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Á E C, yrE, RNES j 4 -D ÉlÁG 0 ST 0 Í E T Í E D I C I Ó N D E A N D A L U C Í A P A G iS 93 describe cómo ha V rgen. L A S A P A R I C I O N E S D E- -d i c e- -u n a señora visto la de inegro, E s C R Ó N I C A D E PARÍS vestida con un pechero blanco y las manos juntas. L e EZQUIOGA preguntamos si lleva, como dicen, ángeles, Una comida original I r a Ezquioga es este año deber ineludi- corona de estrellas, resplandor, y contesta: N o sé; tiene una cara tan hermosa, que no ble para todo veraneante, como lo era i r a he mirado más... P o r todo el bosque una- L a anfitriona es una duquesa española Limpias en 1910. Hace próximamente un muy estimada en el müicii intelectual; vive corriente de emoción. H a y temblores, desmes, un niño y una niña, hijos de unos casola en un piso bajo del barrio del T r o mayos; muchos corazones laten acelerados. seros, dijeron haber visto una misteriosa cadero, alhajado con la simplicidad- que M i s ojos horadan insistentes el bosque, obsaparición. A l encaminarse, a prima noche, exigen los severos cánones decorativos del curo y mudo. Nada veo. L o s robles, a los hacia un caserío cercano, de un bosque saestilo modernista; blancos muros, totalmenque apenas llega desde ¡a carretera el cholióles al encuentro una dama enlutada, de te desnudos, que la luz eléctrica, oculta en rro luminoso de los faros, esbozan figuras suprema belleza, coronada dé estrellas, acomindecisas. Parpadean las linternas que han potentes reflectores, hace más blancos topañada de ángeles, nimbada de resplandor. davía, como esos aparatos Jaccopozi con traído los peregrinos previsores. U n cántico E n días sucesivos se repitió la aparición, y que el célebre ingeniero ha logrado ocultar de despedida. L a multitud desfila. Minutos desde entonces al paraje que los niños seel polvo negro de todos los monumentos da después el campo queda solitario, en sombras ñalaron como fondo del supuesto prodigio París: amplios divanes, muelles como leafluye todas las tardes una multitud, que i n- y silencio. chos, tapizados de una jerga verdosa; gran vade el monte esperando el milagro. H e aquí el relato de un hombre creyente, mesa de caoba barnizada: sobre la chimepero nada impresionable. E s? ¿N o es? L o Acompañado de unos amigos excelentes nea, libros, muchos libros, ediciones muy más probable es que no sea. Mas, ¿por qué voy a Ezquioga. E s sábado, día mariano. modernas de Jean Cocteau, de Eugenio no ha de poder ser? Negar por obstinación y fiesta de Santiago. E n Deva, la casa del d Ors, de un poeta español que escribe poees tan absurdo como afirmar con ligereza. Concejo ha izado la bandera republicana; en mas sobre el A m o r editados por él misNiegue y ría el incrédulo. E s su derecho y la iglesia marinera, con su bergantín votivo mo; en un ángulo de l a estancia, un enorsu rescate. E l lastrado de escepticismo caeque enfila a América su proa, se han loado me cacharro de cristal, conteniendo rosas, ría demasiado bajo si no le fuera permitido en vascuence las glorias del Apóstol, Patrón muchas rosas de variados matices, cuyo poner en el otro p atillo, para contrapesar, de España, y hay ofrenda de luces y de perfume inunda el ambiente... un saquito de burlas. E l creyente naede no flores ante la españolísima V i r g e n del Pilar. afirmar, y hará bien en no afirmar hasta L a tarde, preñada de tormenta, arropa en Eso es todo; pero l a anfitriona no nos que la Iglesia diga su palabra. Pero con nubarrones negros las montañas que forrecibe en este salón; hay que atravesar u n creer en Dios le basta para que en esa mí- pequeño vestíbulo, despojarse del abrigo en man la hoz del Urola. E n Zumárraga se adnima creencia esté ya contenida íntegramenvierte ya la afluencia de peregrinos y curioestrecho pasillo y seguir... hasta la cocina. te toda la posibilidad. N i pueden reír tamsos. H a y doble fila de automóviles y se enE l blanco de sus muros, como en el resto poco esos espíritus contradictorios, fuertes hebra entre ellos una muchedumbre aldeana, de la casa, desaparece en parte tras deslumpara resistir a la creencia, dóciles para ceque se dirige a pie hacia el lugar de las apabrante brillo de cacerolas, sartenes y otros der a la superstición, a los que no se puede riciones. utensilios propios del arte culinario, de llamar volterianos sin grave ofensa del claro E l paraje entre Zumárraga y Ormáiztecuya nomenclatura no estoy al corriente. talento de V o l t a i r e que tiemblan si se degui es un trozo vulgar de tierra guipuzcoaComo he llegado de los últimos, encuentro rrama un salero, no se sientan a una. mesa na. Nada teatral ni efectista en este fondo varias damas y caballeros con albos manen que hay trece personas, interrogan a un blando y suave, de acuarela pasada de moda diles y servilleta en mano, frente al hovelador y eslabonan sus nombres en esa y sin valor en el mercado. U n bosque de cadena de la felicidad que empezó un magar, en que arde el fuego en luengas l l a robles un prado; al otro lado del prado, rino americano. maradas para que todo sea blanco, lo p r i un manzanal. A la izquierda de la carretemero que abarca l a mirada es una. enorme P a r a el creyente verdadero, ¿qué necesira, monte arriba, el caserío donde viven los fuente de arroz, blanco cual la nieve, sobre dad hay del milagro? Milagro es todo. M i niños que en este incipiente Lourdes espala que destaca la nota rosada de los huelagro es esta noche, formada por el rodar ñol llenan el papel de Bernardita Soubirón. vos y el oro pálido de los plátanos. U n de un astro y el girar de un planeta en misEstá cerrado y silencioso el caserío; hay terioso concierto sideral; y milagro es la plato exquisito. luces dentro; en sus palos inician su reposo las gallinas. Entramos en el bosque. D e cigarra que con su canto va apostillando el U n ligero chisporroteo atrae a otro lado rezo. M i l a g r o este fluido extraño, este jugo aquí, de este robledo, sale la aparición, que, a atención de! cronista; es la sartén, donvital que hace a m i mano trazar unos sigsegún la relación de los videntes, atravesande flotan doradas, cual globos de talco, unas nos con los que expreso ideas y sentimiendo el prado, se dirige al pomar. H a y en la clásicas albondiguillas, que por sí solas destos, que han de comunicarse a otros seres carretera más de doscientos automóviles, y piertan el apetito; en fin, en una gran tan inexplicables y tan milagrosos como cinco mil personas se distribuyen por el monbandeja, una enorme tarta de fresas comyo... M i l a g r o este tambor, este sombrero de te. N o es el día de mayor concurrencia. E l pleta l a nota de color dominante en toda cipayo que tengo a m i lado, y en el. que resábado 18 de julio han llegado hasta aquí tres m i l coches y se han congregado más de cojo, como se recogen en millares de casas la casa: blanco y rosa. Dada l a última- -e n la ciudad, en el monte, sobre continenveinticinco m i l almas. Atardece. V a n espemano por estos Vatel de nuevo cuño, totes y sobre mares- -las óperas de Milán y sándose las sombras. E l bosque adquiere el dos se trasladan al salón antes descrito; misterioso poder de intimidación que de no- las campanadas de Londres. Y si al homla duquesa ha tenido en cuenta la mábre, que es la criatura, le ha sido posible che le hace pavoroso. L a s ocho y media. Coxima de B r i l l a t- S a v a r i n Somos más que llegar hasta el milagro, ¿cómo no podrán mienza a rezarse el rosario. Todos se poslas Gracias y menos que las Musas. E l llegar hasta él el Soplo creador, la Mano tran de rodillas y es durante un cuarto de ágape comienza; preside una Alteza Rea! providente? hora un murmullo solemne. L o s que llevan que trajo, como dijo un poeta contempoel rezo lo hacen en vascuence, y en vascuenM e dicen que desde el día en que yo esráneo, a la Casa de Francia la- lus de unos ce contestan casi todos. De pronto, hacia la tuve allí la peregrinación a Ezquioga ha ojos españoles; hay otras dos damas bellas letanía, cuando l a lengua estrecha y comardegenerado bastante, perdiendo su ingenuiy elegantes; hay un diplomático español cal se cambia por el latín, amplio y católidad y su pureza, contaminándose de chabay el hijo de un aristocrático cosechero, que co, esto es, universal, un lamento, unos g r i canería, convirtiéndose en una romería tos. E s una voz que podría decirse deslumlia puesto, el oro ele los vinos españoles vulgar. Cuando yo subí a Ezquioga no había brada, con un acento extraño, entre llamada junto al rojo Burdeos; hay también u n eso, como tampoco nada que acusara lucro ni y queja, hecha, por mitades, de deseo y teindustrialismo. Unos vendedores de carameartista español, que rinde culto al moderrror. L a que habla con voz de éxtasis es una los y un carrito de helados era todo el conismo en pintura y tiene aquí brillantes muchacha lugareña, una criada de aldea. E n mercio. M u y lejos, como se ve, de los bazaéxitos... I su idioma natal y familiar se dirige a la res de Lourdes. Sería lástima que sucediera Virgen, a la que cree ver. Estrujada por la así. Porque el verdadero milagro de E z L a comida es para chuparse. los dedos de gente, que se apiña a su alrededor, permagusto; la conversación diría- -si no fuese quioga está, no en la dudosa aparición, sino nece indiferente a todo, como si estuviera en que esos millares de personas, hoy como la frase muy manida- -un torneo de i n en soledad. Y lo está. Tendidos los brazos, ayer, como siempre, en pleno siglo x x como genio. desencajado el rostro, con la mirada en alto, en- la Edad Media, al eco del romance de la Y preguntarán los lectores: ¿Por qué habla, habla durante diez minutos. Pregunta Virgencita y el pastor, quemándose en la ese capricho de hacerse ellos mismos e l a la V i r g e n qué. desea de ella; l a- suplica misma llama de deseo, vayan de noche a un condumio? Acaso no haya sido un mero que se haga ver de todos. Y en. su monólogo bosque para ver si ven unos minutos una capricho; no una imitación de María A n se repite l a palabra, llena de amor: ¡M a sombra. tonieta en el peiit- Trianon; tal vez una dre! ¡M a d r e ¡Ama! ¡Ama... A fin de que esto se encauce, hacia el si visión de tiempos futuros... o hacia el no, incorporándose a la historia Más gritos; más sollozos: otra vidente. Mas, si fué así, justo es confesar que Esta dice dialogar con la celestial aparición. de lo probado o perdiéndose en el limbo de los comensales no parecieron influenciaL a V i r g e n la promete volver todas las no- tantas leyendas fallidas, convendría que l a dos por tristes presentimientos. E l ágape Iglesia, discretamente apartada del asunto ches, hasta que vaya a Ezquioga la persona fué nlegre y animado, hasta ahora, dejase ya sentir la intervención con la que obrará el mayor milagro. Abajo, de su suprema autoridad. cerca de la carretera, una voz infantil pide MONTE- CRISTO, la vista para u n ciego que está junto a él. FEDERICO S A N T A N D E R Hablo coa este niño. Con gran ingenuidad a n agosto, 1931, De? a, agosto, 19312 1 s
 // Cambio Nodo4-Sevilla