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DIARIO DO. ILUSTRA- A Ñ O VI G E- SIMO S É P T I M O N 8.914 M Jtf F U N D A D O E L i D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A IB DIARIO DO. ILUSTRAVIGÉ AÑO SIMOS E P T I M O N. 8.914 ff LA TAZA DE C A F E D E FR 1 TZ Los imponderables de ía crisis Debo una explicación a mis amigos. Estoyseguro de que los que me conocen bien no h a b r á n salido a ú n del asombro que ha de producirles leer artículos míos acerca de la crisis económica de Alemania. E s notorio que yo no entiendo absolutamente nada de estos asuntos. Antes de marchar de Españ a sabía que me sería imposible comprender las causas de la ruina del antiguo Imperio, puesto que nunca llegué a enterarme le las razones por las que yo no tengo un céntimo, ni de las que han hecho que muchos señores sean millonarios. Dicho este, no faltará quien se pregunte por qué he venido, y esto me facilitará ocasión de aclarar que mi viaje responde a las necesidades del. periodismo moderno. U n gran diario i n glés envió a M a d r i d a la famosa jugadora de tennis L i l i Alvarez para escribir informaciones políticas. Ansioso de no sei superado por nadie cu recursos de información, por extravagantes que sean, el- Consejo de A B C decidió en seguida: -j- -Que vaya Wenceslao a- Alemania a estudiar la crisis. Hubo un compañero que aspiró también a este honor, pero sabia sumar y fué eliminado. Estas son, sin embargo, interioridades de la Casa, que a nadie interesan. A ñ a d i r é que en otra ocasión no haría p ú blicas estas confidencias, pero ahora tengo la certeza de que no pueden perjudicarme, porque mi situación no es mucho peor que la de los demás españoles. Acabo de enterarme de que se proyecta llamar a especialistas, extranjeros para resolver nuestras d i ficultades económicas. Esto demuestra que en el país no hay quien entienda tales embrollos. P o r lo tanto, es ridículo que yo conserve aún el pudor de declarar que nunca, nunca, nunca, he sabido lo que es eso de las dobles y que tampoco he conseguido explicarme por qué cada vez que baja la peseta los políticos aseguran que nuestra economía es la m á s sólida de Europa. S i he de decir toda la verdad, tampoco creo que haya fuera de España, en ninguna nación del mundo, alguien que sepa nada práctico de estas cuestiones. Para aumentar el dinero, como para aumentar la salud, no hay sino vagas fórmulas. Ambos afanes brotan del robusto tronco del instinto de conservación y se debaten inútilmente contra fuerzas superiores desconocidas. L a M e d i cina no es, hasta ahora, m á s que una aspiración humana, y la economía, también. U n 2l áá? 9 Y US taonomista PÜSÍSB áÍ SÍÍ 511 s gañiente acerca de la etiología de un mal, pero curarlo es mucho m á s difícil. S i un pueblo se empobrece, surgen muchos hombres que pronuncian discursos, escriben; artículos y dan consejos. Mientras tanto, el pueblo continúa empobrecido o se rehace- por circunstancias imprevistas, siguiendo caminos que nadie le trazó. M e inclino a creer que existen leyes que provocan estos fenó- menos, tan misteriosas como las que- -seg ú n algunos afirman -dan periodicidad a las epidemias de g r i p e a l g o incoercible c i n escrutable, cuya realidad intuímos al hablar de la suerte Naturalmente, que etl el caso de Aleman i a es fácil hallar la- explicación de las grandes causas: l a merma de Su territorio nacional, la pérdida de las colonias y el pago de las reparaciones, que la obliga a expatriar m á s de dos m i l millones de marcos oro cada a ñ o durante tal período de tiempo que los nietos de los. quc guerrearon en 1914 tend r á n que seguir consagrando una parte de su trabajo a satisfacer esta deuda, absurdo que evitará la evolución social ya iniciada. Pero en esta misma cuestión, tan a grandes trazos planteada, se. injieren de pronto diminutos detalles. de incalculable repercusión. P o r ejemplo, puede decirse que H o o wer ha intervenido en la crisis alemana porque e l obscuro ciudadano F r i t z ha dejado de tomar una taza de café. Llenar con