemania no hay dinero, y grandes familias, acostumbradas desde- tiempo casi i n memorial- a una- vida e s p l é n d i d a padecen los resultados de l a crisis tan agudamente- -y quizá más- -que los que- han- aventurado su dinero- en negocios U n a m i g o y compatriota me contaba ayer que había recibido la visita de un señor de la vieja nobleza, alemana, poseedor de una excelente casa, que no conseguía alquilar ni vender. E l buen.
 // Cambio Nodo4-Sevilla